Bolsa Social Misioneras de la Caridad – Asterion

Bolsa Social Misioneras de la Caridad – Asterion

A través de una generosa donación de Asterion Industrial Partners a ASU, la ayuda de las Misioneras de la Caridad y la de 23 maravillosos voluntarios, hemos podido llevar una ayuda especial a 89 familias que están pasando por una situación económica precaria y que lamentablemente se ha agravado con el covid.

El proyecto surge para poder dar respuesta y aliviar la situación precaria que las familias más necesitadas de Madrid están viviendo a causa de la pandemia que estamos sufriendo, y que tanta mella está provocando en algunas economías familiares. El objetivo ha sido facilitarles una ayuda para la compra de bienes de primera necesidad y acompañarles con cercanía, cariño y atención en estos momento complicados.

A través de las Misioneras en Madrid, pudimos ponernos en contacto con más de un centenar de familias necesitadas, quizás, podrías preguntarte ¿por qué estas familias? Son personas que habitualmente acuden al comedor social de la Madre Teresa en Vallecas y a las que por tanto las Sisters conocen de primera mano, así como su contexto familiar, necesidades concretas, situación personal…

En todo momento se les ha acompañado a lo largo del proyecto, haciendo especial hincapié en que no se trataba de un mero trámite de entrega de ayudas, sino que nos poníamos a su disposición para lo que pudiesen necesitar. Además, las familias han podido autogestionar los fondos recibidos según sus necesidades, permitiéndoles así decidir con libertad qué era lo que más necesitaban en su hogar.

Hablando con los voluntarios tras haber visitado a las familias, con especial cuidado del trato respetuoso, de empatía y comprensión, nos han contado que ha sido una experiencia increíble y muy gratificante, mucho más de lo que podrían haber imaginado. Además, han visto que cerca de su día a día hay una parte de la población que está sufriendo escasez material y se han visto reconfortados de poder empatizar con las familias y ofrecerles su tiempo y su ayuda. La impresión de la mayoría de los voluntarios ha sido que a pesar de los pocos recursos económicos que estas familias tienen, se podía ver una unión, alegría, generosidad y amor entre ellos.

Estamos ahora mismo elaborando un informe para medir la repercusión que ha tenido el proyecto, pero lo que si que tenemos claro ya es que con muy poco se hace mucho. 89 familias, sumando más de 400 personas entre todas ellas, han sido visitadas contando con la colaboración de más de 20 voluntarios. Las familias han destinado el dinero a bienes de primera necesidad: alimentos, higiene personal, droguería y material escolar. Este último aspecto nos ha llamado la atención ya que denota que las familias han dedicado parte del dinero también a la formación y educación de sus hijos.

Las familias están muy alegres de haber podido recibir la ayuda al mismo tiempo que los voluntarios han recibido más de lo que han dado porque como decía la Madre Teresa, “El que no vive para servir, no sirve para vivir”.

Burundi, cómo, dónde y sobre todo, por qué.

Burundi, cómo, dónde y sobre todo, por qué.

Carlos Bobillo, tras varios años en Burundi, nos cuenta sus experiencias en el corazón de África.

El proyecto de ASU, que como él mismo nos cuenta marca un antes y un después en la inmensa mayoría de los voluntarios, ha cambiado su vida en España, donde sigue con ganas de apoyar, luchar y trabajar por mejorar las condiciones de vida de los que menos tienen.

Jaime Puig de la Bellacasa, especialmente preocupado por la falta de ayudas en los países subdesarrollados y animado por generar la mayor cantidad de impacto en un mes, también ha participado en varios de nuestros proyectos en terreno.

Después de algunos años de trabajo conjunto en Madrid, y de coincidir además en proyectos sobre el terreno, ambos se han implicado de manera activa en los últimos proyectos que estamos desarrollando y que tanta necesidad hacen en estos momentos.

Os dejamos un breve testimonio de los dos en el que nos hacen más cercana la realidad del corazón de África y nos dan su testimonio, aportando alguna luz sobre la labor que desde ASU ONG venimos desarrollando en Burundi.

Gracias a los dos poner palabras a las experiencias vividas, y por ser, como siempre, un puente que conecta dos realidades tan distintas pero a la vez tan cercanas. Sigamos entre todos siendo ese canal que pone en contacto a gente que quiere ayudar con gente que necesita ser ayudada.

¡Seguimos! ¡Vamos! (o como dicen en Burundi, KOMERA!)

 

 

Dar vida a costa de perder la tuya

Dar vida a costa de perder la tuya

Dar vida a costa de perder la tuya. Aunque pueda parecer lejano, o incluso inverosímil, es una realidad a día de hoy. No en España y tampoco en el resto de países desarrollados donde los accidentes y el cáncer pueden ocupar estos puestos. Pero sí en Burundi, donde 1 de cada cien mujeres fallece al dar a luz, y donde 1 de cada 10 niños no supera el parto. La maternidad es allí la segunda causa de muerte, solo superada en ocasiones por la malaria.

Las mujeres se exponen a este riesgo más de 5 veces de media a lo largo de su vida (el índice de fertilidad en el país es de 5.5 hijos por mujer) y los niños que nacen, lo hacen ante el peligro de no tener acceso a la sanidad que necesitan para sobrevivir. De hecho, dos de cada tres hijos no llegan a la edad adulta.

Al conocer estos datos, en ASU no contemplamos otra opción que intentar confrontarlos. Desde España, nos imaginábamos las historias que sustentaban las cifras y quisimos ir hasta allí no solo para conocerlas sino, también, para intentar cambiarlas. Y allá que fuimos. 

La hermana de Eric

Hace poco más de un año llegamos Borja y yo a Ngozi. Cuando llevábamos 15 días trabajando en el proyecto, nos levantamos y, como era habitual, fuimos a desayunar. Eric, uno de los cocineros, estaba serio y callado, algo muy raro en él dado que se solía pasar el día bailando y escuchando canciones de Diamond (el ‘Daddy Yankee’ africano).

Preocupados, preguntamos a sus compañeros, quienes nos dijeron que su hermana había fallecido: iba a dar a luz ese mismo día, pero las complicaciones del parto y la falta de recursos para afrontarlas habían provocado su muerte. Fue un golpe inesperado para nosotros, pues era la primera vez que vivíamos una situación así tan de cerca, pero tristemente no para Eric ni el resto de sus amigos. Él había venido a trabajar como cualquier día. En Burundi, las muertes derivadas de la maternidad forman parte de su día a día.

El Centro de Salud San Lucas

La acción y el trabajo de ASU para paliar este drama se ha focalizado en Ndava, una comuna con 64.855 habitantes de los que el 52% son mujeres. Tras finalizar el proyecto de la escuela local donde cada día se forman más de 900 alumnos, decidimos mejorar la atención sanitaria de sus habitantes con la construcción del Centro de Salud San Lucas, especialmente centrado en maternidad pero también en epidemias (SIDA, tuberculosis y malaria) y malnutrición.

Se trata de un proyecto ambicioso, pues solo la construcción suponía un coste total de 154.395€. Gracias a la generosidad de muchas personas pudimos, sin embargo, conseguir el dinero y tras el esfuerzo de arquitectos, constructores y obreros, el proyecto es ahora una realidad en Ndava.

Este proyecto no acaba aquí, pues la construcción es solo es el primero paso. Todavía nos queda mucho camino para poder abrir las puertas de la clínica: licencias, instalación del equipamiento, compra de medicinas, contratación de personal… Os lo contaremos el mes que viene.

El Centro Materno Infantil construido por KOMERA visto desde arriba

Habitación del Centro Materno Infantil construido por KOMERA en Ndava

 

¿Sister, en qué puedo ayudar?

¿Sister, en qué puedo ayudar?

M: ¿Sister, en qué puedo ayudar? ¿Qué hago? 
S: Small things with great love.

Las hermanas Misioneras de la Caridad es una congregación religiosa que fundó santa Teresa de Calcuta en 1950 para cuidar a los más pobres de entre los pobres. Aunque comenzó en la India, pronto se extendió al resto del mundo y hoy está presente en 132 países. En cada casa de cada país las sisters viven, en comunidad, en la mayor pobreza. Desprendidas de todo lo material, visten un sari blanco con franjas azules, vestimenta clásica de las mujeres pobres de la India, que, junto a sus sandalias, un crucifijo y un par de cosas más es todo lo que tienen. Sin embargo, no necesitan más. Derrochan una felicidad desbordante y con plena confianza en Dios viven de la providencia.

ASU, desde su comienzo ha mantenido una estrecha relación con las Misioneras de la Caridad. Hemos tenido la inmensa suerte de trabajar con ellas en la India, Burundi, Nicaragua y Madrid y cada vez nos hemos quedado maravillados por la inmensa felicidad y paz que se respira en sus casas. Me cuesta encontrar las palabras para describirlo.

Según el país y sus circunstancias las actividades de la casa son distintas, pero en todas se vive de la misma forma. Su motor diario es la oración y la entrega: “Dar hasta que duela y cuando duela, dar todavía más”. La entrega más pura y desinteresada que jamás he conocido. En su servicio diario a los más pobres, dan de comer al que no tiene comida y no tiene medios para conseguirla, cuidan de niños cuyas familias no se pueden hacer cargo, luchan contra la desnutrición, cuidan de los enfermos que nadie quiere cuidar etc.…No podría resumir en un post todo lo que hacen en su día a día, pero os animo vivamente a acercaros un día a sus casas e involucraros.

Si, sé que involucrarse es salir de nuestra comodidad y cuesta, pero el esfuerzo merecerá la pena. Siempre recordaré las grandes lecciones de vida que me dieron sin darse cuenta. Llegué a Burundi con mis ideas de primer mundo, con grandes ansias de ayudar, hacer cosas grandes, ver su resultado con esa inmediatez y rapidez que caracteriza el ritmo de nuestras vidas. Y me choqué. Allí el ritmo es otro. No hay grandes planes, se vive el día a día. No sabemos si nos veremos mañana. Ellas añadían siempre a mi “Hasta mañana” un “si Dios quiere”. No hay grandes proyectos o sueños, hay entrega diaria. No hay listas de cosas que hacer corriendo, hay búsqueda del amor más grande entregado en las cosas pequeñas del día.

Hay respuestas que descolocan: Small things with great love.

Abrazo fuerte,

“Si de verdad queréis ayudar, venid a Burundi”

“Si de verdad queréis ayudar, venid a Burundi”

Todo empieza durante el año 2006. Chete, Íñigo y yo estábamos en 2º de carrera y teníamos 20 años. Chete estudiaba Administración de Empresa, Íñigo Administración de Empresas Internacional y yo estudiaba Derecho. Como muchos jóvenes de nuestra generación y la siguiente, teníamos muchas ganas de ayudar, de dedicar nuestro tiempo de descanso y verano para mejorar la vida de los demás y de cambiar lo que veíamos.

Buscábamos numerosas ONG’s y fundaciones donde poder ayudar, pero todas nos ponían problemas. Muchas nos exigían requisitos que entonces no podíamos cumplir:contar con una titulación universitaria, poseer años de experiencia profesional, dedicar varios meses de entrega en terreno o desembolsos económicos elevados para poder viajar a ciertas partes del mundo. No obstante, no éramos más que tres jóvenes de 20 años con un mes de vacaciones de verano, muchas ganas de ayudar y poca formación.

Dado que nos estaba siendo complicado encontrar nuestro lugar para arrimar el hombro, decidimos lanzarnos y emprender constituyendo nuestra propia ONG. Una entidad que fuese un canal que permite conectar a gente que quiere ayudar con gente que necesita ser ayudada, y facilitando que los jóvenes se pudiesen involucrar en proyectos de cooperación al desarrollo y programas de voluntariado. En esta pequeña locura decidió animarnos y aconsejarnos D.Eulalio, quien nos apoyó y ayudó en los primeros años.

Teníamos constituida nuestra entidad: Asociación Solidaria Universitaria, ASU ONG, pero, ¿dónde íbamos a ayudar? Comenzamos a buscar proyectos y decidimos ir a hablar con un sacerdote que trabajaba en una parroquia de Alcobendas, la Parroquia San Lesmes Abad. El nombre de ese sacerdote y su país de origen cambiarían para siempre el futuro de ASU. Ese sacerdote era burundés y se llamaba Apollinaire Bagayimbaga.

Cuando fuimos a hablar con él, le pedimos que nos ayudase a encontrar algún sitio donde ayudar durante el curso allí en Alcobendas. El Padre Apo, como le llamamos cariñosamente, nos lanzó un órdago: “Aquí en Alcobendas ya ayuda mucha gente, si de verdad queréis ayudar, venid a Burundi”. El Padre Apo se volvía a Burundi durante ese último trimestre de 2006, y nos invitó a pasar con él las Navidades en Burundi, conocer el terreno y ver cómo podíamos ayudar. Parecía que ASU comenzaba a tener un futuro en tierras africanas.

Esas mismas navidades, aunque con algunas dudas iniciales, Chete y su hermano Alberto no dudaron en ver el all in, hicieron las maletas y se fueron a conocer Burundi de primera mano. 10 días donde el Padre Apo fue un anfitrión increíble. Él les enseñó las posibilidades de ayuda en Burundi: conocieron el caos de Bujumbura, se les presentó el gran proyecto de la Universidad de Ngozi que iba a liderar como rector tras años de parón en el país, conocieron la realidad de las Misioneras de la Caridad en el corazón de África, visitaron su poblado natal, Ndava…

Tras casi 12 años de guerra civil, el país volvía a vivir en paz y Chete y Alberto lo vieron claro en primera persona, ASU debía comenzar a ayudar en Burundi ese mismo año para cubrir dos objetivos:

  1. Ayudar a la reconstrucción social y económica del país, y ser un apoyo al sostenimiento de la paz tras tantos años de guerras y conflictos.
  2. Servir como medio para una mejora de las condiciones de vida de la gente, especialmente en educación y sanidad, dada la gran falta de recursos en Burundi.

El verano de 2007 comenzó el rock and roll, por fin pisaba Burundi junto a otros 11 valientes jóvenes. No sabíamos muy bien dónde íbamos, pero ese verano marcó para siempre nuestras vidas.

Los primeros 15 días organizamos un campamento de verano para 150 niños en Ngozi, donde impartíamos clases de música, plástica, religión e inglés. Por las tardes jugábamos al fútbol hasta caer rendidos. Después, dedicamos 10 días para ayudar a las Misioneras de la Caridad en su casa de Kirundo, cuidando de los bebés y las ancianos que vivían con ellas. Allí llevamos nuestras maletas llenas de camisetas, material escolar y médico. Era todo lo que podíamos dar junto a nuestro cariño, esfuerzo y alegría. Fue sin duda el mejor verano de mi vida.

Y gracias a esa iniciativa que tuvimos Chete, Íñigo y yo y el impulso que nos dio el Padre Apo para realizar ese primer proyecto, ASU ha podido trasladar a Burundi, Nicaragua e India a más de 250 voluntarios que como nosotros, querían ofrecer su tiempo y su trabajo de manera desinteresada a los demás. Gracias a esos 250 voluntarios, sus familias y amigos, ASU ha conseguido realizar proyectos valorados en total en 956.450€.

Y lo mejor de todo, seguimos. Ampliamos horizontes, nuevos proyectos, más países, más gente a la que ayudar, y sobre todo, seguimos poniendo muy fácil el ayudar y mejorar la vida de los demás.

Un saludo,