Haciéndonos pequeños

Haciéndonos pequeños

Después de un tiempo prudencial de “reposo”, que nos ha permitido coger distancia y perspectiva, hemos decidido intentar poner palabras a todo lo que hemos vivido este verano en Burundi. La verdad, es que no es tarea fácil, porque Burundi ha sido precisamente eso: vida. VIDA en mayúsculas. Y la vida no se puede contar, hay que vivirla. Aun así, prometemos hacer nuestros mejores esfuerzos para tratar de trasladaros con nosotros hasta ese pequeño rincón del corazón de África y compartir todo lo que hemos tenido la suerte de recibir.

Este verano, una vez más, hemos vuelto con cinco grupos de voluntarios a Burundi. Nos hacía especial ilusión, porque este año cumplimos 18 años visitando el corazón de África, y hemos celebrado nuestra mayoría de edad con casi 100 voluntarios en terreno. Los años pasan, pero siempre decimos lo mismo: si hay algo de lo que nos sentimos especialmente orgullosos, además de todo el trabajo que llevamos a cabo en terreno para ayudar a quienes más lo necesitan, es que tantos cientos de voluntarios hayamos tenido la oportunidad de conocer Burundi y ahora seamos portadores de esa gracia especial que nos hace ver el mundo de otra manera, allí donde estemos.

Lo paradójico es que, aunque nos hacemos mayores, Burundi nos enseña lo contrario, y cada vez de forma más clara: tenemos que hacernos pequeños. Pequeños como niños. Sí, como esos cientos de niños con los que hemos estado en Ndava o en Kirundo con las Sisters. Porque si algo nos llevamos de este verano es que todo pasa por la inocencia, por la sencillez, por la pobreza de espíritu. Solo ahí encontramos la verdadera felicidad, y solo así descubrimos el sentido de nuestra vida. Y es que, como nos decía una voluntaria este verano: “ser feliz es sencillo; lo difícil es ser sencillo”.

Ser feliz es sencillo; lo difícil es ser sencillo

Los primeros en aterrizar en Burundi fueron el grupo de jóvenes del Colegio Aldovea, que por tercer año consecutivo dedicaron sus vacaciones post EvAU para darse a los demás. Este verano, además, con la novedad de que hemos estado construyendo, de principio a fin, dos casas que ellos mismos habían financiado para familias de poblados batwa, la etnia más desfavorecida de Burundi. Después, como ya es tradición, nos trasladamos a Kirundo, al norte del país, para ponernos a disposición de las Misioneras de la Caridad de Madre Teresa de Calcuta para ayudar en todas las necesidades del hogar, atendiendo a niños, ancianos y enfermos. Un lugar lleno de paz al que nunca nos cansamos de volver.

Niños de Mureke recibiendo a voluntarios de KOMERA

Siempre rodeados de niños

Ya en julio, tomaron el testigo los grupos de universitarios, con unos 40 voluntarios repartidos en dos grupos dispuestos a darlo todo, liderados por varios repetidores que llevan años viniendo con nosotros a Burundi. Tras unos meses previos de mucho trabajo en Madrid preparando todo el proyecto, finalmente llegaba el momento de la verdad en Burundi. Como siempre, empezamos con nuestro tradicional campamento en nuestra escuela de Ndava, compartiendo dos semanas con cientos de niños que nos han enseñado que el amor es la mejor escuela. Con nuestras manos manchadas y nuestras zapatillas llenas de polvo y barro, fuimos testigos de la grandeza del mundo, de su belleza, y de una paz y una felicidad tan auténtica que rebosaba en nuestros corazones. Y después, nos sumergimos otras dos semanas en el oasis que es la casa de las Misioneras de la Caridad en Kirundo. Allí, nos encontramos con un pequeño rincón de paz donde descubrimos a lo que estamos llamados: amar y entregarnos, haciendo siempre pequeñas cosas con mucho amor.

En Burundi hemos descubierto que en las pequeñas cosas en donde somos verdaderamente felices. Y es que la fórmula de la felicidad es mucho más sencilla que todo lo que nuestra realidad nos puede ofrecer. Es en la dinámica de darse a los demás donde recibimos más de lo que podemos merecer, donde reconocemos el cielo en la tierra, y donde nos encontramos con una fuente inagotable que nos sacia cuando nada más puede hacerlo y que paradójicamente nos llena de riquezas cuando nos sentimos vacíos. Gracias Burundi por permitirnos dejar de lado lo superficial para adentrarnos en tu misterio y vivir apasionadamente. Gracias Burundi por darnos respuestas a lo que llevábamos en el corazón. Gracias por revelarnos el AMOR en mayúsculas. Gracias por dejarnos un pedacito de ti en nuestros corazones, y por venirte a Madrid con nosotros. Querido Burundi: ¡nos vemos pronto!

Niños de la escuela de Ndava jugando

Nuestro tradicional campamento de Ndava

Para cerrar el verano, en agosto viajamos a Burundi con otros dos grupos de jóvenes profesionales, con un total de 35 voluntarios, que durante 3 semanas estuvieron colaborando con nuestros proyectos en terreno. Comenzamos el trabajo con nuestro ya famoso curso de desarrollo personal y profesional en la Universidad de Ngozi, que hemos estado preparando durante el año y que este verano ha tenido especial éxito gracias a las clases de IA. Por las tardes, nos esperaban todo tipo de actividades: deportes, campamentos con niños, casas de acogida, clases de español… Tras poner fin a nuestra etapa en Ngozi, nos trasladamos a Kirundo, en la frontera con Ruanda, donde pasamos unos días con las Sisters de Madre Teresa, y nos llevamos el mejor de los aprendizajes: que la alegría no tiene nada que ver con la riqueza material, que el lenguaje internacional es el de las sonrisas y abrazos, que la esperanza es la clave de la vida, y que estamos hechos para darnos y solo en la entrega encontraremos la verdadera felicidad…

En resumen, Burundi ha sido un continuo desaprender para volver a aprender, y que nos ha dejado enseñanzas para toda la vida. Nos ha recordado que tenemos que ser como niños, que está bien el no saber qué pasará mañana, que estamos de paso, y que la vida es un regalo. También, que “ser feliz es sencillo; lo difícil es ser sencillo”. Gracias Burundi por tanto, gracias por abrirnos tu corazón y por llenar los nuestros. Gracias por enseñarnos a aspirar a algo más grande y a VIVIR en mayúsculas.

Voluntarios de Komera en la Universidad de Ngozi

Curso de desarrollo personal y profesional en la Universidad de Ngozi

Comenzábamos esta noticia diciendo que no era fácil poner palabras a lo vivido. Cada grupo ha tenido su contexto, su historia, sus vivencias. Pero si algo nos llevamos todos, es las ganas de que Burundi no se quede en Burundi. Sí, de que esto no sea un verano más, un voluntariado más, lo que tocaba este año. Burundi nos ha marcado a todos, de una forma o de otra, y ahora tenemos por delante el gran desafío de qué hacer con todo lo que hemos tenido la suerte de vivir.

Y es que si algo tenemos claro, es que Burundi es un misterio que nos invita a mirar más allá y a aspirar a algo más grande. En primer lugar, en lo que se refiere a lo personal, para traernos Burundi a Madrid, a nuestro día a día, para que todo lo que hemos vivido allí tenga su reflejo aquí en nuestras vidas y en las de los que nos rodean. Y en segundo lugar, siendo muy conscientes de que tenemos que compartir Burundi con el mundo, porque lo que hemos visto y oído no puede quedarse solo en nuestros corazones. Burundi tiene algo que decirle al mundo, y cuenta con nosotros para compartir su mensaje de alegría, de fe, de entrega, de esperanza y de amor.

Haciéndonos pequeños 🙂

Un año más, volvemos a Madrid con el corazón lleno, pero con esa sensación de que esto no ha hecho más que empezar. De que empezamos un camino nuevo con un destino claro pero un rumbo incierto. Por eso, solo podemos pedir una cosa: ojalá nunca olvidemos que ese camino pasa por la sencillez. Por hacernos pequeños, para apostar por algo más grande. Y por compartirlo con el mundo. Porque ahora que sabemos que la verdadera felicidad está ahí, solo podemos seguir esos pases. Ojalá nos grabemos estas palabras a fuego estas palabras en nuestro corazón: “ser feliz es sencillo; lo difícil es ser sencillo”. Vamos a por ello, ¡komera!

2025, ¡komera!

2025, ¡komera!

El 2024 toca a su fin, y, como ya es tradición, aprovechamos estas fechas para hacer balance de todo lo que hemos hecho juntos este último año.

En una sola palabra, este año podría resumirse así: “komera”. A los que hemos tenido la suerte de recorrer las colinas del corazón de África, es una palabra que nos resulta muy familiar. Y a los que no, seguramente os pille un poco por sorpresa. Esta palabra, muy popular en kirundi, el idioma de Burundi, no tiene traducción exacta a ninguna otra lengua, pero se interpreta como un deseo profundo de ánimo, de ser valientes y de perseverar para superar los retos que nos plantea la vida. Y es que justo eso es lo que nos llevamos del 2024: ha sido un año tan increíble en todos los sentidos que solo podemos mirar hacia delante con el ánimo de seguir recorriendo este camino juntos, sin miedo, con los ojos del rostro y del corazón bien abiertos para seguir creciendo y llegando más lejos cada día.

Empezamos el 2024 confiando mucho, porque si de algo nos hemos dado cuenta después de tantos años con este proyecto, es que, por mucha planificación que queramos hacer, la vida siempre va por delante abriendo camino y nosotros vamos detrás intentando seguir el ritmo.

Y así ha sido un año más. Y es que ahora, echando la vista atrás, nos damos cuenta de todo lo que hemos logrado juntos este año sin tan siquiera haberlo podido soñar hace solo unos meses. Y nos reafirmamos en que solo podemos seguir siendo instrumentos para intentar que se cumpla un plan mucho mayor que sin duda nos sobrepasa… ¡Soñad y os quedaréis cortos!

Empezamos el año compartiendo a través de “Un viaje al corazón” algunos de nuestros proyectos de cooperación, poniendo rostros y voz a la labor que llevamos a cabo en el corazón de África desde hace 16 años. Así, hemos podido llevaros a nuestro Centro materno infantil “San Lucas” de Ndava, donde un año más hemos realizado cientos de partos y miles de atenciones médicas sobre todo en epidemias y malnutrición. También viajamos a nuestro programa de Microcréditos en la Universidad de Ngozi, gracias al cual los mejores estudiantes de las distintas facultades están llamados a convertirse en la generación que cambie el rumbo del país. Continuamos visitando nuestra Escuela secundaria “San José” de Ndava, que por fin hemos podido terminar para dar continuidad a la educación de los más de 950 niños de nuestra escuela primaria. Y por último, pudimos conocer más de cerca nuestro “Goat Project”, gracias al cual descubrimos cómo una cabra puede cambiar el futuro de una familia.

Después, tras muchos años de trabajo, fuimos muy felices al lanzar al mundo nuestro primer proyecto de emprendimiento social en Burundi, nuestra marca de café 100% sostenible Imigambi, con el objetivo de producir el mejor café dándole el mejor futuro a los agricultores que con tanto cariño lo cultivan, y de reinvertir todos nuestros beneficios en ellos. “Imigambi” es una canción burundesa que habla de los sueños que, tras mucho esfuerzo, acaban cumpliéndose, y este proyecto sin duda es un sueño hecho realidad.

Nuestra primavera empezó intensa una vez más: volvimos a recorrer 111km un año más, con mucho esfuerzo y alegría, para financiar nuestro programa de Microcréditos en la Universidad de Ngozi. Después, nos fuimos a Burundi para grabar nuestro documental “La belleza salvará al mundo”, con el objetivo de compartir la belleza del corazón de África y todo lo que tiene que contarle al mundo. Y también, echamos una mano en la segunda campaña quirúrgica liderada por nuestros amigos de la Fundación Kyrikú, donde además nuestro querido Gilby fue operado por el Dr. César Casado por segunda vez.

Y así llegó el verano, el momento más importante del año para nosotros, con cinco viajes a Burundi con casi 100 voluntarios, donde pudimos abrir nuevos caminos y dejar un pedacito de nuestros corazones en Burundi, y también nos llevamos un pedacito del corazón de África en los nuestros. A la vuelta, reflexionando sobre todo lo vivido, solo pedíamos no olvidarnos de ser muy conscientes de que Burundi es cada día de nuestras vidas.

En los últimos meses del año, compartíamos con el mundo nuestro proyecto “La belleza salvará al mundo”, y aprovechábamos para entrevistar a Héctor Zurita, el filmmaker detrás del proyecto, quien compartía con nosotros sus experiencias en el país de las mil y una colinas. Y así, hemos podido contaros nuestros últimos proyectos de cooperación. En primer lugar, os presentábamos la construcción de nuestra Iglesia “Madre Teresa” de Ndava, para atender espiritualmente a los más de 1.500 niños de nuestras escuelas primaria y secundaria y al conjunto de la comunidad de Ndava. También nuestro Molino de cereal de Ndava, nuestro segundo proyecto de emprendimiento social en Burundi. Además, os presentábamos nuestro proyecto de construcción de casas batwa, para darle continuidad a lo que habíamos visto y oído el año anterior. Por último, os hacíamos partícipes de nuestro proyecto “Seamos luz”, con el que queremos llevar electricidad a nuestras escuelas primaria y secundaria de Ndava.

Además, durante todo el año, hemos seguido haciendo nuestro voluntariado local en Madrid con la Fundación Down Madrid y con nuestras queridas Misioneras de la Caridad, con la idea de que la ayuda siempre debe empezar aquí cerca de casa, y también para preparar nuestro corazón antes de nuestros viajes a Burundi, y darle continuidad a lo que allí vivimos a nuestra vuelta a Madrid. También hemos seguido organizando eventos varios como Jam Sessions, Open Mics, Music x Burundi, afterworks, torneos de pádel, etc. y varias pequeñas iniciativas hechas con mucho amor: nuestra tradicional Campaña de Reyes Magos con las Misioneras de la Caridad por séptimo año consecutivo, una recogida de alimentos con el Colegio Aldoveaunas protesis para Benitha, la lotería que este año no ha tocado…

Son muchas cosas, pero nada de todo esto habría sido posible sin la suma de muchos granitos de arena que se han ido juntando a lo largo del año:

• En primer lugar, los socios que nos apoyáis sin dudarlo cada año. ¡Gracias por recordarnos cada día que se puede estar lo suficientemente loco como para creer que cambiar el mundo es posible!
• En segundo lugar, las empresas que este año habéis apostado por nuestros proyectos: Key CapitalLEGO EspañaBCGTrinity CollegeClifford Chance, Montesierra, Legumbres La Pedriza, Bodegas William Humbert, Solera Motor, González Byass, De Luque, Aromas de Medina, Fundación Manolo Maestre Dávila, Colegio Peñalar, L35 Architects, Emperador Properties, Hermanos Martínez, Gymkana Esther López Arce… ¡Gracias por confiar en nosotros y por sumaros al cambio!
• En tercer lugar, todos los donantes que habéis colaborado con nosotros a lo largo del año en nuestros distintos proyectos, campañas, iniciativas, retos, eventos… ¡No hay granito de arena pequeño!
• Y por último, los voluntarios que habéis compartido con nosotros vuestro tiempo, vuestro cariño, vuestros conocimientos, vuestros esfuerzos, vuestras tristezas y vuestras alegrías, vuestras ganas de cambiar el mundo… ¡Pequeñas cosas con mucho amor!

Es ahora, echando la vista atrás, cuando nos damos cuenta una vez más de todo lo que hemos conseguido juntos, que sin duda nos sobrepasa pues es mucho más de lo que habríamos podido incluso soñar. Nos da pena despedir este año tan bueno, pero se nos pasa cuando miramos al frente y vemos todo lo que nos espera en este 2025 que ya está a la vuelta de la esquina, y que viene cargado de muchas novedades, retos y varias sorpresas importantes que pronto compartiremos con vosotros.

Son tantas cosas, más las que seguro que se nos olvidan, que nos cuesta encontrar la forma de compartir cómo nos sentimos estos días. Por todo esto, solo se nos ocurre una palabra para resumirlo todo y para no olvidarnos de lo más importante: seguir siempre hacia delante, confiando mucho y con valentía, con los pies en la tierra y el corazón en el cielo. Y así, una vez más, solo podemos gritar a los cuatro vientos… ¡komera!

Abriendo nuevos caminos

Abriendo nuevos caminos

Envueltos ya en la rutina de nuestras respectivas vidas y en la velocidad de nuestras ciudades, no podemos dejar de echar la vista atrás con los ojos de la memoria y del corazón para revivir todos aquellos momentos que hemos pasado durante estos meses en el corazón de África. Queremos gritar a los cuatro vientos lo que hemos visto y lo que hemos sentido y, aunque a veces no sepamos ponerle palabras, intentamos que a través de nuestros actos, Burundi llegue a nuestra gente y podamos empapar a los que nos rodean de un poquito de todo el amor que nosotros hemos tenido la suerte de recibir. Burundi se queda aunque nosotros nos vayamos… aunque si hay algo seguro, es que volveremos pronto.

Este año, hemos contado con cinco grupos de voluntarios que, después de muchos meses preparando el proyecto en Madrid, han vuelto a nuestro pequeño rinconcito de cielo con las mismas ganas e ilusión que nuestro primer viaje a Burundi allá por el año 2007. Y es que en Burundi no existe el “un verano más”, porque cada año, deja de ser “uno más” para convertirse en una aventura única. Y es que cada año Burundi nos acoge como un nuevo misterio por descubrir. Porque Burundi no es más que eso, un misterio que inunda nuestros corazones y renueva nuestras miradas para poder afrontar la realidad de una manera diferente.

El misterio de Burundi

Volvió a abrir el telón el grupo de jóvenes del Colegio Aldovea, que organizó en el mes de junio un campamento de verano con los niños de nuestra escuela de Ndava entre risas, clases, juegos… Lo que en un primer momento parecía una labor que consistiría en enseñar a sumar y restar o practicar alguna palabra en inglés, pronto cambió de sentido. Y es que resulta que al final todo esto tiene que ver con algo mucho más grande, algo que habla de lo humano y de la entrega, algo que habla en un lenguaje diferente al que estábamos acostumbrados, el lenguaje del amor.

La última semana tuvimos la inmensa suerte de convivir y ayudar a nuestras queridísimas sisters de Madre Teresaen su casa de Kirundo, donde tuvimos la oportunidad de respirar el amor que allí se respiraba. Y es que es imposible que ese pequeño oasis de paz te deje indiferente. Esperamos que esta huella permanezca en nuestros corazones toda la vida y que sepamos dar testimonio del amor que hemos tenido la suerte de recibir.

Nuestro tradicional campamento de verano en Ndava

Después, cogieron el relevo los dos grupos de universitarios en el mes de julio, haciendo el mismo itinerario pero en direcciones opuestas. Unos empezaban en la casa de las sisters mientras los otros arrancaban con el campamento escolar en Ndava para, a las dos semanas, intercambiarse los destinos y ocupaciones. Así pasamos el mes entero, exprimiendo cada minuto como si fuera el último, y así de llenos hemos traído de vuelta nuestros corazones a nuestras respectivas casas. Lo cierto es que, desde que hemos vuelto, nuestra mente vuela cada día a lo que allí vivimos, de tal forma que es imposible separar nuestro día a día de Burundi. Aún hoy, nos siguen viniendo a la mente continuamente escenas del viaje que nos permiten revivirlo como si fuera algo totalmente nuevo e inesperado. La paz que se palpaba, el cariño de la gente, los paisajes…

Ahora nos damos cuenta de que tenía que haber algo más detrás de todo aquello, y no queremos dejar de cultivar nuestro asombro para que todo esto no nos deje indiferentes. Ahora los días grises son menos grises, y los días buenos parece que el sol brilla un poco más. Aparentemente nada ha cambiado, pero nuestros corazones y nosotros sabemos que nada es lo mismo. Solo esperamos que nunca nos separemos de esto que sentimos ahora; solo esperamos ser capaces de llevar un pedacito de Burundi a la gente que más nos quiere.

Con las Misioneras de la Caridad de Madre Teresa de Calcuta en Kirundo

Y para despedirnos por la puerta grande, llegaron los grupos de jóvenes profesionales, con unos voluntarios que decidieron hacer con su mes de agosto, con lo que todos sabemos que eso supone, algo diferente. Voluntarios que dieron un salto al vacío y apostaron su verano por un proyecto desconocido en un país desconocido, dejándose llevar por una intuición que parecía decirles “ahí es”. El plan era algo diferente en lo práctico al resto de grupos, por tener los voluntarios una mayor cualificación, pero fue igual en lo esencial, pues el espíritu no deja de ser el mismo.

Así es como cambiamos el campamento de Ndava por el ya tradicional curso en la Universidad de Ngozi, donde se llevaron a cabo dos programas de desarrollo personal y profesional para más de 300 alumnos. Y como no podía ser de otra manera, también compartimos unos días con nuestras queridas Misioneras de la Caridad, donde compartimos momentos inolvidables con los bebés y ancianos de la casa, y también pudimos echar una mano en el día a día de las tareas de las sisters, contagiándonos de la alegría de su vida entregada a los más necesitados.

Curso de desarrollo personal y profesional en la Universidad de Ngozi

Tras habernos sumergido en las profundidades del corazón de África es difícil poner palabras a todo lo vivido. Pero sí tenemos claro que hemos aprendido mucho de esta vida sencilla, alegre y entregada, y ahora tenemos por delante el gran reto de llevar todo esto a nuestra vida diaria. Y es que sin duda hemos dejado un pedacito de nuestros corazones en Burundi, y también nos llevamos un pedacito del corazón de África en los nuestros.

La realidad, más allá del número de proyectos y de todo lo que hacemos, es que año tras año se nos va haciendo cada vez más latente que nuestra labor tiene cada vez más sentido. Que detrás de todo lo que hacemos hay un gran POR QUÉ que apenas podemos atisbar debido a su inmensidad, pero que es la luz que va guiando nuestro camino. Y también, que detrás del todo el trabajo hay muchas personas anónimas, tanto en España como en Burundi, que se entregan con su tiempo, su dedicación, su cariño, su forma de ver y hacer las cosas, su amor… Cuando nos damos cuenta de todo esto, solo podemos sonreír, y agradecer mucho que lo que un día soñamos siga siendo posible y creciendo cada día.

Abriendo nuevos caminos 🙂

Un año más, Burundi nos devuelve a la rutina con una mirada nueva, y con la sensación de que un nuevo camino se abre delante nuestro. Porque es ahora cuando nos damos cuenta de que este viaje nos ha abierto los ojos, pero también el corazón. Por eso solo podemos pedir una cosa: ojalá podamos llevarnos a nuestro día a día lo que hemos vivido y sentido en el corazón de África. Y es que a veces basta con tomar la decisión firme de hacer las cosas de forma diferente; y así es como se abren nuevos caminos.

Reflexiones sobre un viaje que aún no ha sido

Reflexiones sobre un viaje que aún no ha sido

De vez en cuando, uno tiene la inmensa suerte de toparse con algo extraordinario. Aunque más que toparse, es caer en la cuenta de que uno está frente a algo extraordinario, porque de este tipo de cosas solemos vivir rodeados sin ser conscientes.

Este verano, me dispongo a visitar Burundi por tercer año consecutivo, y a tan solo unos días de coger el avión rumbo al corazón de África, he decidido pararme para asimilar todo lo que está pasando y lo que está por pasar.

Preparar un verano en Burundi implica mucho trabajo, mucho amor, mucho tiempo y dedicación. Este año, yo he tenido la suerte de involucrarme de una manera diferente, como líder de uno de los cinco grupos que se desplazará a terreno este verano. Cada día que he pasado organizando el proyecto, he aprendido algo diferente, tanto del resto de compañeros del equipo como de mí mismo. Al principio, cuando me propusieron liderar el proyecto, tuve algo de vértigo y alguna que otra inseguridad: ¿seré capaz de estar a la altura? ¿Podré aportar algo de valor a los proyectos? ¿Seré útil?… Ahora que lo veo con algo más de perspectiva, me rio un poco de mí mismo porque creo que por fin, después de dos veranos en Burundi de la mano de ASU y camino del tercero, he entendido lo que es ASU: un folio en blanco.

ASU nació para seguir naciendo cada día. Todo puede ser nuevo: Burundi nos permite que todo pueda serlo. En un mundo donde lo nuevo asusta, donde nos agarramos a la comodidad como a un clavo ardiendo, donde el sofá es nuestro mejor amigo y la tele y las redes nos acompañan como los mosquitos en las noches de verano, surge un grupo de jóvenes que deciden pararse, dar un paso atrás, observar su realidad, y movilizarse para cambiarla.

Los meses antes de irnos a Burundi son igual de esenciales que el mes que luego pasamos allí. Todo empieza con la formación del grupo: sesión informativa, entrevistas, selección de los voluntarios que formarán parte del proyecto… Una vez el grupo está cerrado, viene una segunda fase fundamental: las reuniones de formación de los voluntarios que se desplazarán a Burundi, donde profundizamos en aspectos clave del proyecto yendo desde lo más trascendental (por qué hacemos lo que hacemos) hasta lo más práctico (como por ejemplo, qué vamos a dar en la clase del día 4 del campamento o quién lleva la maleta con los balones de fútbol). En paralelo, todos los voluntarios comenzamos a movernos desde el primer día para conseguir los materiales de cooperación que llevamos cada uno en nuestras maletas (medicinas, material escolar, ropa, material deportivo, etc.) y los fondos necesarios para que el proyecto salga adelante. Además de hacer cada uno hace la guerra por su lado para liar a los nuestros, también aprovechamos para juntarnos y sacar adelante iniciativas entre todos para recaudar fondos: organización de eventos de todo tipo, venta de bolsos, camisetas y pulseras, etc. Y por supuesto, aprovechamos todas estas oportunidades de convivencia para ir conociéndonos y haciendo piña.

La realidad es que esta etapa, el “pre-Burundi”, es bastante ajetreada: hay mucho movimiento, muchas cosas por hacer, mucha velocidad, muchos sentimientos, mucha gente nueva… Todo esto supone un reto bastante complicado pero apasionante, y es que una vez te subes al barco de Burundi, pasas directamente a formar parte de ASU como si fueras uno más de toda la vida, y esto crea algo muy bonito, o por lo menos así me lo parece, que es el plantarle la cara a lo desconocido. Del día a la mañana pasas a formar parte de algo de lo que probablemente nunca antes habías oído hablar, y tienes la misma responsabilidad que el resto de voluntarios de involucrarte para que el proyecto salga adelante. Aunque tanto trabajo y tanto jaleo asusta un poco al principio, lo cierto es que el esfuerzo que ponemos durante este “pre” es lo que cambia todo, pues el amor que ponemos en lo que hacemos, por pequeño que sea, se nos devuelve cuando estamos en Burundi y se multiplica por cien. Y esa es la clave de todo: involucrarse desde el día uno para vivir Burundi en su plenitud, ser conscientes de que Burundi también es casa y de que también podemos ayudar desde aquí, y querer vivir esta experiencia con vocación de permanencia, y no como un mes aislado de nuestras vidas.

Hoy, a unos pocos días de volar a Burundi, solo puedo mirar hacia atrás y ver que todos estos líos han merecido la pena. Podría quedarme en tierra y aún así habría merecido la pena la aventura. Y es que siento una gratitud enorme por todo lo que me ha dado Burundi estos años, por todo lo que me ha dado ASU y por todas las personas que me han acompañado en el camino. El Lapu que se iba a Burundi por primera vez hace tres años no se reconocería en un espejo, y lo bonito de esto es que no soy un caso aislado: todos lo que hemos tenido la suerte de acabar en Burundi, a pesar de nuestras diferencias, hemos vuelto con el alma llena, cada uno a su manera.

Y es que cada Burundi es distinto, y Burundi es distinto para cada uno. En mi caso, este año, el tener la responsabilidad de liderar un grupo hace que enfoque el viaje de manera diferente. Me meto de lleno en un mundo desconocido, pero con la confianza en que todo saldrá bien. Y con un objetivo es muy sencillo: que todos los voluntarios reciban este verano el mismo regalo que yo recibí en mis anteriores Burundis, y que todo lo que van a vivir les permita, a su vuelta, poner el foco en lo que de verdad importa.

Ahora me doy cuenta de que lo más importante ya está hecho. Porque llevamos meses preparando el proyecto y ahora solo nos queda poner la guinda al pastel. Porque ya somos una pequeña gran familia. Y sobre todo, porque nuestro corazón ya está en Burundi. Y solo por eso, nada puede salir mal. Ojalá no nos olvidemos nunca de esto. De que Burundi es cada día de nuestras vidas. La verdad es que yo, aparte de mis diarios personales de mis anteriores viajes, no me había sentado nunca a valorar con perspectiva todo lo que ha supuesto Burundi en mi vida. Cuando estás allí las palabras salen solas y puedes llenar varios cuadernos de pensamientos, rutinas, ideas, proyectos… pero aquí en Madrid es otra cosa, los recuerdos se desvanecen muy rápido, y si no los cuidas, cada día un rato, se terminan quedando en nada. Yo tengo mis trucos, cada uno tendrá los suyos. Ahora comprendo que Burundi es la chispa que se nos enciende por dentro, y que en nuestra mano está el qué hacer con esa chispa, si dejarla pasar y que al cabo de unos meses no sea más que ceniza, o si trabajarla para poder convertirnos en hogueras y expandir este fuego por donde pasemos.

Imigambi

Imigambi

Hoy llega al mundo nuestro proyecto Imigambi, y después de muchos años de trabajo nos cuesta compartir lo emocionados que estamos. Y es que este proyecto es el resultado de un largo camino… Un camino que nació sin saberlo con un primer viaje a Burundi hace ya más de 15 años y con una promesa al volver a Madrid: no olvidarnos de lo vivido en el corazón de África. Tras volver una vez, otra vez, y otra vez más, empezamos a conocer la realidad de Burundi, y a entender poco a poco los problemas y las riquezas del país más pobre del mundo. Y así, descubrimos que, entre sus mil colinas, Burundi esconde un tesoro: su café, que es uno de los mejores del planeta. Pero también, que los caficultores de Burundi eran los peor pagados del mundo. Y decidimos no quedarnos de brazos cruzados; y cambiar las reglas. Con todo esto en mente, allá por el año 2018, y después de 10 años desde nuestros primeros viajes a Burundi, nuestro querido Carlos Bobillo “Bobi” decidió dejar su trabajo de abogado en Madrid para irse a vivir a Burundi y dedicarse de lleno al sector del café, además de impulsar los proyectos de ASU en terreno.

 


Bobi en su etapa cafetera en Burundi

Allí en Ngozi pasó dos años entre cafetales, donde pudo ayudar a miles de agricultores, y descubrir todos los secretos de la industria. Con todo este bagaje, y tras comprobar en primera persona el grandísimo impacto del café en Burundi, al que se dedican más de 1 millón de burundeses -5 millones de personas si contamos a sus familias- y que supone el 80% de las exportaciones del país, hemos querido lanzar en España un proyecto de emprendimiento para seguir ayudando a los caficultores de Burundi desde España.

 


Burundi; un país que vive del café

Y así es como nace Imigambi, con el objetivo de producir el mejor café dándole el mejor futuro a los agricultores que con tanto cariño lo cultivan en Burundi, y de reinvertir todos nuestros beneficios en ellos. Y es que los agricultores son el corazón del proyecto. Por ello, valoramos y recompensamos justamente su trabajo y esfuerzo. Además, reinvertimos el 100% de los beneficios en cubrir la necesidad más básica en la zona rural en las que trabajamos: con cada paquete de Imigambi se financia el acceso a electricidad durante un año a la familia de agricultores que lo ha producido.

 


Los agricultores, el corazón del proyecto

“Imigambi” es una canción burundesa que habla de los proyectos que Dios tiene para nosotros y que, tras mucho esfuerzo, acaban cumpliéndose. Este proyecto busca cumplir esos sueños. Y es que Imigambi es el único café que no quita el sueño, sino que permite seguir soñando. Porque podemos hacer de lo ordinario algo extraordinario. Porque todos podemos cambiar el mundo. Cada día 🙂 Toda la info y pedidos en www.imigambi.org