por KOMERA | Jun 26, 2024 | Jaime, Testimonios, Voluntariado
De vez en cuando, uno tiene la inmensa suerte de toparse con algo extraordinario. Aunque más que toparse, es caer en la cuenta de que uno está frente a algo extraordinario, porque de este tipo de cosas solemos vivir rodeados sin ser conscientes.
Este verano, me dispongo a visitar Burundi por tercer año consecutivo, y a tan solo unos días de coger el avión rumbo al corazón de África, he decidido pararme para asimilar todo lo que está pasando y lo que está por pasar.
Preparar un verano en Burundi implica mucho trabajo, mucho amor, mucho tiempo y dedicación. Este año, yo he tenido la suerte de involucrarme de una manera diferente, como líder de uno de los cinco grupos que se desplazará a terreno este verano. Cada día que he pasado organizando el proyecto, he aprendido algo diferente, tanto del resto de compañeros del equipo como de mí mismo. Al principio, cuando me propusieron liderar el proyecto, tuve algo de vértigo y alguna que otra inseguridad: ¿seré capaz de estar a la altura? ¿Podré aportar algo de valor a los proyectos? ¿Seré útil?… Ahora que lo veo con algo más de perspectiva, me rio un poco de mí mismo porque creo que por fin, después de dos veranos en Burundi de la mano de ASU y camino del tercero, he entendido lo que es ASU: un folio en blanco.
ASU nació para seguir naciendo cada día. Todo puede ser nuevo: Burundi nos permite que todo pueda serlo. En un mundo donde lo nuevo asusta, donde nos agarramos a la comodidad como a un clavo ardiendo, donde el sofá es nuestro mejor amigo y la tele y las redes nos acompañan como los mosquitos en las noches de verano, surge un grupo de jóvenes que deciden pararse, dar un paso atrás, observar su realidad, y movilizarse para cambiarla.
Los meses antes de irnos a Burundi son igual de esenciales que el mes que luego pasamos allí. Todo empieza con la formación del grupo: sesión informativa, entrevistas, selección de los voluntarios que formarán parte del proyecto… Una vez el grupo está cerrado, viene una segunda fase fundamental: las reuniones de formación de los voluntarios que se desplazarán a Burundi, donde profundizamos en aspectos clave del proyecto yendo desde lo más trascendental (por qué hacemos lo que hacemos) hasta lo más práctico (como por ejemplo, qué vamos a dar en la clase del día 4 del campamento o quién lleva la maleta con los balones de fútbol). En paralelo, todos los voluntarios comenzamos a movernos desde el primer día para conseguir los materiales de cooperación que llevamos cada uno en nuestras maletas (medicinas, material escolar, ropa, material deportivo, etc.) y los fondos necesarios para que el proyecto salga adelante. Además de hacer cada uno hace la guerra por su lado para liar a los nuestros, también aprovechamos para juntarnos y sacar adelante iniciativas entre todos para recaudar fondos: organización de eventos de todo tipo, venta de bolsos, camisetas y pulseras, etc. Y por supuesto, aprovechamos todas estas oportunidades de convivencia para ir conociéndonos y haciendo piña.
La realidad es que esta etapa, el “pre-Burundi”, es bastante ajetreada: hay mucho movimiento, muchas cosas por hacer, mucha velocidad, muchos sentimientos, mucha gente nueva… Todo esto supone un reto bastante complicado pero apasionante, y es que una vez te subes al barco de Burundi, pasas directamente a formar parte de ASU como si fueras uno más de toda la vida, y esto crea algo muy bonito, o por lo menos así me lo parece, que es el plantarle la cara a lo desconocido. Del día a la mañana pasas a formar parte de algo de lo que probablemente nunca antes habías oído hablar, y tienes la misma responsabilidad que el resto de voluntarios de involucrarte para que el proyecto salga adelante. Aunque tanto trabajo y tanto jaleo asusta un poco al principio, lo cierto es que el esfuerzo que ponemos durante este “pre” es lo que cambia todo, pues el amor que ponemos en lo que hacemos, por pequeño que sea, se nos devuelve cuando estamos en Burundi y se multiplica por cien. Y esa es la clave de todo: involucrarse desde el día uno para vivir Burundi en su plenitud, ser conscientes de que Burundi también es casa y de que también podemos ayudar desde aquí, y querer vivir esta experiencia con vocación de permanencia, y no como un mes aislado de nuestras vidas.

Hoy, a unos pocos días de volar a Burundi, solo puedo mirar hacia atrás y ver que todos estos líos han merecido la pena. Podría quedarme en tierra y aún así habría merecido la pena la aventura. Y es que siento una gratitud enorme por todo lo que me ha dado Burundi estos años, por todo lo que me ha dado ASU y por todas las personas que me han acompañado en el camino. El Lapu que se iba a Burundi por primera vez hace tres años no se reconocería en un espejo, y lo bonito de esto es que no soy un caso aislado: todos lo que hemos tenido la suerte de acabar en Burundi, a pesar de nuestras diferencias, hemos vuelto con el alma llena, cada uno a su manera.
Y es que cada Burundi es distinto, y Burundi es distinto para cada uno. En mi caso, este año, el tener la responsabilidad de liderar un grupo hace que enfoque el viaje de manera diferente. Me meto de lleno en un mundo desconocido, pero con la confianza en que todo saldrá bien. Y con un objetivo es muy sencillo: que todos los voluntarios reciban este verano el mismo regalo que yo recibí en mis anteriores Burundis, y que todo lo que van a vivir les permita, a su vuelta, poner el foco en lo que de verdad importa.
Ahora me doy cuenta de que lo más importante ya está hecho. Porque llevamos meses preparando el proyecto y ahora solo nos queda poner la guinda al pastel. Porque ya somos una pequeña gran familia. Y sobre todo, porque nuestro corazón ya está en Burundi. Y solo por eso, nada puede salir mal. Ojalá no nos olvidemos nunca de esto. De que Burundi es cada día de nuestras vidas. La verdad es que yo, aparte de mis diarios personales de mis anteriores viajes, no me había sentado nunca a valorar con perspectiva todo lo que ha supuesto Burundi en mi vida. Cuando estás allí las palabras salen solas y puedes llenar varios cuadernos de pensamientos, rutinas, ideas, proyectos… pero aquí en Madrid es otra cosa, los recuerdos se desvanecen muy rápido, y si no los cuidas, cada día un rato, se terminan quedando en nada. Yo tengo mis trucos, cada uno tendrá los suyos. Ahora comprendo que Burundi es la chispa que se nos enciende por dentro, y que en nuestra mano está el qué hacer con esa chispa, si dejarla pasar y que al cabo de unos meses no sea más que ceniza, o si trabajarla para poder convertirnos en hogueras y expandir este fuego por donde pasemos.
por KOMERA | Nov 29, 2021 | Anuncios, Cooperación al desarrollo, Jaime, Testimonios, Voluntariado
Un conocido jugador de rugby argentino dijo una vez “Procuren jugar muy bien al rugby, porque el rugby no hace mejores jugadores, sino mejores personas”.
Y es que, aunque se trata sin duda de lo uno de los deportes más exigentes físicamente, el rugby se caracteriza por promover toda una serie de valores con los que nos sentimos muy identificados: compromiso, compañerismo y trabajo en equipo, humildad, respeto, sacrificio…
Partiendo de estas premisas, hace unos meses decidimos lanzar un nuevo proyecto muy distinto a todos los que hemos hecho hasta la fecha: apoyar una escuela de rugby con valores en Burundi.
Se trata de un proyecto pequeño pero con una gran misión: queremos promover esa “melé” de valores en Burundi con el objetivo de, a través del deporte, fomentar el desarrollo de los niños y jóvenes en Burundi, luchando contra las desigualdades y las diferencias existentes en el país, y haciendo “mejores personas”.
El proyecto, en concreto, consiste en apoyar al club de rugby “Lions Rapides de Ngozi”, que fue fundado en el año 2018 por voluntarios de ASU. Todo se traduce en el envío de donaciones de material que hemos conseguido recabar a través de distintos clubes de rugby en España, en facilitar los desplazamientos del club para disputar sus partidos y en apoyar en su labor a Lambert Masabarakiza, profesor de educación física y entrenador certificado por World Rugby, que se encarga del día a día del club.
El club, a día de hoy consta de un equipo senior masculino, un equipo senior femenino, y una escuela de rugby con niños de todas las edades: en total, son más de los 100 jóvenes y niños los que practican rugby con carácter semanal. Pero la iniciativa más importante del club es sin duda su escuela de valores, que acompaña al resto de actividades deportivas y que consiste en una formación continua sobre los distintos valores que pueden extrapolarse del rugby a la vida y viceversa.
Toda la actividad del club puede seguirse en su página web y en su página de Facebook, que ya cuenta con más de 1.000 seguidores. En las próximas semanas el equipo senior del club se juega su ascenso a primera división, ¡así que necesitarán nuestro apoyo!
Nos gustaría agradecer especialmente el apoyo que nos han prestado en este proyecto al CRC Rugby Pozuelo y a nuestros queridos Pepe Díaz Del Valle y Carlos Bobillo “Bobi” por sacar esta increíble iniciativa adelante, de la cual el diario deportivo “Relevo” se ha hecho aquí.
Siempre se ha dicho que “el rugby es un deporte donde se juega como se vive, y se vive como se juega”. Por eso nos hemos lanzado a esta aventura. Porque creemos que el deporte cambia vidas. Porque queremos hacerle nuestro mejor placaje a la desigualdad. Porque queremos crear una gran “melé” de valores.


por KOMERA | Jul 7, 2021 | Anuncios, Cooperación al desarrollo, Jaime, Testimonios, Voluntariado
Hoy podemos decirte con mucho orgullo que hace unos días vivimos uno de los momentos más felices en la corta historia de ASU y que no podemos estar más contentos de compartir con todos vosotros. Todos los que nos leéis habitualmente formáis parte importante de ASU y queremos informaros de primera mano de que por fin, después de mucho trabajo y esfuerzo, hemos podido inaugurar y poner en marcha el Centro Materno Infantil San Lucas en Ndava. ¡El CMI ya es una realidad en Burundi!

El centro comenzó a funcionar y a recibir a sus primeros beneficiarios el pasado día 10 de junio y en apenas 8 horas desde su apertura se atendió a casi 150 pacientes, una locura que explica la necesidad y la importancia de dicho servicio médico en la zona. Pasados unos días, y todavía con la emoción de algo nuevo que comienza, el domingo 20 de junio una madre dió a luz al primer bebé que ha nacido en el paritorio del centro, y a la que nos hace muy feliz poder presentaros. ¡Bienvenida al mundo Lucía!

Igirubuntu Lucie Joyeuse junto con las enfermaras del CMI y su madre
Desde el día de la apertura el personal del centro trabaja sin descanso, gracias a lo cual en estas 3 semanas ya se han atendido a 764 pacientes, han tenido lugar 5 partos y se han realizado 7 ingresos ambulatorios (4 niños y 3 adultos), y esperamos poder seguir aumentando el ritmo poco a poco durante estos meses.
Por todo ello, ¡gracias, gracias y gracias! No cabe duda de que uniendo vuestra continua ayuda, por pequeña que te parezca, con la del resto de socios y personas que rodean ASU, hemos conseguido finalmente el objetivo que nos marcamos hace 3 años: iniciar la actividad para reducir la mortalidad infantil en Burundi y brindar sanidad de calidad, evitando que miles de mujeres y niños pierdan la vida en el momento del nacimiento.
Seguimos contando con todos para, poco a poco con pequeños detalles, aportaciones y mucha constancia, seguir haciendo juntos del mundo un mejor lugar en el que vivir.
Un abrazo fuerte,
por KOMERA | May 12, 2020 | Cooperación al desarrollo, Jaime, Testimonios, Voluntariado
Todo empieza durante el año 2006. Chete, Íñigo y yo estábamos en 2º de carrera y teníamos 20 años. Chete estudiaba Administración de Empresa, Íñigo Administración de Empresas Internacional y yo estudiaba Derecho. Como muchos jóvenes de nuestra generación y la siguiente, teníamos muchas ganas de ayudar, de dedicar nuestro tiempo de descanso y verano para mejorar la vida de los demás y de cambiar lo que veíamos.
Buscábamos numerosas ONG’s y fundaciones donde poder ayudar, pero todas nos ponían problemas. Muchas nos exigían requisitos que entonces no podíamos cumplir:contar con una titulación universitaria, poseer años de experiencia profesional, dedicar varios meses de entrega en terreno o desembolsos económicos elevados para poder viajar a ciertas partes del mundo. No obstante, no éramos más que tres jóvenes de 20 años con un mes de vacaciones de verano, muchas ganas de ayudar y poca formación.
Dado que nos estaba siendo complicado encontrar nuestro lugar para arrimar el hombro, decidimos lanzarnos y emprender constituyendo nuestra propia ONG. Una entidad que fuese un canal que permite conectar a gente que quiere ayudar con gente que necesita ser ayudada, y facilitando que los jóvenes se pudiesen involucrar en proyectos de cooperación al desarrollo y programas de voluntariado. En esta pequeña locura decidió animarnos y aconsejarnos D.Eulalio, quien nos apoyó y ayudó en los primeros años.
Teníamos constituida nuestra entidad: Asociación Solidaria Universitaria, ASU ONG, pero, ¿dónde íbamos a ayudar? Comenzamos a buscar proyectos y decidimos ir a hablar con un sacerdote que trabajaba en una parroquia de Alcobendas, la Parroquia San Lesmes Abad. El nombre de ese sacerdote y su país de origen cambiarían para siempre el futuro de ASU. Ese sacerdote era burundés y se llamaba Apollinaire Bagayimbaga.
Cuando fuimos a hablar con él, le pedimos que nos ayudase a encontrar algún sitio donde ayudar durante el curso allí en Alcobendas. El Padre Apo, como le llamamos cariñosamente, nos lanzó un órdago: “Aquí en Alcobendas ya ayuda mucha gente, si de verdad queréis ayudar, venid a Burundi”. El Padre Apo se volvía a Burundi durante ese último trimestre de 2006, y nos invitó a pasar con él las Navidades en Burundi, conocer el terreno y ver cómo podíamos ayudar. Parecía que ASU comenzaba a tener un futuro en tierras africanas.
Esas mismas navidades, aunque con algunas dudas iniciales, Chete y su hermano Alberto no dudaron en ver el all in, hicieron las maletas y se fueron a conocer Burundi de primera mano. 10 días donde el Padre Apo fue un anfitrión increíble. Él les enseñó las posibilidades de ayuda en Burundi: conocieron el caos de Bujumbura, se les presentó el gran proyecto de la Universidad de Ngozi que iba a liderar como rector tras años de parón en el país, conocieron la realidad de las Misioneras de la Caridad en el corazón de África, visitaron su poblado natal, Ndava…
Tras casi 12 años de guerra civil, el país volvía a vivir en paz y Chete y Alberto lo vieron claro en primera persona, ASU debía comenzar a ayudar en Burundi ese mismo año para cubrir dos objetivos:
- Ayudar a la reconstrucción social y económica del país, y ser un apoyo al sostenimiento de la paz tras tantos años de guerras y conflictos.
- Servir como medio para una mejora de las condiciones de vida de la gente, especialmente en educación y sanidad, dada la gran falta de recursos en Burundi.
El verano de 2007 comenzó el rock and roll, por fin pisaba Burundi junto a otros 11valientes jóvenes. No sabíamos muy bien dónde íbamos, pero ese verano marcó para siempre nuestras vidas.
Los primeros 15 días organizamos un campamento de verano para 150 niños en Ngozi, donde impartíamos clases de música, plástica, religión e inglés. Por las tardes jugábamos al fútbol hasta caer rendidos. Después, dedicamos 10 días para ayudar a las Misioneras de la Caridad en su casa de Kirundo, cuidando de los bebés y las ancianos que vivían con ellas. Allí llevamos nuestras maletas llenas de camisetas, material escolar y médico. Era todo lo que podíamos dar junto a nuestro cariño, esfuerzo y alegría. Fue sin duda el mejor verano de mi vida.
Y gracias a esa iniciativa que tuvimos Chete, Íñigo y yo y el impulso que nos dio el Padre Apo para realizar ese primer proyecto, ASU ha podido trasladar a Burundi, Nicaragua e India a más de 250 voluntarios que como nosotros, querían ofrecer su tiempo y su trabajo de manera desinteresada a los demás. Gracias a esos 250 voluntarios, sus familias y amigos, ASU ha conseguido realizar proyectos valorados en total en 956.450€.
Y lo mejor de todo, seguimos. Ampliamos horizontes, nuevos proyectos, más países, más gente a la que ayudar, y sobre todo, seguimos poniendo muy fácil el ayudar y mejorar la vida de los demás.
Un saludo,