2021, the best is yet to come

2021, the best is yet to come

Este 2020 que ya empieza a tocar a su fin -y menos mal que ya lo hace- ha sido para todos los que formamos ASU un año más que diferente. Arrancamos con más ilusión que nunca, con varios proyectos en nuevos países sobre la mesa, con ganas de seguir cambiando el mundo, hasta que como el planeta entero nos vimos sorprendidos por esta terrible pandemia.

Durante todos estos meses, hemos seguido trabajando desde Madrid para redoblar esfuerzos en el desarrollo de nuestros proyectos de cooperación sobre el terreno en Burundi y Nicaragua y para incrementar también la ayuda prestada en nuestra propia ciudad a causa del Covid19.

Una labor importante durante este tiempo ha seguido siendo la difusión, la sensibilización y la presentación de nuestros proyectos a concursos, tratando de obtener la financiación necesaria para poder desarrollar nuestros proyectos sanitarios, y para preparar a la población local frente al impacto del coronavirus. Hoy estamos felices de contar que hemos sido ganadores de 3 importantes concursos en estos últimos meses.

  • CBRE gracias a la convocatoria de ayudas “Nuestro proyecto solidario: tú eliges” y que permitía a todos los empleados de la firma la oportunidad de dar a conocer los proyectos sociales en los que están involucrados, nos va a permitir comprar parte del material necesario para poner el paritorio del CMI en marcha cuanto antes.
  • También hemos sido vencedores en la X Edición de la iniciativa de la Fundación KPMG “Apoyamos proyectos que transforman la sociedad” y que este año tenía un especial enfoque de ayuda a paliar el impacto de la pandemia del Covid-19 a través del apoyo a entidades locales. Gracias al voto de todos los empleados, podremos comprar el equipamiento necesario para hacer del CMI un lugar seguro en el que recibir atención.
  • La Fundación Quirónsalud nos ha otorgado una de las ayudas de su “Convocatoria 2020 de ayudas a la Cooperación Internacional en materia de Salud” y que nos permitirá terminar de comprar el material médico necesario para brindar una atención de calidad, accesible para todos y sostenible en el tiempo, enfocada a la etapa del embarazo y posterior al parto.

Estamos felices de poder contar con el apoyo de estas tres grandes entidades, que nos acercan un poco a lo que llevamos meses soñando, y que tenemos previsto para este próximo mes de enero, terminar de equipar y poner definitivamente en marcha el centro materno-infantil que nos permitirá llevar atención sanitaria a madres y niños en el corazón de África.

¡Muchas gracias a todos los que nos habéis ayudado! Nos sentimos tremendamente orgullosos del apoyo recibido, de los voluntarios que han liderado estas iniciativas y del trabajamos que juntos seguimos haciendo por mejorar la vida de los más necesitados.

Esto es solo el principio, tras este final de año lleno de éxitos, estamos convencidos de que the best is yet to come. ¡Seguimos!

Habitación del Centro Materno Infantil construido por KOMERA en Ndava

 

III Campaña Reyes Magos – Bluecap & Allen Overy

III Campaña Reyes Magos – Bluecap & Allen Overy

Un año más, las Misioneras de la Caridad de Madrid nos han confiado la ilusión de los niños en esta época navideña. Como es costumbre ya, desde hace 4 navidades, los voluntarios y amigos de ASU serán los encargados de ayudar a los Pajes de Oriente y reunir los regalos de navidad que recibirán hasta 150 niños y niñas de todas las edades.

La situación actual de nuestro país es muy complicada debido a las consecuencias económicas, sanitarias y laborales que ha traído la pandemia por el Covid-19 y ha golpeado especialmente a muchas de las familias con las que trabajan día a día las Misioneras en su hogar de Vallecas. Por ello, a diferencia de otras navidades anteriores, hemos introducido tres novedades para que el impacto que ASU genere mediante esta campaña sea mayor y acorde a la situación actual:

  1. El número de niños que recibirán regalos de navidad gracias a las Misioneras de la Caridad y la ayuda de ASU será el triple que otros años. Si, de media, durante estos últimos años se aportaron unos 50 regalos a los niños que acudían semanalmente a la catequesis impartida por las Hermanas en su casa de Vallecas, este año se entregarán regalos también a los niños de aquellas familias que acuden habitualmente al comedor social de las Hermanas o que están en una situación de vulnerabilidad social extremadamente fuerte.
  2. Durante estos meses, las Misioneras han recibido de muchas familias numerosas peticiones durante los diferentes confinamientos, desde la demanda de comida y alimentos de primera necesidad, en la que ASU pudo poner su granito de arena, hasta peticiones de ropa para cubrir las necesidades más básicas de una persona. Por ello, esta Navidad no solamente los niños recibirán un regalo en día 6 de enero, sino que además encontrarán junto al árbol de Navidad un par de zapatos nuevos.
  3. Para cubrir esta demanda y este reto, hemos podido contar con el apoyo de dos empresas, Allen & Overy y Bluecap, las cuales involucrarán a sus empleados para que se encarguen de gestionar los regalos de unos 60 niños.

Esta iniciativa, que año tras año se convierte en una de las más especiales que ASU lleva a cabo en Madrid, ya que la alegría, nervios e ilusión que los niños ponen en la época navideña es algo que debe estar cubierto y que ningún niño puede dejar de sentir en esta época del año, por muy mal que estén las cosas alrededor. Tienen que sentir que la navidad es una época alegre, llena de emoción e ilusión. Para conseguirlo, nos encargamos de que el proyecto y cada regalo y Paje de ASU trate cada niño de la manera que se merecen: de manera individualizada y personal, para no perder de vista que lo importante es cada niño.

¡Muchas gracias a todos los que habéis participado y/o apoyado esta iniciativa tan bonita y navideña! Para los que aún no hayáis participado y queráis hacerlo, podéis escribir a alguno de los voluntarios de ASU o poneros en contacto directamente con nosotros.

 

Germán Arconada, nuestro padre “Padre Arconada” – In memoriam

Germán Arconada, nuestro padre “Padre Arconada” – In memoriam

Germán Arconada del Valle, o para nosotros simplemente “Padre Arconada”, es sin duda una de las personas más excepcionales que los voluntarios de ASU hemos podido conocer durante nuestros años de trabajo en el corazón de África. Tras haber pasado los últimos 60 años de su vida como misionero en Burundi, el Padre Arconada fallecía hace unas semanas, siendo un ejemplo de sacrificio y entrega hasta el final de sus días. Sirva este breve relato como homenaje a una persona que marcó la vida de muchos de los voluntarios de ASU y que, desde nuestros primeros años en Burundi, nos inspiró para continuar con nuestra labor.

En mi caso, conocí al Padre Arconada por primera vez hace ya más de diez años. Por aquel entonces, yo era un universitario un poco perdido y, como muchos jóvenes, tenía como modelo a seguir a personas exitosas como deportistas o grandes empresarios. Pero aquel encuentro fortuito con el Padre Arconada supuso todo un descubrimiento para muchos de los voluntarios de ASU, pues nos permitió entender que todos y cada uno de nosotros, independientemente de nuestro contexto, podíamos tener un enorme impacto en el mundo que nos rodea si de verdad nos lo proponíamos. Con los años, he tenido la inmensa suerte de coincidir muchas veces más con el Padre Arconada en Burundi, y raro es el día en el que no haya aprendido algo de él y de su forma de entender la vida. Y aunque no es tarea fácil resumir una vida tan intensa en unas pocas líneas, espero que este testimonio sea al menos una pincelada que sirva para acercarnos a una persona realmente inigualable.

El Padre Arconada llegó a Burundi a principios de los años 60 como Misionero de África, más conocidos como los Padres Blancos. Durante más de cincuenta años, trabajó sin descanso por este país, uno de los más pobres del mundo. Allí vivió grandes momentos pero también el sufrimiento provocado por las tres guerras étnicas (1972, 1988 y 1993), llegando incluso a temer por su vida y debiendo abandonar temporalmente el país en más de una ocasión al sentirse amenazado. Pero el Padre Arconada siempre volvía a Burundi. Y siempre tenía proyectos nuevos en mente. En su parroquia de Tenga, que los voluntarios de ASU conocemos bien, construyó iglesias, casas, dispensarios, escuelas, caminos y hasta puentes. Alfabetizó a pequeños y mayores. Ayudó a hutus y tutsis, sin dejar tampoco de lado a los pigmeos batwa. Consiguió incluso el apoyo del Real Madrid para el equipo de fútbol de la escuela. Y en los últimos años, se aventuró incluso con proyectos de mejora del rendimiento agrícola, que tuvieron un gran éxito. Para él, no había nada imposible.

Pero sobre todo, el Padre Arconada ayudaba a la gente, y especialmente a los más desfavorecidos. Ellos eran sus favoritos, los que daban sentido a su misión. Y siempre estaba rodeado de ellos. Con frecuencia, nos lo recordaba: “si nos olvidamos de los pobres, nos olvidamos del Evangelio”. Y este descubrimiento fue el que cambió su forma de hacer las cosas. Él mismo reconocía que su primera etapa en Burundi había estado “equivocado”, lo cual se hacía raro viniendo de una persona entregada al prójimo. Y lo explicaba: “Pasé muchos años dedicándome a hacer proyectos, proyectos y más proyectos. Todo el mundo me lo agradecía y tenía la sensación de hacer mucho y de ser una grandísimo misionero. Lo principal para mí era promover la labor social en Burundi, el progreso humano del país. Tuvieron que pasar 30 años para que me diera cuenta de mi error, durante unos ejercicios espirituales en Jerusalén: sin predicar el amor de Dios, todo aquello no era nada, carecía de sentido”.

Aquel cambio se produjo al ver cómo todo su trabajo desaparecía con las cruentas guerras de los años noventa, que fueron especialmente devastadoras en su parroquia de Tenga. Lejos de caer en la desesperación, el Padre Arconada volvió a empezar de nuevo, pero esta vez “convertido”. Él mismo lo contaba así: “Un día, a primeros de noviembre de 1993, Dios me tiró del caballo. Estaba con mi amigo Yayo junto al puente del río Ruvironza. Eran los primeros días de la guerra étnica. De pronto, entre las aguas turbias, vimos un cadáver mutilado que bajaba por el río. Al poco tiempo otro cadáver también mutilado era arrastrado… La imagen se me quedó grabada como una pregunta acuciante: tantas vidas sesgadas por los odios, tantas escuelas y dispensarios destruidos, ¿qué hemos hecho para que esto suceda? La respuesta me fue llegando como una convicción: lo más importante es favorecer la conciencia de fraternidad. La construcción de escuelas y dispensarios solo es evangelizadora si nace de esta fraternidad que brota de la fe en Jesucristo, que nos une a todos, africanos y europeos, en un testimonio de amor”.

Todo aquello le llevó a la siguiente reflexión: “Hemos construido puentes, escuelas y pozos, pero no hemos  logrado cambiar los corazones mediante el amor de Dios”. Y entonces volvió a empezar de nuevo, pero cambiando de prisma: “Tenemos que seguir haciendo proyectos, muchos, pero lo más importante tiene que ser la predicación del amor de Dios. La solución a las divisiones solo puede encontrarse abriendo el corazón al amor fraterno”. Y así es como su misión cobró sentido: aspirando a una fraternidad universal. Curiosamente, el mismo mensaje que el Papa Francisco manda ahora, treinta años más tarde, con la publicación de su última encíclica Fratelli Tutti.

Por eso, cuando le preguntábamos por su trabajo al Padre Arconada en alguna de nuestras tertulias, siempre le gustaba saltar rápidamente de los hechos a lo trascendental. Y si le preguntabas por sus “éxitos”, siempre respondía que sus alegrías más profundas venían al ver todo lo que Dios había logrado cambiar en Burundi. Y añadía: “Para ser misionero, hay que ser un admirador de Dios, un testigo de lo que Dios puede hacer cuando dejamos que actúe en nuestras vidas. Hay muchos errores en el mundo, porque confiamos muy poco en Dios. Hemos creído que el hombre sin Dios puede arreglar los problemas del mundo; Dios creó el mundo y ahora excluimos a Dios. Pero no podemos olvidar que es Dios quien nos indica el camino de la felicidad”.

Y si ser misionero consiste en ser testigo del amor de Dios, el Padre Arconada lo fue hasta el final. Y además, sabía contagiarlo. Siempre nos decía que estaba seguro de que alguno de los voluntarios de ASU iba para misionero, generalmente mirando de reojo a Gaspar. Y hasta en esto tenía razón, no con Gaspar pero sí con Chete, quien acabó haciéndose misionero años después a raíz de sus experiencias en Burundi. Y es que Padre Arconada nos inspiró a muchos. Tuvimos la suerte de compartir proyectos, compartir vivencias, compartir inquietudes y, sobre todo, tuvimos la suerte de  aprender de su amor incondicional por Burundi.

Él siempre decía “el año que viene ya no estaré por aquí cuando volváis”, y año tras año le corregíamos con cariño cuando nos recibía de vuelta en Bujumbura. La última vez que le vi fue en la fiesta de la Hispanidad el año pasado, en la cual tradicionalmente nos reunimos los pocos españoles que andamos por Burundi para, en comunidad, echar un poco menos en falta nuestra querida tierra natal. Recuerdo que era un domingo tranquilo y soleado, y estábamos tomando un delicioso pescado “capitaine” a orillas del Lago Tanganica. Todo un privilegio. Pero, pese a lo apacible del entorno y del momento, al Padre Arconada le faltaba tiempo para hablar de proyectos y más proyectos. Quedamos unas semanas después para encontrarnos en Gitega y estudiar juntos unos nuevos proyectos agrícolas que tenía en mente. Una tormenta tropical me sorprendió en la carretera, me retrasé y llegué unos minutos tarde a nuestro encuentro. Cuando llegué a su casa y pregunté por él, me dijeron que ya se había echado al monte, caminando por supuesto para no perder las buenas costumbres y como si el diluvio no fuera con él. Y me quedé sin verle. Así era él, 83 años a sus espaldas pero ni un minuto que perder. Nunca pensé que no lo volvería a ver: el Padre Arconada estaba siempre tan presente que parecía imposible concebir que algún día ya no estaría allí.

Así has sido, Padre, y así te recordaremos. Allí, con los más pobres. Siempre pensando en ellos, siempre rodeado de ellos. Siempre con una sonrisa, siempre con cariño. Siempre con fe, siempre con esperanza. Siempre hablando de proyectos, siempre hablando del amor de Dios. Sin un minuto que perder.

Y así te damos las gracias, Padre. Gracias por habernos abierto las puertas del corazón de África. Gracias por las muchas tertulias, por tu testimonio, por tu ejemplo. Gracias por haber sido fiel a tu misión hasta el final. Gracias por ser testigo del amor que Dios nos tiene. Gracias por habernos enseñado a amar sin límites a personas desconocidas en un país desconocido. Gracias por mostrarnos el camino de nuestra labor en el corazón de África, que continuaremos a la luz de tu ejemplo. Porque, en realidad, nunca te fuiste de Burundi. Gracias por todo, Germán Arconada del Valle; urakoze cane, Padre Arconada.

 

En todo amar y servir

En todo amar y servir

El pasado domingo 20 de septiembre Borja G.P., Eduardo G.C. y yo mismo (Ángel R.L.) tuvimos la oportunidad de ayudar a unas familias que se encuentran en una situación delicada. La pandemia originada por la Covid-19 ha agravado estas situaciones: problemas para pagar el alquiler, para adquirir ropa e, incluso, para comprar alimentos.

Como digo, el 20 de septiembre nos desplazamos a la zona de Vallecas. El objetivo era tener un encuentro con tres familias, hablar con sus miembros, escuchar sus demandas y necesidades y, en último término, hacerles entrega de unas tarjetas para poder realizar compras en los supermercados Alcampo. Dichas tarjetas fueron sufragadas con la donación de 10.000 euros realizada por la empresa Asterion Industrial Partners, a quien estamos sumamente agradecidos.

Durante las conversaciones con estas familias nos dimos cuenta de un aspecto que compartían todas ellas: no perdían la esperanza. A pesar de todas las dificultades que están sufriendo –carencias económicas, hijos recién nacidos, vivir en un país alejados de sus familiares y amigos, problemas con el idioma, etc.–, no se permiten, de ningún modo, perder la esperanza. Como es normal, tendrán momentos de bajón, pero al final la esperanza siempre se acaba imponiendo.

Por otro lado, todas las familias expresaron la gran labor que realizan las Misioneras de la Caridad de Madrid, no sólo en términos materiales, sino también en cuanto a acompañamiento.

Una vez terminada nuestra labor, mientras tomábamos algo los tres amigos juntos, comentábamos los afortunados que éramos. Nunca nos ha faltado de nada, hemos podido estudiar lo que queríamos, tenemos una buena familia y amigos, salud, trabajo, etc. Aunque no siempre nos demos cuenta de esto, debemos tenerlo muy presente. Gracias a Dios somos unos afortunados y debemos ayudar a todos aquellos que no lo son tanto. Como decía San Ignacio de Loyola: “en todo amar y servir”. Que así sea.

Burundi, omnipresente en la cabeza de los voluntarios – KPMG

Burundi, omnipresente en la cabeza de los voluntarios – KPMG

La vuelta a España después de un verano en Burundi deja una importante marca en cada uno de sus voluntarios. La mayoría coincide en que esta experiencia les ayuda a cuantificar lo afortunados que son, y les invita a ser más agradecidos, sobre todo en cosas que daban por sentado antes del viaje. No obstante, pasados unos meses se va diluyendo el impacto de ese viaje, y los gestos más materiales se van esfumando. Como bien dijo nuestro amigo Carlos Bobillo en su video “La normalidad nos acaba volviendo a situarnos en nuestra rutina”.

Sin embargo, existe un denominador común que perdura en la mente de todos los voluntarios, incluso muchos meses después de haber vuelto, y este es: la profunda voluntad de aprovechar cualquier oportunidad donde se ofrezca ayuda, para explicar la realidad que vive este pequeño país centroafricano.

Siguiendo esta línea, este año uno de nuestros voluntarios presentó el proyecto de equipamiento y puesta en marcha del ya construido centro materno-infantil a los premios “En KPMG apoyamos proyectos que transforman la sociedad. X Edición.” de la Fundación KPMG, y tras ser sometido a votación por todos los empleados de la firma, ha quedado seleccionado como uno de los proyectos galardonados. ;

Este galardón además de incluir una importante cuantía económica nos ayudará a difundir a miles de personas el trabajo que ha llevado a cabo ASU a lo largo de sus más de diez años de existencia. El dinero recibido será crucial para consolidar el largo recorrido en la construcción y puesta en marcha del centro maternal infantil de Ndava. El acondicionamiento del centro será posible gracias a la compra del material que estaba pendiente, como camas de partos, incubadoras, cunas o sillas de ruedas…

En fin, estamos muy contentos de esta noticia ya que paradójicamente en un momento de tremenda incertidumbre y de recentralización de nuestros intereses, se va a poder dar un paso de gigante en la mejora de los servicios sanitarios de la comunidad burundesa.

¡Seguimos! Vamos! (o como dicen en Burundi, komera!)