Después de unas semanas de nuestra vuelta a casa, de volver a la rutina, a las reuniones, a las clases, al trabajo, a los atascos y a todas esas pequeñas cosas que conforman nuestra vida diaria, llega ese momento en el que uno intenta parar y mirar atrás para entender qué ha pasado este verano en Burundi. Y, como cada año, nos vuelve a pasar lo mismo. No sabemos muy bien cómo contar lo vivido en el corazón de África. Porque Burundi no es una historia que se pueda resumir, y las palabras siempre se quedan cortas. No son los kilómetros recorridos, ni los proyectos realizados, ni siquiera todas las personas que hemos tenido la suerte de conocer. Burundi es algo mucho más difícil de explicar. Es una forma diferente de mirar, es una sonrisa, un encuentro, una conversación sin palabras. Es, en definitiva, algo que sucede dentro.
Pero empecemos por el principio. Este verano hemos vuelto a Burundi un año más con más de 60 voluntarios repartidos en cuatros grupos de universitarios y jóvenes profesionales. Cuatro grupos diferentes, cuatro historias diferentes, cuatro maneras de vivir el viaje… pero un mismo deseo: entregarnos y dejarnos sorprender. Y, a la vuelta, una certeza: que Burundi se ha quedado con nosotros aunque nos hayamos ido.
Una historia que se sigue escribiendo
El verano comenzó, como ya es tradición, con los grupos de universitarios, que después de muchos meses de preparación, llegaron a Burundi con las mismas ganas de siempre. Unos empezaron con el campamento de Ndava, donde 150 niños nos abrieron de par en par las puertas de su corazón y, por muy paradójico que parezca, nos enseñaron a aprender. Sí, porque llegamos pensando que íbamos a enseñarles algo y terminamos descubriendo que eran ellos quienes tenían mucho que enseñarnos. Nos enseñaron a disfrutar de lo pequeño. A vivir el presente. A reír sin necesitar demasiado. A abrazar sin pedir explicaciones. A confiar. A querer. Y es que, un año más, hemos vivido esa gran paradoja: cuanto más creemos que vamos a dar, más recibimos. Pensábamos que íbamos a llevarles nuestro tiempo, nuestros conocimientos y nuestras ganas. Y acabamos llevándonos una forma diferente de entender la vida…
Aprendiendo a aprender…
Y también, volvimos a Kirundo, donde la casa de las Sisters se convirtió un año más en nuestro hogar, y donde nos encontramos con los niños, los ancianos y los enfermos; con el cansancio, el trabajo y las tareas más sencillas; con las sonrisas, los abrazos y esa alegría que parece no necesitar ninguna explicación. Allí, en ese pequeño oasis de paz, volvimos a ponernos a disposición de las Misioneras de la Caridad, haciendo lo que tocaba y simplemente estando. Sin más. Porque ahí está precisamente el secreto, en estar. En servir. En no pretender grandes cosas, sino en hacer pequeñas cosas con mucho amor. Una vez más, las Sisters nos enseñaron que el amor no necesita grandes discursos. Que el amor se cocina, se limpia, se acaricia, se acompaña. Que el amor se hace pequeño. Y que, precisamente por eso, acaba siendo infinito.
Pequeñas cosas con mucho amor
Ya en agosto, llegaron los grupos de jóvenes profesionales que decidieron apostar sus pocas vacaciones por algo más grande. Los primeros empezaron en Ngozi, donde llevamos a cabo una nueva edición de nuestro tradicional curso de desarrollo personal y capacitación profesional en la Université de Ngozi, con las clases de IA como claras protagonistas. Es curioso pensar que, mientras nosotros llegábamos desde España para hablar de futuro, tecnología y oportunidades, Burundi volvía a enseñarnos que hay cosas que ninguna ciencia puede sustituir, como compartir un encuentro, una mirada, una conversación, una mano tendida, una sonrisa. También fue un auténtico regalo poder cuidar la capilla de la universidad que inauguramos en marzo de la mano de nuestros amigos de la Fundación Hakuna. Por las tardes cambiábamos las aulas por los juegos del campamento, los deportes, las clases de español, los niños de Giriteka y la vida que iba surgiendo. Porque en Burundi los planes importan, pero mucho más importa estar disponible. Y también estuvimos una semana en Kirundo. En la casa de las Sisters. En ese lugar al que parece que cada año llegamos por primera vez y del que cada año nos cuesta un poco más marcharnos…
Entrega de diplomas en el curso de la Universidad de Ngozi
Un verano para recordar
Este verano, además, ha tenido algo diferente. Quizá porque, después de casi veinte años en Burundi, hemos empezado a mirar atrás. En 2007 llegábamos por primera vez a la colina de Ndava sin saber muy bien qué nos encontraríamos. El resto de la historia ya la sabéis: media vida en Burundi, muchos viajes y muchos proyectos de cooperación… Este año hemos vivido uno de esos momentos que, de alguna manera, cierran un círculo. Y es que después de tanto tiempo soñándolo, por fin hemos inaugurado nuestra iglesia Madre Teresa de Calcuta en Ndava, la primera de Burundi dedicada a nuestra santa favorita. Una iglesia que no es solo un edificio, si no la materialización de una historia compartida, la historia de todos los que durante estos años hemos puesto nuestro tiempo, nuestros recursos, nuestro esfuerzo, nuestras oraciones y nuestro corazón al servicio del corazón de África. Y allí, rodeados de nuestros amigos burundeses, de nuestros voluntarios, de tantas personas que han hecho posible este camino, y, de manera muy especial, de nuestras queridas Misioneras de la Caridad que viajaron desde Kirundo, pudimos tocar un poco el cielo en la tierra. Y nos dimos cuenta de algo. Y es que esto no va de construir cosas. Va de construir relaciones. De construir esperanza. De construir una historia que, aunque muchas veces no entendamos, sabemos que merece la pena…
Nuestras queridas Sisters en la inauguración de nuestra iglesia Madre Teresa de Ndava
Y ahora, ¿qué?
Ya de vuelta en España, como cada año, llega la pregunta más difícil. ¿Qué hacemos ahora con todo esto? Porque Burundi queda a miles de kilómetros. Los niños siguen en Ndava, los universitarios en Ngozi, las Sisters en Kirundo… Y nosotros estamos otra vez en Madrid. Pero sentimos que algo ha cambiado. Porque sabemos que el verdadero reto de ir a Burundi no es cambiar Burundi, sino permitir que Burundi nos cambie a nosotros. Y que después de haber visto una alegría tan sencilla, aprendamos a vivir con más alegría. Que después de haber recibido tanto con tan poco, sepamos agradecer más. Que después de haber descubierto que el amor se encuentra en las cosas más pequeñas, tengamos el valor de volver a nuestras casas y empezar por ellas. Y que después de haber visto tantas vidas entregadas, entendamos que nuestra vida también está llamada a ser entregada.
Porque Burundi no puede quedarse en Burundi. No puede quedarse en unas fotografías, unos recuerdos, y unas birras de vez en cuando entre amigos. Burundi tiene que llegar a Madrid. A nuestras familias. A nuestros amigos. A nuestras universidades; a nuestros trabajos. A nuestra forma de mirar al que tenemos al lado. Porque si algo hemos aprendido este verano es que quizá no estamos llamados a hacer grandes cosas. Pero sí estamos llamados a amar. Y eso sí podemos hacerlo aquí. Todos los días.
¿Qué hacemos ahora con todo esto?
Lo que se queda
Dicen que los viajes terminan cuando uno vuelve a casa. Pero nosotros tenemos la certeza de que hay lugares que, aunque dejemos atrás, se quedan dentro de nosotros. Y Burundi es sin duda uno de ellos. Se quedan las risas de los niños de Ndava. Se quedan las ganas de mejorar de los universitarios de Ngozi. Se quedan los abrazos de Kirundo. Se queda la alegría de las Sisters. Se queda, sobre todo, una certeza: que la vida tiene mucho más sentido cuando se entrega. Por eso, cuando volvemos a mirar atrás, nos damos cuenta de que este verano hemos vuelto a casa con el corazón más lleno. Y ese es quizás el verdadero regalo de Burundi. Porque después de casi veinte años seguimos sin entender del todo qué tiene esta tierra… Pero seguimos queriendo volver. Seguimos queriendo dejarnos sorprender. Seguimos queriendo aprender. Seguimos queriendo entregarnos. Porque Burundi nos ha enseñado que hay cosas que solo se entienden cuando se viven. Que lo importante no es lo que dejamos allí, sino lo que dejamos que Burundi haga en nosotros.
Un año más, volvemos a casa. Pero una vez más, sabemos que Burundi no se queda en Burundi, y que una parte de Burundi se queda en nosotros. Y también, que un poquito de nosotros se queda allí. Por eso solo podemos decir “gracias”. Gracias, Burundi. Gracias por tanto. Por abrirnos las puertas de tu casa. Por hacernos pequeños. Por ser una escuela de vida. Por recordarnos lo esencial. Y por seguir revelándonos, una y otra vez, que la vida merece la pena cuando se vive para los demás. Nos vemos pronto.
Este verano en Burundi ha sido especial. Y es que después de casi 20 años trabajando en el corazón de África, hemos cumplido un sueño que teníamos desde hace mucho tiempo…
Cuando llegamos por primera vez a la colina de Ndava allá por el año 2007, y tras conocer de primera mano la difícil realidad de una de las zonas más pobres del país más pobre mundo, nació en nosotros la inquietud de querer involucrarnos en las distintas necesidades materiales que veíamos en la comunidad: educación, sanidad, infraestructuras, emprendimiento… Así es como durante todos estos años hemos ido llevando a cabo muchos proyectos para hacer frente a las distintas necesidades que íbamos viendo: primero fue nuestra escuela primaria San Josemaría, luego el pozo, el centro de salud San Lucas, la instalación eléctrica, la escuela secundaria San José, el molino, el café, las cabras, el basket, las casas para los batwas, la escuela infantil san Nicolás…
Los primeros años de Ndava, siempre construyendo…
Pero la realidad es que, además de todas estas necesidades de orden “material”, que lógicamente son muchas en el país más pobre del mundo, nuestros amigos de Ndava llevaban muchos años compartiendo con nosotros su mayor sueño: tener una iglesia en Ndava que pudiera atender también las necesidades “espirituales” de los más de mil niños que van todos los días a nuestras escuelas así como de toda la comunidad en su conjunto. Y así es como nació el sueño de construir una iglesia en Ndava. Para nosotros, tenía todo el sentido del mundo, porque nos parecía el broche de oro a tantos años haciendo proyectos de cooperación en Ndava, y porque en cierta forma suponía cerrar el círculo de nuestra presencia en Ndava situando lo más importante en el centro, y dándole un sentido de trascendencia a todo nuestro trabajo. La iglesia sería así el corazón de Ndava, a cuyos latidos se acompasaría todo lo demás: el tiempo, la tradición, los valores familiares, y en resumen la vida de toda la comunidad.
Primeros planos de la iglesia…
El único problema es que nunca antes habíamos construido una iglesia, ni sabíamos por dónde empezar. Al principio pensábamos que se trataba de una capilla, pero cuando nos dijeron que la idea era hacer una iglesia con capacidad para más de 400 personas -con su correspondiente sacristía, salón parroquial, sala de reuniones, etc.- la verdad es que nos asustamos un poco… Pero decidimos que teníamos que sacarlo adelante como fuera. Como el reto era mayúsculo, rápidamente vimos que lo mejor era poner el proyecto en manos de nuestra santa favorita, Santa Madre Teresa de Calcuta, con cuyas misioneras llevamos trabajando desde nuestros inicios en Burundi y en Madrid, y en cuya canonización estuvimos en el año 2015 en Roma. Y así es como surgió el sueño de construir la primera iglesia dedicada a Madre Teresa de Calcuta en Burundi, teniendo muy presente siempre que, como decía ella, la verdadera pobreza no es material sino espiritual. Así nos lo contaba el Padre Apo en su día cuando decidimos lanzarnos a la aventura…
La verdad es que no ha sido fácil. Construir una iglesia es todo un reto, y hacerlo en el corazón de África todavía más. Pero después de más casi 3 años de mucho trabajo, y de recibir la ayuda de muchas personas tanto en Burundi como en España, el pasado 18 de julio de 2026 llegó el día soñado: la tan esperada inauguración de nuestra iglesia Madre Teresa de Ndava…
Ya sabíamos que iba a ser un día muy especial, pero la realidad superó todas nuestras expectativas. Es difícil poner palabras a todo lo que vivimos: la procesión de entrada, la unción del altar, la iglesia abarrotada, la música, los bailes, la decoración, la celebración de la eucaristía, el ofertorio con una fila infinita de agricultores trayendo parte de su cosecha para contribuir a la iglesia… Fue un día cargado de emociones, que además pudimos compartir con nuestro querido D. Ignacio Amorós “Chete”, que 8 años después regresaba a Burundi, siendo esta vez su primera como sacerdote, y acompañado por otros dos sacerdotes: D. Juan Andrés “Gordo” Verde, venido desde Uruguay para la ocasión, y Fray Marcos, fraile dominico venezolano. La Misa estuvo presidida por nuestro amigo el obispo de Ngozi, Monseñor Georges Bizimana, con quien tenemos una gran relación y que ha apoyado mucho el proyecto, y también nos acompañó nuestro querido Padre Apo, además de muchos otros sacerdotes amigos venidos de todo el país. También se unieron a la celebración varios de los jóvenes voluntarios que se encontraban en ese momento en Burundi, y muchos de nuestros amigos burundeses con los que llevamos todos estos años trabajando.
Y, por si acaso no eran suficientes sorpresas, también vinieron algunas de nuestras queridas Misioneras de la Caridad desde la casa de Kirundo, que hicieron una gran excepción sabiendo como es su carisma y nos acompañaron después de un largo viaje en coche de varias horas. No podían estar más emocionadas, sobre todo después de ver que desde España habíamos traído una grandísima imagen de Madre Teresa, así como la inscripción de “Ndanyotewe” que preside la iglesia, que es el equivalente en kirundi del famoso “I thirst” de Madre Teresa… Y si ellas estaban emocionadas de estar ahí, os podéis imaginar como estábamos nosotros de que ellas nos acompañaran en un día tan especial para nosotros.
La emoción de la sorpresa al ver a nuestras queridas Sisters
Después de todas estas emociones, la comunidad de Ndava nos invitó a una pequeña celebración, que llevaban meses organizando y que fue especialmente bonita por el hecho de que insistieron en que querían invitarnos ellos, para lo cual estuvieron reuniendo muchas pequeñas colaboraciones de personas muy humildes de toda la comunidad que querían colaborar con el proyecto aunque fuera con un humilde saco de arroz. Para nuestra sorpresa, nos invitaron a compartir algún refresco, un poco de cabra con arroz y muuuuchos discursos de agradecimiento, donde también nos entregaron un diploma en agradecimiento a nuestra colaboración con la comunidad, que por supuesto ya preside nuestra querida casita de Ngozi. Y así, con la caída del sol y con las emociones todavía a flor de piel, pusimos el broche de oro a uno de los días más importantes de nuestra historia.
Fray Marcos, D. Ignacio Amorós, Monseñor Georges Bizimana (Obispo de Ngozi), Juan Andrés “Gordo” Verde, Carlos Bobillo y el Padre Apollinaire “Apo” Bangayimbaga
Hace un año, viajábamos a Burundi de la mano de nuestros amigos de Hakuna para ver qué podíamos hacer juntos en el corazón de África. Tras visitar el corazón de África, Don José Pedro Manglano “Josepe”, fundador de Hakuna, destacaba la sencillez con la que se vive la vida y la fe en Burundi, recordándonos que, en su pobreza, son unos maestros del arte de vivir.
Llegada a Burundi en mayo de 2025
Estando en Burundi, y tras visitar la Universidad de Ngozi, con la que llevamos trabajando estos casi 20 años de labor en Burundi y cuyo rector es nuestro querido Padre Apo, se nos ocurría una idea que en aquel momento parecía imposible. Veíamos que durante todos estos años, la universidad ha ido creciendo mucho: nuevos edificios, mejor equipamiento, cada vez más alumnos y facultades, incluso nuevos másters… Pero faltaba algo. Y ese algo era lo más importante. Y es que es muy importante formar a grandes profesionales en la universidad. Pero además, tenemos el deber de formar a grandes personas. Así, en el propio viaje a Burundi, nació un sueño que nos emocionó a todos desde el primer momento: dar vida a una capilla en la Universidad de Ngozi donde los jóvenes puedan, además de estudiar, reposar el corazón y mirar al futuro con esperanza. Parecía un sueño lejano y difícil, pero entonces no sabíamos que aún no habíamos visto nada…
D. José Pedro Manglano, fundador de Hakuna, el Padre Appolinaire Bangayimbaga, rector de la Université de Ngozi, y Carlos Bobillo, de KOMERA, cerrando el acuerdo a tres bandas
Unos pocos meses después, en septiembre de 2025, aquel sueño empezó a tomar forma. Nuestras queridas cracks Emma e Inés se ofrecían para irse a vivir a Burundi y ponerse al servicio para que el proyecto de la capilla de la Universidad de Ngozi fuera una realidad. No sabían muy bien a lo que iban ni lo que les esperaba, pero a pesar de ello no dudaron en decir un “sí” muy grande y confiado…
Primeros trabajos de la capilla “El Deseante” en la Université de Ngozi
Durante estos meses, Emma e Inés han dedicado todo su tiempo, su cariño y sus esfuerzos a este sueño. No ha sido fácil, pues había que empezar todo desde cero y la incertidumbre era grande. Pero poco a poco, con mucho amor y confiando mucho, han conseguido aquello que unos meses antes nos parecía imposible. Primero fue la capilla: el Padre Apo nos había dejado la antigua biblioteca de la universidad y había que remodelarla entera, con todos los líos que ellos supone. Después, el grupo de jóvenes que han ido dándole vida: adoración, formación, clases de español, traducción de las canciones al francés, ensayos, cine fórums, escapadas… ¡Qué suerte poder compartir nuestra fe a pesar de todas las diferencias y barreras! Y en paralelo, mucha entrega también fuera de la universidad: ayuda en el Hospital de Ngozi, con los niños de la calle en Giriteka, en la casa de las Misioneras de la caridad en Kirundo… Porque nada de esto tendría sentido si todo lo que hemos ido recibiendo estos meses no se volcara en el otro.
Cartel de la inauguración de la capilla “El Deseante” en la Université de Ngozi el 14 de marzo de 2025
Y por fin, un año más tarde de aquel viaje a Burundi, el sueño que habíamos tenido se hizo realidad. El pasado 14 de marzo de 2026 se inauguraba la capilla de “El Deseante” en la Universidad de Ngozi, con la presencia del Padre Apo y del Obispo de Ngozi, Monseñor Georges Bizimana. Fue un día de muchas emociones, mucha alegría… y sobre todo de mucho agradecimiento. Nos parece tan increíble todo lo que ha pasado y todo lo que está por venir que cuesta ponerle palabras… Pero sí tenemos una palabra muy clara: “GRACIAS”. O como decimos en Burundi, “URAKOZE”. Solo podemos tener en nuestro corazón un urakoze muy grande a todas aquellas personas que han apostado por este sueño y lo han hecho posible, tanto en España como en Burundi.
Inauguración de la capilla “El Deseante” en la Université de Ngozi por parte del Obispo de Ngozi, Monseñor Georges Bizimana
Pero esto no es el final de una bonita historia. Al revés. Porque esto no se trata solo de convertir la antigua biblioteca en una preciosa capilla y ya. Este proyecto va mucho más allá. Se trata de llevar mucha vida a la universidad, y de que en un país como Burundi, todavía herido por los conflictos recientes, los jóvenes puedan vivir y compartir su fe. Se trata de que puedan mirar al futuro con esperanza y dispuestos a entregarse por su familia y por un país que tanto lo necesita. Y es que, ahora, viene lo mejor… Aún no hemos visto nada!
Hace unos días, te compartíamos la gran noticia de que lanzábamos esta aventura de “Desde lo alto de la colina” para contarte más y mejor todo lo que vamos viviendo tanto en España como en Burundi. ¡Hoy por fin se hace realidad!
Burundi
Queríamos empezar poniéndote al día de nuestros proyectos en Burundi, donde estos últimos meses hemos tenido bastante movimiento.
Una buena noticia es que hemos podido comprar dos nuevos terrenos en Ndava pensando en todos los proyectos futuros que tenemos en mente: como ves nuestra vocación de permanencia en Burundi sigue intacta y parece que esto va para largo… Uno de esos terrenos será para nuestra Escuela infantil “San Nicolás” de Ndava, cuyo objetivo es plantar una semilla en los niños más pequeños, que les permita comenzar su educación y socialización antes de comenzar la escuela primaria con 6-7 años. Ya hemos conseguido parte de los fondos gracias a la ayuda de la Gymkana Esther López-Arce y tras haber resultado ganadores del Primer Premio al Voluntariado Universitario de la Fundación Mutua Madrileña (vídeo aquí), por lo que esperamos poder empezar a construir muy pronto… ¡Komera!
Por otro lado, te contamos que la construcción de nuestra Iglesia “Madre Teresa” de Ndava, que ayudará a atender espiritualmente a los casi 1.500 niños que tendremos en nuestras escuelas, avanza muy rápido y muy pronto estará terminada. ¡Ahora nos toca ponernos con el equipamiento para poder empezar a utilizarla en verano! Por su parte, el proyecto de la capilla de la Universidad de Ngozi, que estamos llevando a cabo con la Fundación Hakuna también va viento en popa: la idea es terminarla el mes que viene y empezar con todas las actividades en primavera. Ahora, además de grandes profesionales, la idea es ayudar también a formar a grandes personas en la Université de Ngozi.
En lo que se refiere a emprendimiento social, la novedad es que desde hace unos meses está en marcha, y con mucho éxito, el molino de cereal que hemos construido en Mureke, que tiene un gran impacto en la mejora de la producción agrícola, la nutrición y la economía de esta comunidad, y que viene a complementar el molino de cereal de Ndava, que lanzamos hace ya más de un año. Además, estos últimos meses hemos lanzado dos nuevos proyectos de emprendimiento social en Ngozi: un gallinero, de la mano de nuestro siempre fiel voluntario Serges, y una granja de cerdos, en colaboración con nuestro querido voluntario Éloge. Nada nos hace más ilusión que poder ayudar a nuestros voluntarios en sus proyectos de emprendimiento… ¡Esperamos recibir por su parte algún donativo en especie en nuestra próxima visita a Ngozi!
Además, también nos hemos lanzado estos últimos meses, por primera vez, a la aventura de nuestro programa de reparto de tarjetas sanitarias para familias batwas en distintas comunidades, que les permite tener acceso al sistema burundés de salud. Un año más, hemos lanzado de nuevo nuestro ya famoso Programa de microcréditos en la Universidad de Ngozi, con el que desde hace años financiamos los estudios superiores de los mejores estudiantes de las distintas facultades de la Université de Ngozi. Y también te contamos un proyecto sencillo que nos hace especial ilusión: después de muchos años sufriendo en primera persona el esfuerzo que supone cortar leña con el hacha durante horas a 35 grados al sol en la casa de las Misioneras de la Caridad de Madre Teresa de Calcuta en Kirundo, nos han pedido, y hemos podido, comprarles una motosierra, lo que les supondrá un ahorro importante de dinero, tiempo y esfuerzo. Querida hacha: ¡ha sido un placer trabajar juntos pero no te echaremos de menos!
Aparte de todo esto, en los próximos meses se vienen bastantes proyectos que estamos deseando contarte: aducción de agua en Mureke, nuevas casas batwa, nuestro sueño de llevar electricidad a toda Ndava… Stay tuned!
Por último, un año más, y ya van 19, te contamos que volvemos a Burundi con nuestros programas de voluntariado internacional. Serán casi 100 voluntarios los que este verano tendrán la suerte de entregarse en el corazón de África: 1 grupo en junio para alumnos de bachillerato, dos grupos en julio para universitarios y dos grupos en agosto para jóvenes profesionales. Acabamos de lanzar el proceso, así que si no quieres perdértelo ya sabes: apúntate aquí.
España
En cuanto a novedades en España, te contamos que en octubre, celebramos nuestro I Torneo de Golf x Burundi. Tuvimos aforo completo, fue todo un éxito y este año repetiremos, así que si te gusta el deporte de los caballeros estate atento. Además, en diciembre celebramos la Navidad desde Burundi, y aunque este año no nos tocó la lotería, algún afortunado se llevó jamón del bueno cortesía de Montesierra a su casa… Y por último, estas Navidades, por octavo año consecutivo, volvimos a convertirnos en Reyes Magos y nos encargamos de conseguir los regalos de los 93 niños de la casa de las Misioneras de la Caridad de Madre Teresa de Calcuta: ¡muchas gracias por hacerlo posible!
También te contamos que seguimos con nuestro voluntariado mensual en Madrid, porque todo empieza en casa. Para apuntarte a echar una mano en nuestros planes con Down Madrid y las Misioneras de la Caridad, puedes hacerlo en nuestro grupo de WhatsApp y en nuestra web.
Además, te recordamos que seguimos metiéndole bastante caña a nuestra tienda de Imigambi, con café 100% social de Burundi, y a nuestra tienda de Isoko, con productos textiles de Burundi. Si quieres cambiar el mundo cada día desde casa ya sabes… ¡Más fácil imposible!
Por último, te contamos que, por cuarto año, nos hemos vuelto locos y lanzamos una nueva edición de “La 111”, el reto deportivo solidario por Burundi en el que recorremos sin parar 111 kilómetros a pie en menos de 24 horas. Será en Ávila el fin de semana del 12 al 14 de abril y puedes apuntarte aquí… si eres lo suficientemente valiente.
Y esto es todo; de momento. Si has llegado hasta aquí, solo podemos decirte gracias por estar siempre ahí. Volveremos pronto con más noticias, qué ganas de contarte… ¡Komera!
Con mucha emoción, por fin podemos gritar al mundo y contaros que nuestro proyecto “Creciendo juntos”ha ganado el Primer Premio al Voluntariado Universitario de la Fundación Mutua Madrileña entre un total de 90 proyectos de voluntariado en los que participan más de 1.500 alumnos, que estudian en 65 universidades españolas. El premio de 15.000€ se destinará íntegro para construir nuestra Escuela infantil “San Nicolás” en Ndava, Burundi. Pero se trata de mucho más que un premio: es la solución a un problema que nos permite cerrar el círculo de la educación en Ndava.
Porque en Ndava, la educación empezaba “tarde”, a los 6 años de edad, y los niños llegaban a la primaria con importantes carencias cognitivas y sociales, y sus familias vivían condicionadas: o los hermanos mayores dejaban de estudiar para cuidar a los pequeños, o los padres perdían su capacidad de trabajar al tener que quedarse en casa cuidándoles. O lo que es peor, los niños se quedaban solos en casa o vagando por los caminos, con todos los riesgos que eso supone. Ahora, un niño en Ndava podrá entrar en nuestra escuela infantil a los 3 años y no soltarnos la mano hasta la universidad.
Por todo esto, queremos dar las gracias de corazón a la Fundación Mutua Madrileña por creer en el poder de los jóvenes para cambiar el mundo, y a vosotros, socios y voluntarios, que nos habéis ayudado a hacerlo posible, animándonos siempre a hacer pequeñas cosas con mucho amor. Gracias a todos por apostar por Ndava y por este proyecto que hoy, más que nunca, es una realidad… ¡Komera!
Estos últimos meses han sido de muchos cambios: nuevo nombre, nueva imagen, nueva web… Ahora que ya están las aguas más tranquilas, queríamos aprovechar este impulso para contaros una buena noticia y es que, de ahora en adelante, queremos haceros más partícipes de lo que va pasando en nuestro día a día. Somos conscientes de que hemos estado un poco ausentes, al menos por email, porque ya sabéis que lo nuestro siempre ha sido más lo presencial, y que siempre hemos preferido poner el foco en lo realmente importante: los proyectos, las personas, y la realidad del terreno tanto en Burundi como en España. Aun así, creemos que también es importante contar lo que hacemos, para que todos los que estáis ahí al otro lado podáis vivir nuestra labor más de cerca, para compartir nuestras alegrías, nuestras dificultades, nuestros retos, nuestros sueños… Y también, por qué no, para aportar un poco de luz al mundo 🙂
Teniendo en cuenta lo anterior, y además del contenido que vamos publicando en Instagram, LinkedIn y YouTube, a partir de ahora queremos enviaros periódicamente también por aquí las novedades más importantes de todo lo que va pasando en KOMERA. Porque si para algo nació esta aventura hace ya 19 años fue para compartir: compartir nuestras inquietudes, compartir la vida, compartir nuestras ganas de cambiar el mundo… Y es que, en el fondo, la verdadera felicidad solo es posible al compartir y al salir de uno mismo y poner el foco en los demás.
Empezamos con lo importante: como sabéis, y si no es para hacérnoslo mirar, después de 18 años siendo “ASU”, y de rebelarnos con nuestra mayoría de edad recién cumplida, hemos pasado a llamarnos “KOMERA”, que hace referencia, en sentido literal, al “ánimo para conseguir grandes cosas en la vida”. Estamos felices porque representa a la perfección el por qué hacemos lo que hacemos, y porque nos permite llevar Burundi en nuestro corazón. Si queréis saber más, os dejamos todos los detalles del cambio de nombre aquí.
Además, os dejamos nuestra nueva web, donde podréis encontrar todos los detalles de quiénes somos, qué hacemos, por qué hacemos lo que hacemos… Y si os gustan los temas de diseño y queréis saber un poco más, os dejamos también cómo ha sido el proceso de rebranding.
Os contamos también en este sentido que en octubre hicimos un evento de lanzamiento de KOMERA en Caleido: fue una gran ocasión para presentar la nueva marca, hacer repaso de todos estos años y mirar juntos hacia el futuro, y, sobre todo, para hacer familia y compartir este momento tan especial de nuestra historia con todos los que pudisteis venir. Estamos terminando el vídeo recap de ese día tan especial y esperamos compartirlo muy pronto, así que de momento os dejamos el vídeo que hemos hecho explicando el porqué de KOMERA y el vídeo de “Los valientes”, que estrenamos con la nueva marca y que profundiza en lo más profundo de nuestra razón de ser.
El cambio a KOMERA supone un antes y después en nuestra historia, y queremos que esta nueva aventura vaya de la mano de tratar de poner palabras a lo que pasa por nuestro corazón. Si habéis estado en Burundi, sabéis que no siempre es fácil dar noticias a los que están “en casa”. La conexión no suele ser la mejor, y además siempre hay mil cosas que hacer, mil niños con los que disfrutar, mil líos que resolver, mil aventuras que vivir… Pero eso no quita que haya que hacer un esfuerzo para dar señales de vida de vez en cuando y compartir con nuestros seres queridos lo que van viendo nuestros ojos y lo que vamos viviendo en nuestro interior. En esos momentos, lo que solemos hacer es subir a lo alto de la colina: solo allí es posible encontrar un poquito de conexión, y sobre todo, un poco de paz para parar, hacer silencio, contemplar y abrir el corazón. Por eso, hemos querido llamar a esta nueva aventura “Desde lo alto de la colina”. Sentimos cierta responsabilidad porque somos conscientes de que nunca es fácil hablar de uno mismo, y menos cuando se trata de mostrar nuestra verdad más profunda, pero prometemos intentar hacerlo lo mejor posible, como siempre: haciendo pequeñas cosas con mucho amor.
La primera edición de “Desde lo alto de la colina” llegará en los próximos días, pero si necesitáis vuestra pequeña dosis de Burundi hoy mismo, os dejamos aquí abajo nuestro documental “La belleza salvará al mundo”, que estrenamos hace unas semanas de la mano de nuestros amigos Héctor Zurita y Pablo Garna, y que profundiza en cómo Burundi nos cambia la mirada… y la vida. Volvemos pronto con más noticias, qué ganas de contaros… ¡Komera!