Lo que se queda

Lo que se queda

Después de unas semanas de nuestra vuelta a casa, de volver a la rutina, a las reuniones, a las clases, al trabajo, a los atascos y a todas esas pequeñas cosas que conforman nuestra vida diaria, llega ese momento en el que uno intenta parar y mirar atrás para entender qué ha pasado este verano en Burundi. Y, como cada año, nos vuelve a pasar lo mismo. No sabemos muy bien cómo contar lo vivido en el corazón de África. Porque Burundi no es una historia que se pueda resumir, y las palabras siempre se quedan cortas. No son los kilómetros recorridos, ni los proyectos realizados, ni siquiera todas las personas que hemos tenido la suerte de conocer. Burundi es algo mucho más difícil de explicar. Es una forma diferente de mirar, es una sonrisa, un encuentro, una conversación sin palabras. Es, en definitiva, algo que sucede dentro.

Pero empecemos por el principio. Este verano hemos vuelto a Burundi un año más con más de 60 voluntarios repartidos en cuatros grupos de universitarios y jóvenes profesionales. Cuatro grupos diferentes, cuatro historias diferentes, cuatro maneras de vivir el viaje… pero un mismo deseo: entregarnos y dejarnos sorprender. Y, a la vuelta, una certeza: que Burundi se ha quedado con nosotros aunque nos hayamos ido.

 

Una historia que se sigue escribiendo

El verano comenzó, como ya es tradición, con los grupos de universitarios, que después de muchos meses de preparación, llegaron a Burundi con las mismas ganas de siempre. Unos empezaron con el campamento de Ndava, donde 150 niños nos abrieron de par en par las puertas de su corazón y, por muy paradójico que parezca, nos enseñaron a aprender. Sí, porque llegamos pensando que íbamos a enseñarles algo y terminamos descubriendo que eran ellos quienes tenían mucho que enseñarnos. Nos enseñaron a disfrutar de lo pequeño. A vivir el presente. A reír sin necesitar demasiado. A abrazar sin pedir explicaciones. A confiar. A querer. Y es que, un año más, hemos vivido esa gran paradoja: cuanto más creemos que vamos a dar, más recibimos. Pensábamos que íbamos a llevarles nuestro tiempo, nuestros conocimientos y nuestras ganas. Y acabamos llevándonos una forma diferente de entender la vida…

Aprendiendo a aprender…

Y también, volvimos a Kirundo, donde la casa de las Sisters se convirtió un año más en nuestro hogar, y donde nos encontramos con los niños, los ancianos y los enfermos; con el cansancio, el trabajo y las tareas más sencillas; con las sonrisas, los abrazos y esa alegría que parece no necesitar ninguna explicación. Allí, en ese pequeño oasis de paz, volvimos a ponernos a disposición de las Misioneras de la Caridad, haciendo lo que tocaba y simplemente estando. Sin más. Porque ahí está precisamente el secreto, en estar. En servir. En no pretender grandes cosas, sino en hacer pequeñas cosas con mucho amor. Una vez más, las Sisters nos enseñaron que el amor no necesita grandes discursos. Que el amor se cocina, se limpia, se acaricia, se acompaña. Que el amor se hace pequeño. Y que, precisamente por eso, acaba siendo infinito.

Pequeñas cosas con mucho amor

Ya en agosto, llegaron los grupos de jóvenes profesionales que decidieron apostar sus pocas vacaciones por algo más grande. Los primeros empezaron en Ngozi, donde llevamos a cabo una nueva edición de nuestro tradicional curso de desarrollo personal y capacitación profesional en la Université de Ngozi, con las clases de IA como claras protagonistas. Es curioso pensar que, mientras nosotros llegábamos desde España para hablar de futuro, tecnología y oportunidades, Burundi volvía a enseñarnos que hay cosas que ninguna ciencia puede sustituir, como compartir un encuentro, una mirada, una conversación, una mano tendida, una sonrisa. También fue un auténtico regalo poder cuidar la capilla de la universidad que inauguramos en marzo de la mano de nuestros amigos de la Fundación Hakuna. Por las tardes cambiábamos las aulas por los juegos del campamento, los deportes, las clases de español, los niños de Giriteka y la vida que iba surgiendo. Porque en Burundi los planes importan, pero mucho más importa estar disponible. Y también estuvimos una semana en Kirundo. En la casa de las Sisters. En ese lugar al que parece que cada año llegamos por primera vez y del que cada año nos cuesta un poco más marcharnos…

Entrega de diplomas en el curso de la Universidad de Ngozi

 

Un verano para recordar

Este verano, además, ha tenido algo diferente. Quizá porque, después de casi veinte años en Burundi, hemos empezado a mirar atrás. En 2007 llegábamos por primera vez a la colina de Ndava sin saber muy bien qué nos encontraríamos. El resto de la historia ya la sabéis: media vida en Burundi, muchos viajes y muchos proyectos de cooperación… Este año hemos vivido uno de esos momentos que, de alguna manera, cierran un círculo. Y es que después de tanto tiempo soñándolo, por fin hemos inaugurado nuestra iglesia Madre Teresa de Calcuta en Ndava, la primera de Burundi dedicada a nuestra santa favorita. Una iglesia que no es solo un edificio, si no la materialización de una historia compartida, la historia de todos los que durante estos años hemos puesto nuestro tiempo, nuestros recursos, nuestro esfuerzo, nuestras oraciones y nuestro corazón al servicio del corazón de África. Y allí, rodeados de nuestros amigos burundeses, de nuestros voluntarios, de tantas personas que han hecho posible este camino, y, de manera muy especial, de nuestras queridas Misioneras de la Caridad que viajaron desde Kirundo, pudimos tocar un poco el cielo en la tierra. Y nos dimos cuenta de algo. Y es que esto no va de construir cosas. Va de construir relaciones. De construir esperanza. De construir una historia que, aunque muchas veces no entendamos, sabemos que merece la pena…

Nuestras queridas Sisters en la inauguración de nuestra iglesia Madre Teresa de Ndava

 

Y ahora, ¿qué?

Ya de vuelta en España, como cada año, llega la pregunta más difícil. ¿Qué hacemos ahora con todo esto? Porque Burundi queda a miles de kilómetros. Los niños siguen en Ndava, los universitarios en Ngozi, las Sisters en Kirundo… Y nosotros estamos otra vez en Madrid. Pero sentimos que algo ha cambiado. Porque sabemos que el verdadero reto de ir a Burundi no es cambiar Burundi, sino permitir que Burundi nos cambie a nosotros. Y que después de haber visto una alegría tan sencilla, aprendamos a vivir con más alegría. Que después de haber recibido tanto con tan poco, sepamos agradecer más. Que después de haber descubierto que el amor se encuentra en las cosas más pequeñas, tengamos el valor de volver a nuestras casas y empezar por ellas. Y que después de haber visto tantas vidas entregadas, entendamos que nuestra vida también está llamada a ser entregada.

Porque Burundi no puede quedarse en Burundi. No puede quedarse en unas fotografías, unos recuerdos, y unas birras de vez en cuando entre amigos. Burundi tiene que llegar a Madrid. A nuestras familias. A nuestros amigos. A nuestras universidades; a nuestros trabajos. A nuestra forma de mirar al que tenemos al lado. Porque si algo hemos aprendido este verano es que quizá no estamos llamados a hacer grandes cosas. Pero sí estamos llamados a amar. Y eso sí podemos hacerlo aquí. Todos los días.

¿Qué hacemos ahora con todo esto?

 

Lo que se queda

Dicen que los viajes terminan cuando uno vuelve a casa. Pero nosotros tenemos la certeza de que hay lugares que, aunque dejemos atrás, se quedan dentro de nosotros. Y Burundi es sin duda uno de ellos. Se quedan las risas de los niños de Ndava. Se quedan las ganas de mejorar de los universitarios de Ngozi. Se quedan los abrazos de Kirundo. Se queda la alegría de las Sisters. Se queda, sobre todo, una certeza: que la vida tiene mucho más sentido cuando se entrega. Por eso, cuando volvemos a mirar atrás, nos damos cuenta de que este verano hemos vuelto a casa con el corazón más lleno. Y ese es quizás el verdadero regalo de Burundi. Porque después de casi veinte años seguimos sin entender del todo qué tiene esta tierra… Pero seguimos queriendo volver. Seguimos queriendo dejarnos sorprender. Seguimos queriendo aprender. Seguimos queriendo entregarnos. Porque Burundi nos ha enseñado que hay cosas que solo se entienden cuando se viven. Que lo importante no es lo que dejamos allí, sino lo que dejamos que Burundi haga en nosotros.

Un año más, volvemos a casa. Pero una vez más, sabemos que Burundi no se queda en Burundi, y que una parte de Burundi se queda en nosotros. Y también, que un poquito de nosotros se queda allí. Por eso solo podemos decir “gracias”. Gracias, Burundi. Gracias por tanto. Por abrirnos las puertas de tu casa. Por hacernos pequeños. Por ser una escuela de vida. Por recordarnos lo esencial. Y por seguir revelándonos, una y otra vez, que la vida merece la pena cuando se vive para los demás. Nos vemos pronto.

Gracias, Burundi

Desde lo alto de la colina – II

Desde lo alto de la colina – II

Hace ya unos meses, contábamos que veía la luz “Desde lo alto de la colina”, un proyecto para contar periódicamente lo que vamos viviendo en KOMERA.¡Hoy es día de noticias!

Burundi

Empezamos como de costumbre con lo que pasa en Burundi, donde estos últimos meses hemos tenido bastantes novedades.

Una de las principales noticias es que por fin hemos podido iniciar la construcción de nuestra Escuela infantil “San Nicolás” de Ndava, cuyo objetivo es plantar una semilla en los niños más pequeños de Ndava, que les permita comenzar su educación y socialización con otros niños antes de comenzar la escuela primaria con 6-7 años. Ya llevamos unas semanas de construcción gracias a la ayuda de la Gymkana Esther López-Arce, del Primer Premio al Voluntariado Universitario de la Fundación Mutua Madrileña (vídeo aquí), y de los voluntarios que este verano van a estar en terreno. Nuestro objetivo es poder empezar las primeras clases en septiembre… ¡Vamos a por ello!

Por otra parte, casi dos años después, se ha cumplido nuestro sueño de terminar la construcción y el equipamiento de nuestra Iglesia “Madre Teresa” de Ndava, que ayudará a atender espiritualmente a los casi 1.500 niños, y sus familias, que tendremos en nuestras escuelas de Ndava. Este próximo 18 de julio tendrá lugar la inauguración con una solemne Misa presidida por el Obispo de Ngozi y por el Padre Apo, y con una sorpresa muy especial: además de nuestros voluntarios, también estarán presentes nuestras queridas Sisters, que viajarán desde Kirundo para no perderse un día tan importante. Sin duda, la inauguración de la primera iglesia de Burundi consagrada a Madre Teresa de Calcuta lo merece… ¡Qué ganas de que llegue ya el gran día!

Por su parte, el proyecto de la capilla “El Deseante” de la Universidad de Ngozi, que llevamos a cabo con la Fundación Hakuna, también va viento en popa: se inauguró el pasado mes de marzo y estos meses está siendo fundamental para la vida espiritual de la universidad, con la celebración de Misas y Horas Santas, además de catequesis, talleres de formación, composición musical, etc.

Hemos empezado también el proyecto de la aducción de agua en Mureke, que nos permitirá llevar agua a más de 100.000 personas con un recorrido de 15 kilómetros, incluyendo nuestro querido Seminario menor de Mureke, donde estudian más de 600 jóvenes. Este proyecto lo estamos llevando a cabo con la ayuda de Auara y de la Fundación PwC al haber resultado ganadores de los Premios ¡Apadrina! – 2026. La verdad es que estamos felices: después de haber vivido en primera persona la realidad de Mureke desde hace muchos años, este proyecto no nos puede hacer más ilusión… 

En lo que se refiere a emprendimiento social, la novedad es que recientemente hemos lanzado nuestro primer proyecto de cría de conejos en Ngozi de la mano de nuestro querido voluntario Sergio, que se une a nuestros proyectos de cría de gallinas y de cría de cerdos de la mano de nuestro voluntario Éloge… ¡Cuando nazcan nuestros primeros conejos os contaremos novedades! También en este ámbito, hemos llevado a cabo un año más nuestro famoso Programa de microcréditos en la Universidad de Ngozi, con el que desde hace años financiamos los estudios superiores de los mejores estudiantes de las distintas facultades de la Université de Ngozi.

Aparte de todo esto, en los próximos meses se vienen bastantes nuevos proyectos que estamos deseando contaros, entre los que destaca nuestro sueño de llevar electricidad a toda Ndava… Stay tuned!

Por último, como es habitual, estos últimos meses también hemos estado muy presentes físicamente en Burundi para lo más importante: seguir compartiendo en persona con nuestros hermanos burundeses. Por un lado, nuestras queridas voluntarias Inés y Emma han estado en Burundi todo el año cogiendo el relevo de Jaure y Lu, que estuvieron el año pasado, para echarnos una mano con los distintos proyectos que llevamos a cabo. Además, en mayo, tuvimos la suerte de visitar Burundi una vez más con nuestros amigos de la Fundación Hakuna, con quienes pudimos inaugurar la capilla de la Universidad de Ngozi, pensar en nuevos proyectos, conocer al Cardenal Tagle… Ahora en julio, también estamos en Burundi con unos invitados muy especiales: nuestro querido Padre Ignacio Amorós “Chete”, Fray Marcos, El Gordo Verde de Se Buscan Rebeldes, y nuestro amigo Héctor Zurita, con quien grabamos nuestro documental “La belleza salvará al mundo”, que nos acompañan para inaugurar nuestra Iglesia “Madre Teresa” de Ndava, para grabar algunos episodios de Rebeldes Podcast y muchas cosas más que estamos deseando contaros… 

Y por supuesto, no nos olvidamos de nuestros voluntarios de verano: desde hace unas semanas tenemos a dos grupos de universitarios en Burundi, que en agosto serán relevados por otros dos grupos de jóvenes profesionales. Han sido meses de mucho trabajo en España preparando el proyecto con mucho cariño: sesión informativa, entrevistas, reuniones de trabajo, recopilación de material de cooperación, preparación de las clases, lanzamiento de todo tipo de iniciativas de recaudación de fondos… ¡Por fin ha llegado el momento de la verdad!

España

En febrero estuvimos un año más en Volunfair, en marzo corrimos una vez más los 4k por Burundi en el Retiro, mientras que en abril celebramos por cuarto año consecutivo “La 111”, el reto deportivo solidario por Burundi en el que recorremos sin parar 111 kilómetros a pie en menos de 24 horas, y que fue un absoluto éxito de recaudación. En junio llevamos a cabo la rifa solidaria “Otras miradas”  y nuestra tradicional porra del Mundial, y también resultamos premiados en la III Edición del certamen “Benditas Marcas” de la Universidad Villanueva. Y en julio hemos llevado a cabo la rifa solidaria “Brinda por Burundi”, el evento benéfico “Good Summer Vibes” en Florida Park, y un nuevo “pequeño gran” reto de nuestros queridos aventureros Manu Echanove y Benja Michavila: el ascenso del Matterhorn. 

En lo que se refiere a voluntariado local, en abril lanzamos la campaña “El Día de la Tierra” de la mano de Hines, en mayo nos unimos por primera vez a la Hospitalidad de Lourdes para participar en su peregrinación a Lourdes y acompañar, asistir y compartir la estancia de personas enfermas o con discapacidad, y en junio llevamos a cabo una jornada de voluntariado con niños de educación especial en el Colegio Virgen de Lourdes junto con nuestros amigos de LEGO. 

También nos hace ilusión contar que en junio nos visitó en Madrid nuestro querido Padre Apo, con quien compartimos unos días para seguir soñando juntos en Burundi… Además, estos meses hemos seguido con nuestros planes de voluntariado mensual en Madrid, porque el voluntariado empieza en casa. Para apuntarte a echar una mano en nuestros planes con la Down Madrid y las Misioneras de la Caridad de Madre Teresa de Calcuta, puedes hacerlo en nuestro grupo de WhatsApp y en nuestra web.  

Por último, seguimos metiéndole bastante caña a nuestra tienda de Imigambi, con café 100% social de Burundi, y a nuestra tienda de Isoko, con productos textiles de Burundi. Si quieres cambiar el mundo cada día desde casa ya sabes… ¡Más fácil imposible!

Y esto es todo; de momento. Si has llegado hasta aquí, solo podemos decirte GRACIAS por estar siempre ahí. Volveremos pronto con más noticias, qué ganas de contarte… ¡Komera!

 

 

 

PD: si a ti que nos lees te gusta el golf, guárdate en rojo en el calendario el sábado 24 de abril de 2027 por la tarde… No hay excusas.

Maestros del arte de vivir

Maestros del arte de vivir

Hace unos días volvíamos de Burundi. Hemos aprovechado este viaje, con más tiempo y calma que de costumbre, para visitar nuestros proyectos en terreno, reunirnos con nuestros socios locales y amigos, compartir con nuestros beneficiarios, explorar nuevas oportunidades y pensar nuevas ideas, descubrir nuevos lugares, organizar los cinco viajes que llevaremos a cabo este verano este verano en Burundi… Pero sobre todo, este viaje nos ha servido para seguir desenvolviendo el regalo que es Burundi. Y es que, por mucho que nos empeñemos una y otra vez en llevarlo todo perfectamente controlado, la vida siempre acaba imponiéndose en el corazón de África. Y así, una vez más, el país de las mil y una colinas nos ha ido sorprendiendo cada día. Con su sencillez, su alegría, su belleza, su vida entregada, su testimonio de fe… Burundi es un misterio que se revela poco a poco y se renueva continuamente, inundando nuestros corazones y transformando nuestra mirada y nuestra realidad.

Además, tuvimos la suerte de reunirnos con el Nuncio apostólico en Burundi, Monseñor Datanou, con Monseñor Gervais Banshimiyubusa, arzobispo de Bujumbura, y con el Padre Alexandre Awi Mello, Superior General de Schoenstatt. ¡Hemos podido compartir mucho y aprender mucho de ellos!

D. José Pedro Manglano, de Hakuna, con el P. Alexandre Awi, Superior General de Schönstatt y Carlos Bobillo

En este viaje, hemos tenido la suerte de que acompañara a Carlos Bobillo “Bobi”, de ASU ONG, nuestro querido Don José Pedro Manglano “Josepe”, fundador de Hakuna. A través de sus ojos, hemos podido redescubrir el verdadero sentido de nuestra misión, y confirmar aquella primera intuición que tuvimos hace ya 18 años: Burundi no merece la pena; merece la vida. Así nos contaba Josepe su experiencia en Burundi:

“A pesar de ser el país más pobre del mundo, este pueblo sorprende por su fe, su dignidad, su sencillez, su alegría y su belleza salvaje. Sí, todo fluye. Sin idealizarlo, sí es verdad que en este pueblo las relaciones son sanas: se relacionan bien con Dios, con la naturaleza, con la vida, con la muerte, con el dolor, con el tiempo, con la dificultad… Mucha vida. Mucha vida. Mucha vida. Dios se revela también aquí; especialmente aquí, en la gente sencilla. Se palpa que la pobreza de espíritu nos hace “obedientes” a la realidad, realidad que nunca se escapada de la palma de la mano de nuestro buen Dios. En su pobreza son unos maestros del arte de vivir. ¡Gracias!”

Don Josepe en la casa de las “Sisters”, Misioneras de la Caridad de Madre Teresa de Calcuta en Kirundo

Urakoze a ti por todo Josepe, ¡Burundi te espera siempre con los brazos abiertos!

2025, ¡komera!

2025, ¡komera!

El 2024 toca a su fin, y, como ya es tradición, aprovechamos estas fechas para hacer balance de todo lo que hemos hecho juntos este último año.

En una sola palabra, este año podría resumirse así: “komera”. A los que hemos tenido la suerte de recorrer las colinas del corazón de África, es una palabra que nos resulta muy familiar. Y a los que no, seguramente os pille un poco por sorpresa. Esta palabra, muy popular en kirundi, el idioma de Burundi, no tiene traducción exacta a ninguna otra lengua, pero se interpreta como un deseo profundo de ánimo, de ser valientes y de perseverar para superar los retos que nos plantea la vida. Y es que justo eso es lo que nos llevamos del 2024: ha sido un año tan increíble en todos los sentidos que solo podemos mirar hacia delante con el ánimo de seguir recorriendo este camino juntos, sin miedo, con los ojos del rostro y del corazón bien abiertos para seguir creciendo y llegando más lejos cada día.

Empezamos el 2024 confiando mucho, porque si de algo nos hemos dado cuenta después de tantos años con este proyecto, es que, por mucha planificación que queramos hacer, la vida siempre va por delante abriendo camino y nosotros vamos detrás intentando seguir el ritmo.

Y así ha sido un año más. Y es que ahora, echando la vista atrás, nos damos cuenta de todo lo que hemos logrado juntos este año sin tan siquiera haberlo podido soñar hace solo unos meses. Y nos reafirmamos en que solo podemos seguir siendo instrumentos para intentar que se cumpla un plan mucho mayor que sin duda nos sobrepasa… ¡Soñad y os quedaréis cortos!

Empezamos el año compartiendo a través de “Un viaje al corazón” algunos de nuestros proyectos de cooperación, poniendo rostros y voz a la labor que llevamos a cabo en el corazón de África desde hace 16 años. Así, hemos podido llevaros a nuestro Centro materno infantil “San Lucas” de Ndava, donde un año más hemos realizado cientos de partos y miles de atenciones médicas sobre todo en epidemias y malnutrición. También viajamos a nuestro programa de Microcréditos en la Universidad de Ngozi, gracias al cual los mejores estudiantes de las distintas facultades están llamados a convertirse en la generación que cambie el rumbo del país. Continuamos visitando nuestra Escuela secundaria “San José” de Ndava, que por fin hemos podido terminar para dar continuidad a la educación de los más de 950 niños de nuestra escuela primaria. Y por último, pudimos conocer más de cerca nuestro “Goat Project”, gracias al cual descubrimos cómo una cabra puede cambiar el futuro de una familia.

Después, tras muchos años de trabajo, fuimos muy felices al lanzar al mundo nuestro primer proyecto de emprendimiento social en Burundi, nuestra marca de café 100% sostenible Imigambi, con el objetivo de producir el mejor café dándole el mejor futuro a los agricultores que con tanto cariño lo cultivan, y de reinvertir todos nuestros beneficios en ellos. “Imigambi” es una canción burundesa que habla de los sueños que, tras mucho esfuerzo, acaban cumpliéndose, y este proyecto sin duda es un sueño hecho realidad.

Nuestra primavera empezó intensa una vez más: volvimos a recorrer 111km un año más, con mucho esfuerzo y alegría, para financiar nuestro programa de Microcréditos en la Universidad de Ngozi. Después, nos fuimos a Burundi para grabar nuestro documental “La belleza salvará al mundo”, con el objetivo de compartir la belleza del corazón de África y todo lo que tiene que contarle al mundo. Y también, echamos una mano en la segunda campaña quirúrgica liderada por nuestros amigos de la Fundación Kyrikú, donde además nuestro querido Gilby fue operado por el Dr. César Casado por segunda vez.

Y así llegó el verano, el momento más importante del año para nosotros, con cinco viajes a Burundi con casi 100 voluntarios, donde pudimos abrir nuevos caminos y dejar un pedacito de nuestros corazones en Burundi, y también nos llevamos un pedacito del corazón de África en los nuestros. A la vuelta, reflexionando sobre todo lo vivido, solo pedíamos no olvidarnos de ser muy conscientes de que Burundi es cada día de nuestras vidas.

En los últimos meses del año, compartíamos con el mundo nuestro proyecto “La belleza salvará al mundo”, y aprovechábamos para entrevistar a Héctor Zurita, el filmmaker detrás del proyecto, quien compartía con nosotros sus experiencias en el país de las mil y una colinas. Y así, hemos podido contaros nuestros últimos proyectos de cooperación. En primer lugar, os presentábamos la construcción de nuestra Iglesia “Madre Teresa” de Ndava, para atender espiritualmente a los más de 1.500 niños de nuestras escuelas primaria y secundaria y al conjunto de la comunidad de Ndava. También nuestro Molino de cereal de Ndava, nuestro segundo proyecto de emprendimiento social en Burundi. Además, os presentábamos nuestro proyecto de construcción de casas batwa, para darle continuidad a lo que habíamos visto y oído el año anterior. Por último, os hacíamos partícipes de nuestro proyecto “Seamos luz”, con el que queremos llevar electricidad a nuestras escuelas primaria y secundaria de Ndava.

Además, durante todo el año, hemos seguido haciendo nuestro voluntariado local en Madrid con la Fundación Down Madrid y con nuestras queridas Misioneras de la Caridad, con la idea de que la ayuda siempre debe empezar aquí cerca de casa, y también para preparar nuestro corazón antes de nuestros viajes a Burundi, y darle continuidad a lo que allí vivimos a nuestra vuelta a Madrid. También hemos seguido organizando eventos varios como Jam Sessions, Open Mics, Music x Burundi, afterworks, torneos de pádel, etc. y varias pequeñas iniciativas hechas con mucho amor: nuestra tradicional Campaña de Reyes Magos con las Misioneras de la Caridad por séptimo año consecutivo, una recogida de alimentos con el Colegio Aldovea, unas protesis para Benitha, la lotería que este año no ha tocado…

Son muchas cosas, pero nada de todo esto habría sido posible sin la suma de muchos granitos de arena que se han ido juntando a lo largo del año:

• En primer lugar, los socios que nos apoyáis sin dudarlo cada año. ¡Gracias por recordarnos cada día que se puede estar lo suficientemente loco como para creer que cambiar el mundo es posible!
• En segundo lugar, las empresas que este año habéis apostado por nuestros proyectos: Key Capital, LEGO España, BCG, Trinity College, Clifford Chance, Montesierra, Legumbres La Pedriza, Bodegas William Humbert, Solera Motor, González Byass, De Luque, Aromas de Medina, Fundación Manolo Maestre Dávila, Colegio Peñalar, L35 Architects, Emperador Properties, Hermanos Martínez, Gymkana Esther López Arce… ¡Gracias por confiar en nosotros y por sumaros al cambio!
• En tercer lugar, todos los donantes que habéis colaborado con nosotros a lo largo del año en nuestros distintos proyectos, campañas, iniciativas, retos, eventos… ¡No hay granito de arena pequeño!
• Y por último, los voluntarios que habéis compartido con nosotros vuestro tiempo, vuestro cariño, vuestros conocimientos, vuestros esfuerzos, vuestras tristezas y vuestras alegrías, vuestras ganas de cambiar el mundo… ¡Pequeñas cosas con mucho amor!

Es ahora, echando la vista atrás, cuando nos damos cuenta una vez más de todo lo que hemos conseguido juntos, que sin duda nos sobrepasa pues es mucho más de lo que habríamos podido incluso soñar. Nos da pena despedir este año tan bueno, pero se nos pasa cuando miramos al frente y vemos todo lo que nos espera en este 2025 que ya está a la vuelta de la esquina, y que viene cargado de muchas novedades, retos y varias sorpresas importantes que pronto compartiremos con vosotros.

Son tantas cosas, más las que seguro que se nos olvidan, que nos cuesta encontrar la forma de compartir cómo nos sentimos estos días. Por todo esto, solo se nos ocurre una palabra para resumirlo todo y para no olvidarnos de lo más importante: seguir siempre hacia delante, confiando mucho y con valentía, con los pies en la tierra y el corazón en el cielo. Y así, una vez más, solo podemos gritar a los cuatro vientos… ¡komera!

La belleza salvará al mundo

La belleza salvará al mundo

Teníamos muchas ganas de escribir esta noticia; desde hace mucho tiempo. Y es que por fin, después de varios meses de trabajo “en lo escondido”, podemos compartir con vosotros un proyecto que nos hace especial ilusión.

La verdad es que este es un proyecto distinto al resto de proyectos que solemos llevar a cabo. Inmersos en nuestro día a día en Madrid y en nuestros proyectos de voluntariado y cooperación al desarrollo en Burundi, con frecuencia se nos olvida compartir lo mucho que estamos haciendo en el corazón de África. Y también, lo muy especial que es ese pequeño rincón del mundo. Dicen que uno de los mayores defectos del ser humano es la capacidad de normalizar lo extraordinario, y esto sin duda es algo en lo que nosotros podemos mejorar mucho. Porque nada de lo que ocurre en Burundi es normal, por mucho que nos empeñemos. Por eso, tenemos siempre una extraña sensación de sentirnos en deuda con Burundi y con el mundo por ser incapaces de compartir todo lo que tenemos la suerte de vivir, que en el fondo es lo que Burundi tiene que contarle al mundo.

Envueltos en estas ralladas mentales, hace unos meses se nos presentaba una oportunidad única: poder ir a grabar a Burundi con el objetivo de compartir con el mundo la belleza del corazón de África. Y no lo dudamos ni un minuto. Y así, en abril de 2024 Carlos Bobillo, de ASU ONG, se desplazaba a Burundi para grabar de la mano de un auténtico equipazo de profesionales de la comunicación: Héctor Zurita de la Vega (@hectorzurita14) y Pablo García Navarro (@pablogarna). Por delante, nos esperaba un viaje con grandes aventuras, pero también con una gran responsabilidad. Y es que desde el primer momento sentíamos la presión de estar a la altura de ser capaces de compartir con el mundo una belleza y una verdad tan profundas como la de Burundi…

Héctor Zurita, Pablo Garna y Carlos Bobillo con las Sisters de Madre Teresa de Calcuta en Kirundo

La realidad es que, un poco deliberadamente, decidimos no organizar demasiado el viaje, dándonos libertad para dejarnos sorprender. Y es que en el fondo no sabíamos muy bien a lo que íbamos, lo cual siempre es bueno. Lo único que teníamos claro es que no queríamos que este fuera un viaje más. Que no queríamos ser turistas. Que Burundi es un misterio y que lo importante era adentrarse poco a poco en sus profundidades y empaparnos de ese secreto para poder conocerlo, desvelarlo y, entonces sí, compartirlo. Y así, lo que en principio era un simple viaje para grabar, se acabó convirtiendo en algo mucho más grande: un viaje para compartir la belleza de Burundi. De sus paisajes, de sus personas, de sus historias. Porque todo en Burundi es genuinamente bello, desde lo más grande hasta lo más sencillo. Y porque si algo hemos aprendido de nuestro paso por el corazón de África es que, como decía Dostoyevski, solo la belleza puede salvar al mundo.

Y es que, después de tantas vivencias en Burundi, y un tiempo prudencial más que necesario para poder interiorizarlas, nos hemos dado cuenta de que para poder aspirar a una vida profunda y llena de significado, a una vida que se preocupa por buscar el alma de las cosas, es esencial ser capaces de reconocer y admirar la belleza de lo sencillo y cotidiano. Así lo resumía Platón: “la belleza es verdad; verdad es belleza. La belleza es el esplendor de la verdad. Solo esto sabrás aquí en la tierra y solo esto necesitarás saber”.

Lo que Burundi tiene que contarle al mundo

Y es que nos hemos dado cuenta de que la belleza, ya sea en su expresión más evidente como en los bosques de la Kibira, o en la más desapercibida como una conversación sencilla con los ancianos de Kirundo, abre y extiende los horizontes de nuestra conciencia humana, apuntando a algo más allá de nosotros, trayéndonos frente a frente con el abismo del infinito, convirtiéndose así en un camino a lo trascendente, al misterio último.  Decía Simone Weil que “en todo lo que despierta en nosotros un sentido auténtico y puro de belleza, ahí se encuentra, en verdad, la presencia de Dios. Hay una especie de encarnación de Dios en el mundo, de la cual la belleza es señal“.  Y esto es lo que nos enseña Burundi: solo si reconocemos que la belleza nos impacta en la intimidad, que nos maravilla y que nos hiere, que abre nuestros ojos, es cuando seremos capaces de descubrir la plenitud de penetrar el significado más profundo de la existencia.

En Burundi, hemos aprendido que hay belleza tanto en lo más grande como en lo más pequeño, tanto el placer como en el dolor. Que todo puede ser bello. Porque la belleza está en los ojos del que mira. Y así, esta belleza tan auténtica libera el anhelo de nuestro corazón humano, el profundo deseo de conocer, de amar, de ir hacia el otro, de aspirar a lo trascendente. Por eso, después de este viaje, solo podemos compartir con vosotros el gran secreto de Burundi, que no es otro que la belleza salvará al mundo.

Entrevista Héctor Zurita

Entrevista Héctor Zurita

Como os avanzábamos hace unos días, después de meses de mucho trabajo, por fin podemos mostraros el resultado de nuestro proyecto “La belleza salvará al mundo”. Por fin ha llegado al día. Por fin, os podemos invitar a viajar a corazón de África. Y a descubrir así su belleza, descubriendo también en el camino la belleza última de nuestra existencia. Esperamos que disfrutéis tanto del viaje como hemos disfrutado nosotros todos estos meses de trabajo.

Así nos recibía Burundi: la belleza del corazón de África brotó desde el primer momento

Además, hemos querido aprovechar el lanzamiento del proyecto para hacer un breve making-of del proyecto de grabación de “La belleza salvará al mundo”, entrevistando al cámara detrás de la cámara. Con todos ustedes, Héctor Zurita en vivo y en directo desde México para contarnos todo lo vivido en Burundi “behind the scenes” y compartir sus experiencias en el país de las mil y una colinas.

El cámara detrás de la cámara: no todo iba a ser trabajo 🙂

Héctor, ¿puedes hacernos una breve presentación personal y profesional de ti? (Cómo nace tu afición por la fotografía / imagen, tipo de proyectos en los que sueles participar, etc.)

Soy un documentalista mexicano que desde hace casi 10 años he tenido la oportunidad de recorrer el mundo por más de 50 países. Capturando a través de mi cámara la belleza que hay en el mundo, en sitios como la India, El Congo, Cuba, Filipinas, Venezuela; en contextos donde parecería que hay más miseria, en lugares aislados, es allí donde he podido percibir que Dios está más presente. Me he concentrado en trabajar muy cerca de la Iglesia Católica, siendo partícipe de cómo miles de personas valientes dan su vida al servicio de los demás.

Aunque llevas años oyendo hablar de Burundi por los proyectos de ASU, esta ha sido tu primera vez en el corazón de África: ¿ha sido realmente como te esperabas? ¿Qué te ha sorprendido más?

Desde hace un par de años llegó a mis oídos el nombre de Burundi a través de Bobi. Siempre estuve expectante de lo que sucedía en este pequeño y alejado lugar del mundo. No fue nada de lo que yo esperaba, al estar acostumbrado a un África caótica como lo puede ser Liberia en el golfo africano, los países musulmanes en el norte de África o incluso la República Democrática del Congo, que es vecina de Burundi; me encontré con un paraíso. Un lugar tranquilo, callado, con su respectivo caos, pero de una forma distinta. Las personas andando por las calles sin prisa ni agobio. Intensos colores en el ambiente. Lo que más me sorprendió fue que era una cultura hermética, que no ha sido afectada por occidente y se mantiene muy pura.

Nos ha dicho un pajarito que de los muchísimos países que has visitado, Burundi es el que más te ha impresionado. ¿Por qué?

De todos los países en los que me he podido aventurar, sin duda Burundi es el que más me ha cautivado, porque no solo fue viajar a un sitio recóndito, sino que fue viajar en el tiempo, incluso me atrevería a decir que el avión de Ethiopian Airlines nos llevó a otra realidad. Allí el tiempo se mide distinto, en un día te puede ocurrir lo de un mes, y lo mismo en una semana, no hiciste nada más que estar en un pequeño pueblecito. Sin duda es un lugar mágico, que el mundo globalizado de hoy tiene escondido como una perla.

¿Puedes contarnos alguna anécdota vivida en Burundi que recuerdes especialmente?

Muy al norte del país, en la frontera natural con Ruanda, fuimos a un lugar increíble: el extenso lago Cyohoha. Esta zona es una de las que más sufrió durante el episodio genocida en los años 90. Fue allí donde presencié uno de los momentos más hermosos que he visto. Cuando aún estaba oscuro, tomamos una balsa hecha con el tronco de un árbol de eucalipto. Allí vimos uno de los amaneceres más espectaculares que he presenciado jamás. Conforme salía el sol, se escuchaban los sonidos de las aves, los pequeños martines pescadores comenzaban su día de trabajo, más personas cruzaban de un lado a otro en sus balsas de eucalipto. A lo lejos veías como otras balsas echaban las redes al agua. Todo esto en un entorno completamente pacífico. Allí recordé el saludo tradicional de Burundi, “amahoro”, que quiere decir “que la paz este contigo”, y estoy convencido de que ese punto de encuentro entre dos países y dos etnias, era un santuario que invitaba a esa paz. Y para coronar el momento, escuchamos el sonido de un ave más potente, y en la copa de un pino divisamos un águila pescadora con su plumaje azul. Qué regalo más extraordinario.

Capturando la belleza del amanecer en el lago Cyohoha

¿Qué dificultades, tanto a nivel técnico como a nivel personal, te has encontrado grabando en Burundi?

Uno de los retos más importantes fue vivir el momento. Cuando te encuentras en un sitio como este, lo primero que a un documentalista le apetece es capturarlo, hacerlo suyo, lograr ese plano. Pero es cuando pones la cámara a un lado, cuando conversas con las personas, juegas con los niños, abrazas a los ancianos, es allí cuando te enteras de qué va la cosa. Tienes que buscar un balance entre lograr capturar tu historia, y saber vivir el momento.

¿Qué ha sido lo más fácil de grabar? ¿Y lo más difícil?

Lo más sencillo de grabar fue la alegría, no había que esforzarse mucho para que alguien te regalara una sonrisa. Por otra parte, lo más difícil, fue grabar los contextos de miseria, ellos te los presentaban con la misma sonrisa, pero cuando te acercas a una familia que vive en una choza de paja, o cuando entras a una sala de hospital repleta de personas con quemaduras, es donde el choque de realidad te da en la cara. Ahí no puedes esconderte, hay que verles a los ojos y con la misma dignidad que miras a un amigo, les miras a ellos. Es un momento difícil, pero muy hermoso. Ese intercambio de miradas, no de pena, ni tampoco de ánimo. Es un encuentro entre dos hijos de Dios. En el que uno se sabe visto por unos ojos con una verdad más profunda.

Este proyecto de grabación lleva por nombre “La belleza salvará al mundo”. Y es que Burundi es un país con una belleza muy característica que no siempre es fácil de capturar. ¿Qué crees que tiene Burundi de especial? ¿Qué has hecho para tratar de capturar esa esencia y reflejarla en tus vídeos?

Estoy convencido de que la belleza salvará al mundo. Esto es muy papable en el arte, porque inmediatamente cuando escuchas una melodía o ves una pintura, se suscita algo grande dentro de ti. Pero la belleza de la que hablamos es otra. Allí donde no hay una aparente estética, donde no hay una armonía unificada. Allí habita un orden mayor, la luz de la vida te envuelve por completo. Burundi, como algunos otros sitios en el mundo, tiene el secreto a esta belleza. “Lo sencillo”. Es en lo poco, en lo pequeño, en lo cotidiano, donde este pequeño país con forma de corazón te regala un latido tan profundo que tu propia vida se ve removida. Yo lo único que he hecho para capturarla ha sido permitirme ser testigo de la luz.

Viendo en todo belleza

Además de reflejar la belleza de Burundi, la idea del proyecto es explorar el misterio del sufrimiento y el secreto de la felicidad. ¿Crees que Burundi tiene algo que decirle al mundo en este sentido?

A lo largo de esta serie documental, queremos desvelar cómo Burundi, a pesar de ser el país más infeliz del mundo según los medios de comunicación y los indices económicos, es un sitio donde la felicidad se desvela en cada persona. Burundi tiene algo que gritar al mundo: la felicidad está por encima de lo material.

¿Qué te llevas de la experiencia? ¿Qué te llevas de Burundi y de su gente?

Podría asegurar que mi estancia en Burundi fue una experiencia espiritual alucinante. La cosmovisión católica que viven los burundeses es un tesoro. Allí las personas viven el cristianismo con el corazón abierto. Lo trasmiten en su cariño y asistencia a la Iglesia, pero también en el trato con sus vecinos: uno no distingue si son hermanos de sangre o solo vecinos de calle; las personas se cuidan de verdad. Viven con fervor su trabajo, y más que nada tienen un profundo sentido de familia. Ellos enaltecen la familia como la más bella de todas las instituciones. Y a pesar del sufrimiento, el hambre o la pobreza, la familia siempre reluce como piedra angular.

Tras tu paso de Burundi, ¿has notado algún cambio interiormente? ¿Cómo era el Juan del vuelo de ida y el del vuelo de vuelta? ¿Cómo ha sido la evolución?

Doctor Livingstone, supongo… En el siglo XIX, uno de los mayores exploradores de todos los tiempos, David Livingstone, dedicó su vida a recorrer África como misionero y explorador, descubriendo lugares como las célebres cataratas Victoria. Se dice que después de haber estado casi 10 años desaparecido, el periodista americano Henry Stanley finalmente lo halló en Burundi después de años buscándolo, pronunciando al encontrarse la famosa frase “Dr. Livingstone, supongo”, haciendo alusión a la cómica circunstancia de que no era probable que fuera otro hombre blanco el que se encontraba por casualidad en ese recóndito sitio. Me gusta creer que Livingstone no estaba perdido, sino que había decidido quedarse en Burundi durante un tiempo. El explorador de Africa más afamado de la historia no se perdió por casualidad, él decidió perderse. Cuando llegué a Burundi no pensé que encontraría un sitio tan inmersivo. Durante todo nuestro recorrido no vimos a ningún otro hombre blanco. Me gusta pensar que pisamos las huellas de los maestros exploradores. Y tal como ellos, decidimos perdernos en lo más profundo de su realidad, para así conocer la belleza interior que tenía por ofrecer. Al volver no podía ser igual, porque lo sencillo había tomado más relevancia que nunca.

Héctor Zurita, Pablo Garna y Carlos Bobillo con las Sisters de Madre Teresa de Calcuta en Kirundo

Después de haber conocido de cerca los proyectos de ASU, ¿crees que la labor que estamos llevando a cabo en Burundi tiene sentido? ¿Qué destacarías? ¿Qué crees que se puede mejorar?

El trabajo que ASU ha realizado en las comunidades desde hace varios años es un testimonio no solo de un excelente proyecto, sino de un amor verdadero por los burundeses. Se puede percibir un trato personal y especifico por cada persona, por cada nombre. No es fácil, porque en un contexto tan hostil, el cuidar de otros es muy complicado. Se nota como ASU no ha caído en un asistencialismo, sino en el cuidado personal de sus hermanos y hermanas de Burundi. Creo que con los años estas semillas darán frutos, y esos frutos que hoy ya vemos, espero puedan dar otros arboles que crezcan para cuidarles más.

¿Te gustaría repetir la experiencia?

Sería para mí un sueño volver a estas tierras que se quedaron con mi corazón, Burundi, el lugar más mágico del mundo. Creo de verdad que esta perla escondida, es una escuela para que personas de otros países y contextos, enseñándonos que se puede ser verdaderamente feliz a pesar de las circunstancias materiales.