Dicen que hay momentos que definen nuestra existencia. Hoy, sin duda, es uno de ellos. Y es que hoy es un día importante para nosotros, muy importante. De los más importantes de nuestra historia. ¿Quieres saber por qué? Vamos allá…
Este año, como muchos ya sabéis, nos hemos hecho mayores de edad. Sí, aunque parece que fue ayer cuando empezamos, han pasado 18 años desde que, allá por febrero de 2007, un pequeño grupo de amigos, y amigos de amigos, nos juntamos para cambiar el mundo.
En estos 18 años de vida, nos han preguntado muchas, muchísimas, veces por nuestro nombre. El diálogo normalmente es más o menos así:
+ No sabes cómo mola ASU… – ¿ASU? No me suena de nada…
+ Sí, somos un grupo de jóvenes que trabajamos en Burundi… – Ah, sí, sí; los de Burundi, os ubico perfectamente, haberlo dicho antes… ¿Y qué significa eso de ASUN?
+ Es ASU, no ASUN. Significa “Asociación Solidaria Universitaria” y… – ¿Y por qué os llamáis Asociación Solidaria Universitaria si ya no estáis en la universidad?
La realidad es que la respuesta a esa pregunta es muy sencilla. Nacimos siendo universitarios y siempre hemos estado muy vinculados e identificados con el mundo de la universidad, esa etapa tan fundamental de nuestra existencia que tanto marca el tipo de persona que acabamos siendo en la vida y en la que te desbordan la fuerza y las ganas de comerte el mundo.
Sin embargo, ahora que nos hemos hecho mayores de edad y que comenzamos una nueva etapa de nuestra vida, tenemos muy claro que queremos seguir esta aventura teniendo muy presente nuestro origen, nuestra esencia, el porqué de todo lo que hacemos. Porque si hay algo que realmente nos define no es la etapa de la vida en la que nacimos o en la que estamos ahora mismo, ni lo que hacemos en cada momento, sino el por qué hacemos lo que hacemos. Es decir, nuestra verdadera esencia, lo que se encuentra en lo más profundo de nuestro corazón. Por todo esto, nos gustaría empezar esta nueva etapa con un nuevo nombre que nos permita tener siempre muy presente la razón de ser de nuestra misión.
La verdad es que teníamos muchas dudas, porque ASU es el nombre que nos ha visto nacer y crecer, y nos daba miedo alejarnos de nuestro origen. Pero luego nos dimos cuenta de que cambiar no implica necesariamente olvidar quiénes somos. En nuestro caso, ocurre todo lo contrario, creemos que cambiar es mirar al frente sabiendo de dónde venimos. Es ser conscientes de que aún no hemos visto ni hecho nada. De que lo mejor está todavía por venir, porque a veces, cambiar puede ser la mejor forma de recordar nuestro origen y nuestra esencia. Dicen que la palabra “recordar” viene del latín re-cordis, esto es, volver a pasar por el corazón. Por eso, queremos aprovechar esta nueva etapa para volver a nuestro corazón, para recordar quiénes somos y para quién somos. Para recordar de dónde venimos, pero también a dónde queremos ir. Es decir, recordar el pasado, pero también recordar el futuro, porque por muy paradójico que pueda parecer, creemos que resulta fundamental saber de dónde venimos para saber a dónde queremos ir.
Es cierto que los cambios importantes suelen dar vértigo, también a nosotros. Pero si algo tenemos claro es que el mundo es de los valientes… Después de 18 años cambiando el mundo cuando parecía imposible hacerlo, tenemos claro que hay sueños que parecen muy lejanos… Hasta que alguien da un primer paso. Por eso, hoy queremos dar un segundo gran paso en nuestra historia, después de aquel primero que dimos a principios de 2007.
Y así es como llega nuestro nuevo nombre: “KOMERA”. ¿KOMERA? Sí, ¡KOMERA! KOMERA es una palabra muy popular en kirundi −el idioma de Burundi−, pero sin traducción a otros idiomas, y que venimos escuchando con frecuencia desde nuestros inicios en el corazón de África: a los niños en la escuela de Ndava, a los mayores del hogar de las Sisters en Kirundo, a los agricultores en los arrozales y a los catedráticos de la Universidad de Ngozi, a los más sencillos y a los más sabios. Os preguntaréis: muy bien, pero… ¿qué significa? KOMERA hace referencia, en sentido literal, al “ánimo para conseguir grandes cosas en la vida” y no puede representar mejor el por qué hacemos lo que hacemos: el espíritu de valentía, resiliencia, alegría y esperanza que ha guiado nuestra labor desde nuestros inicios. Además, este nombre nos permite llevar Burundi en nuestro corazón: como sabéis, con el paso del tiempo, nuestra vocación de permanencia y nuestro vínculo con el país y con su gente ha ido creciendo y fortaleciéndose más y más, y este nuevo nombre nos permite poner palabras a esto que llevamos en nuestro corazón, además de recordarnos el por qué hacemos lo que hacemos.
Y así nace KOMERA, de lo que escuchamos y lo que vivimos cada año cuando estamos en Burundi. Porque para todos lo que hemos tenido la suerte de estar en terreno, KOMERA es una palabra viva, pues a pesar de llevar oyéndola muchísimos años, se renueva continuamente y siempre logra sorprendernos, y precisamente por eso nos inspira y define la actitud con la que afrontamos la vida: con la ilusión renovada, con valentía y con esperanza en un futuro mejor teniendo los pies en la tierra y la mirada en el cielo.
Esperamos que sintáis la misma emoción e ilusión que nosotros por esta nueva etapa que comienza, en la cual nuestro origen y nuestra esencia permanecen intactos: “pequeñas cosas con mucho amor”.
Después de un tiempo prudencial de “reposo”, que nos ha permitido coger distancia y perspectiva, hemos decidido intentar poner palabras a todo lo que hemos vivido este verano en Burundi. La verdad, es que no es tarea fácil, porque Burundi ha sido precisamente eso: vida. VIDA en mayúsculas. Y la vida no se puede contar, hay que vivirla. Aun así, prometemos hacer nuestros mejores esfuerzos para tratar de trasladaros con nosotros hasta ese pequeño rincón del corazón de África y compartir todo lo que hemos tenido la suerte de recibir.
Este verano, una vez más, hemos vuelto con cinco grupos de voluntarios a Burundi. Nos hacía especial ilusión, porque este año cumplimos 18 años visitando el corazón de África, y hemos celebrado nuestra mayoría de edad con casi 100 voluntarios en terreno. Los años pasan, pero siempre decimos lo mismo: si hay algo de lo que nos sentimos especialmente orgullosos, además de todo el trabajo que llevamos a cabo en terreno para ayudar a quienes más lo necesitan, es que tantos cientos de voluntarios hayamos tenido la oportunidad de conocer Burundi y ahora seamos portadores de esa gracia especial que nos hace ver el mundo de otra manera, allí donde estemos.
Lo paradójico es que, aunque nos hacemos mayores, Burundi nos enseña lo contrario, y cada vez de forma más clara: tenemos que hacernos pequeños. Pequeños como niños. Sí, como esos cientos de niños con los que hemos estado en Ndava o en Kirundo con las Sisters. Porque si algo nos llevamos de este verano es que todo pasa por la inocencia, por la sencillez, por la pobreza de espíritu. Solo ahí encontramos la verdadera felicidad, y solo así descubrimos el sentido de nuestra vida. Y es que, como nos decía una voluntaria este verano: “ser feliz es sencillo; lo difícil es ser sencillo”.
Ser feliz es sencillo; lo difícil es ser sencillo
Los primeros en aterrizar en Burundi fueron el grupo de jóvenes del Colegio Aldovea, que por tercer año consecutivo dedicaron sus vacaciones post EvAU para darse a los demás. Este verano, además, con la novedad de que hemos estado construyendo, de principio a fin, dos casas que ellos mismos habían financiado para familias de poblados batwa, la etnia más desfavorecida de Burundi. Después, como ya es tradición, nos trasladamos a Kirundo, al norte del país, para ponernos a disposición de las Misioneras de la Caridad de Madre Teresa de Calcuta para ayudar en todas las necesidades del hogar, atendiendo a niños, ancianos y enfermos. Un lugar lleno de paz al que nunca nos cansamos de volver.
Siempre rodeados de niños
Ya en julio, tomaron el testigo los grupos de universitarios, con unos 40 voluntarios repartidos en dos grupos dispuestos a darlo todo, liderados por varios repetidores que llevan años viniendo con nosotros a Burundi. Tras unos meses previos de mucho trabajo en Madrid preparando todo el proyecto, finalmente llegaba el momento de la verdad en Burundi. Como siempre, empezamos con nuestro tradicional campamento en nuestra escuela de Ndava, compartiendo dos semanas con cientos de niños que nos han enseñado que el amor es la mejor escuela. Con nuestras manos manchadas y nuestras zapatillas llenas de polvo y barro, fuimos testigos de la grandeza del mundo, de su belleza, y de una paz y una felicidad tan auténtica que rebosaba en nuestros corazones. Y después, nos sumergimos otras dos semanas en el oasis que es la casa de las Misioneras de la Caridad en Kirundo. Allí, nos encontramos con un pequeño rincón de paz donde descubrimos a lo que estamos llamados: amar y entregarnos, haciendo siempre pequeñas cosas con mucho amor.
En Burundi hemos descubierto que en las pequeñas cosas en donde somos verdaderamente felices. Y es que la fórmula de la felicidad es mucho más sencilla que todo lo que nuestra realidad nos puede ofrecer. Es en la dinámica de darse a los demás donde recibimos más de lo que podemos merecer, donde reconocemos el cielo en la tierra, y donde nos encontramos con una fuente inagotable que nos sacia cuando nada más puede hacerlo y que paradójicamente nos llena de riquezas cuando nos sentimos vacíos. Gracias Burundi por permitirnos dejar de lado lo superficial para adentrarnos en tu misterio y vivir apasionadamente. Gracias Burundi por darnos respuestas a lo que llevábamos en el corazón. Gracias por revelarnos el AMOR en mayúsculas. Gracias por dejarnos un pedacito de ti en nuestros corazones, y por venirte a Madrid con nosotros. Querido Burundi: ¡nos vemos pronto!
Nuestro tradicional campamento de Ndava
Para cerrar el verano, en agosto viajamos a Burundi con otros dos grupos de jóvenes profesionales, con un total de 35 voluntarios, que durante 3 semanas estuvieron colaborando con nuestros proyectos en terreno. Comenzamos el trabajo con nuestro ya famoso curso de desarrollo personal y profesional en la Universidad de Ngozi, que hemos estado preparando durante el año y que este verano ha tenido especial éxito gracias a las clases de IA. Por las tardes, nos esperaban todo tipo de actividades: deportes, campamentos con niños, casas de acogida, clases de español… Tras poner fin a nuestra etapa en Ngozi, nos trasladamos a Kirundo, en la frontera con Ruanda, donde pasamos unos días con las Sisters de Madre Teresa, y nos llevamos el mejor de los aprendizajes: que la alegría no tiene nada que ver con la riqueza material, que el lenguaje internacional es el de las sonrisas y abrazos, que la esperanza es la clave de la vida, y que estamos hechos para darnos y solo en la entrega encontraremos la verdadera felicidad…
En resumen, Burundi ha sido un continuo desaprender para volver a aprender, y que nos ha dejado enseñanzas para toda la vida. Nos ha recordado que tenemos que ser como niños, que está bien el no saber qué pasará mañana, que estamos de paso, y que la vida es un regalo. También, que “ser feliz es sencillo; lo difícil es ser sencillo”. Gracias Burundi por tanto, gracias por abrirnos tu corazón y por llenar los nuestros. Gracias por enseñarnos a aspirar a algo más grande y a VIVIR en mayúsculas.
Curso de desarrollo personal y profesional en la Universidad de Ngozi
Comenzábamos esta noticia diciendo que no era fácil poner palabras a lo vivido. Cada grupo ha tenido su contexto, su historia, sus vivencias. Pero si algo nos llevamos todos, es las ganas de que Burundi no se quede en Burundi. Sí, de que esto no sea un verano más, un voluntariado más, lo que tocaba este año. Burundi nos ha marcado a todos, de una forma o de otra, y ahora tenemos por delante el gran desafío de qué hacer con todo lo que hemos tenido la suerte de vivir.
Y es que si algo tenemos claro, es que Burundi es un misterio que nos invita a mirar más allá y a aspirar a algo más grande. En primer lugar, en lo que se refiere a lo personal, para traernos Burundi a Madrid, a nuestro día a día, para que todo lo que hemos vivido allí tenga su reflejo aquí en nuestras vidas y en las de los que nos rodean. Y en segundo lugar, siendo muy conscientes de que tenemos que compartir Burundi con el mundo, porque lo que hemos visto y oído no puede quedarse solo en nuestros corazones. Burundi tiene algo que decirle al mundo, y cuenta con nosotros para compartir su mensaje de alegría, de fe, de entrega, de esperanza y de amor.
Haciéndonos pequeños 🙂
Un año más, volvemos a Madrid con el corazón lleno, pero con esa sensación de que esto no ha hecho más que empezar. De que empezamos un camino nuevo con un destino claro pero un rumbo incierto. Por eso, solo podemos pedir una cosa: ojalá nunca olvidemos que ese camino pasa por la sencillez. Por hacernos pequeños, para apostar por algo más grande. Y por compartirlo con el mundo. Porque ahora que sabemos que la verdadera felicidad está ahí, solo podemos seguir esos pases. Ojalá nos grabemos estas palabras a fuego estas palabras en nuestro corazón: “ser feliz es sencillo; lo difícil es ser sencillo”. Vamos a por ello, ¡komera!
Hoy llega al mundo nuestro proyecto Imigambi, y después de muchos años de trabajo nos cuesta compartir lo emocionados que estamos. Y es que este proyecto es el resultado de un largo camino… Un camino que nació sin saberlo con un primer viaje a Burundi hace ya más de 15 años y con una promesa al volver a Madrid: no olvidarnos de lo vivido en el corazón de África. Tras volver una vez, otra vez, y otra vez más, empezamos a conocer la realidad de Burundi, y a entender poco a poco los problemas y las riquezas del país más pobre del mundo. Y así, descubrimos que, entre sus mil colinas, Burundi esconde un tesoro: su café, que es uno de los mejores del planeta. Pero también, que los caficultores de Burundi eran los peor pagados del mundo. Y decidimos no quedarnos de brazos cruzados; y cambiar las reglas. Con todo esto en mente, allá por el año 2018, y después de 10 años desde nuestros primeros viajes a Burundi, nuestro querido Carlos Bobillo “Bobi” decidió dejar su trabajo de abogado en Madrid para irse a vivir a Burundi y dedicarse de lleno al sector del café, además de impulsar los proyectos de ASU en terreno.
Bobi en su etapa cafetera en Burundi
Allí en Ngozi pasó dos años entre cafetales, donde pudo ayudar a miles de agricultores, y descubrir todos los secretos de la industria. Con todo este bagaje, y tras comprobar en primera persona el grandísimo impacto del café en Burundi, al que se dedican más de 1 millón de burundeses -5 millones de personas si contamos a sus familias- y que supone el 80% de las exportaciones del país, hemos querido lanzar en España un proyecto de emprendimiento para seguir ayudando a los caficultores de Burundi desde España.
Burundi; un país que vive del café
Y así es como nace Imigambi, con el objetivo de producir el mejor café dándole el mejor futuro a los agricultores que con tanto cariño lo cultivan en Burundi, y de reinvertir todos nuestros beneficios en ellos. Y es que los agricultores son el corazón del proyecto. Por ello, valoramos y recompensamos justamente su trabajo y esfuerzo. Además, reinvertimos el 100% de los beneficios en cubrir la necesidad más básica en la zona rural en las que trabajamos: con cada paquete de Imigambi se financia el acceso a electricidad durante un año a la familia de agricultores que lo ha producido.
Los agricultores, el corazón del proyecto
“Imigambi” es una canción burundesa que habla de los proyectos que Dios tiene para nosotros y que, tras mucho esfuerzo, acaban cumpliéndose. Este proyecto busca cumplir esos sueños. Y es que Imigambi es el único café que no quita el sueño, sino que permite seguir soñando. Porque podemos hacer de lo ordinario algo extraordinario. Porque todos podemos cambiar el mundo. Cada día 🙂 Toda la info y pedidos en www.imigambi.org
Con gran alegría, os contamos que hemos resultado ganadores del Premio Fundación PwC “Apadrina” con nuestro proyecto “Cerrando el círculo – Escuela Secundaria Técnica “San José” de Ndava”. La entrega del premio tuvo lugar el pasado 20 de octubre en la sede de PwC en Madrid, y el galardón fue recogido en representación de ASU por Carlos Bobillo y Gaspar González-Palenzuela, así como por nuestros padrinos dentro de PwC, Juan Miguel del Moral y Mercedes Camino. ¡Muchas gracias por vuestra ayuda!
Gaspar González-Palenzuela y Carlos Bobillo de ASU, junto con Juan Miguel del Moral y Mercedes Camino de PwC
Este proyecto busca “cerrar el círculo” de la educación en Ndava, Burundi, facilitando a los niños un ciclo educativo completo (incluyendo todos los cursos académicos de la educación secundaria) y dotándoles de capacidades y herramientas para su formación profesional y acceso a educación superior. De esta forma, nuestra Escuela Secundaria Técnica «San José» de Ndava servirá como ampliación de nuestra Escuela Primaria «San Josemaría» de Ndava, dándole continuidad para todos aquellos niños que muestren interés y capacidades para ello. El objetivo es garantizar un ciclo educativo completo, gratuito y sostenible en el tiempo a los casi mil niños de nuestra escuela primaria que al acabar su educación elemental se ve obligados a abandonar su educación, convirtiéndose así en la generación que cambie el futuro del país más pobre del mundo.
El proyecto busca así garantizar que los alumnos de nuestra escuela primaria puedan continuar sus estudios, evitando el alto porcentaje de abandono escolar que se produce en el cambio de etapa educativa (76% en el inicio de la secundaria, 88% antes de acabarla) y facilitando una educación de calidad a lo largo de todo el proceso educativo. Este modelo educativo servirá como referencia en todo el país, rompiéndose de esta forma las barreras financieras que impiden a los niños de medios rurales el acceso a una educación secundaria, facilitándoles mayores oportunidades profesionales en el futuro y por tanto a mejores condiciones de vida. En este sentido, nuestros acuerdos de colaboración con la Universidad de Ngozi, para los alumnos que cuenten con capacidades y motivación para seguir sus estudios en la universidad, y con el Ministerio de Educación de Burundi, que apoya nuestras escuelas gracias a nuestro modelo de cofinanciación público-privada, se revelan fundamentales para el éxito y la sostenibilidad del proyecto.
Cumpliendo sueños en Ndava 🙂
Este premio de la Fundación PwC nos va a permitir cumplir este sueño, por lo que no podemos estar más felices y agradecidos porque el proyecto finalmente se vaya a hacer realidad, con todo lo que supone para Ndava. ¡Muchas gracias a la Fundación PwC por creer en nosotros y apostar por nuestro proyecto!
Con mucha emoción, os contamos que hemos sido premiados en los XXIX Premios Solidaridad TELVA por nuestro proyecto de maternidad “Salvar la vida a quienes dan vida”, centrado en la ampliación de la actividad de nuestro Centro Materno Infantil “San Lucas” de Ndava, Burundi, para poder atender más partos en esta zona que tanto lo necesita. ¡Qué alegría más grande!
El jurado de TELVA estaba compuesto por Tamara Falcó, Cayetano Martínez de Irujo, Carolina Herrera, María Leon, Margarita Vargas, Kubrat de Bulgaria y Lucía Francesch, y la entrega tuvo lugar durante la Fiesta de la Solidaridad TELVA en la Fundación Rafael del Pino, que fue conducida por Matías Prats, y que fue una noche muy especial y llena de emociones para todo nuestro equipo, representado por Carlos Bobillo “Bobi”, que recogió el galardón en nombre de ASU y dio un emotivo discurso, y Gaspar González-Palenzuela.
Equipo de ASU presente en la ceremonia Carlos Bobillo recibiendo el premio de TELVA en nombre de ASU
Los patrocinadores de esta edición han sido Inditex, El Corte Inglés, Fundación Mahou San Miguel, Marco Aldany, Allfunds, Cosentino, Tendam, Fundación Rafael del Pino, Cantabria Labs y Unidad Editorial, y compartimos el premio internacional con Petits Detalls, por su proyecto OMUKISA que da formación profesional a niños de la calle de Uganda para su reinserción sociolaboral, y con ADS (Acción Desarrollo Sostenibilidad) por su proyecto de abastecimiento de agua potable y mejora nutricional de la población Harkiso en Etiopía.
Con motivo de esta ocasión, TELVA nos hacía la siguiente entrevista en su revista. ¡Muchas gracias a todo el equipo de TELVA por toda vuestra ayuda y por dar voz a los que no la tienen!
Un año más, y ya van cuatro consecutivos, os contamos muy orgullosos que ASU se ha encargado de poner su granito de arena para que los Reyes Magos llegaran también estas Navidades a la casa de las Misioneras de la Caridad en Madrid.
ASU nació con una vocación muy clara, conectar a gente que quiere ayudar con gente que necesita ayuda, y por eso nos hace tanta ilusión este proyecto, pues siempre se nos presenta como una grandísima oportunidad para cumplir nuestra misión en la época más importante del año: la Navidad.
Gracias a la ayuda de las Misioneras, que se encargaron como siempre de darnos el chivatazo, y de los voluntarios de ASU, expertos pajes, este año hemos ayudado a repartir regalos a un total de 48 niños de todas las edades de las familias atendidas por las Misioneras en Madrid. Además, este año también hemos repartido un kit de invierno a cada niño, compuesto por gorro, bufanda y guantes. ¡Con la ola de frío que estamos pasando seguro que les están dando un muy buen uso!
Esta campaña se ha convertido un año más en una iniciativa llena de magia, tanto para los voluntarios de ASU como sobre todo para los niños. La Navidad es sin duda un momento muy especial para ellos, pues en unos pocos días se mezclan alegría, ilusión, momentos de compartir en familia, celebraciones, nervios por los regalos… Y a nosotros, los niños nos recuerdan la importancia de la Navidad y de vivir también felices por la venida del niño Dios al mundo. ¡Este sí que es el verdadero regalo!
Este año, además, también hemos organizado por primera vez en nuestra historia la entrega de regalos para los 930 niños de nuestra escuela en Ndava: ¡porque la Navidad no entiende de fronteras!
Después de todas estas emociones, ya estamos deseando que llegue la Navidad del 2022 para ponernos manos a la obra de nuevo… ¡Contamos contigo!
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