Entrevista Héctor Zurita

Entrevista Héctor Zurita

Como os avanzábamos hace unos días, después de meses de mucho trabajo, por fin podemos mostraros el resultado de nuestro proyecto “La belleza salvará al mundo”. Por fin ha llegado al día. Por fin, os podemos invitar a viajar a corazón de África. Y a descubrir así su belleza, descubriendo también en el camino la belleza última de nuestra existencia. Esperamos que disfrutéis tanto del viaje como hemos disfrutado nosotros todos estos meses de trabajo.

Así nos recibía Burundi: la belleza del corazón de África brotó desde el primer momento

Además, hemos querido aprovechar el lanzamiento del proyecto para hacer un breve making-of del proyecto de grabación de “La belleza salvará al mundo”, entrevistando al cámara detrás de la cámara. Con todos ustedes, Héctor Zurita en vivo y en directo desde México para contarnos todo lo vivido en Burundi behind the scenes y compartir sus experiencias en el país de las mil y una colinas.

El cámara detrás de la cámara: no todo iba a ser trabajo 🙂

Héctor, ¿puedes hacernos una breve presentación personal y profesional de ti? (Cómo nace tu afición por la fotografía / imagen, tipo de proyectos en los que sueles participar, etc.)

Soy un documentalista mexicano que desde hace casi 10 años he tenido la oportunidad de recorrer el mundo por más de 50 países. Capturando a través de mi cámara la belleza que hay en el mundo, en sitios como la India, El Congo, Cuba, Filipinas, Venezuela; en contextos donde parecería que hay más miseria, en lugares aislados, es allí donde he podido percibir que Dios está más presente. Me he concentrado en trabajar muy cerca de la Iglesia Católica, siendo partícipe de cómo miles de personas valientes dan su vida al servicio de los demás.

Aunque llevas años oyendo hablar de Burundi por los proyectos de ASU, esta ha sido tu primera vez en el corazón de África: ¿ha sido realmente como te esperabas? ¿Qué te ha sorprendido más?

Desde hace un par de años llegó a mis oídos el nombre de Burundi a través de Bobi. Siempre estuve expectante de lo que sucedía en este pequeño y alejado lugar del mundo. No fue nada de lo que yo esperaba, al estar acostumbrado a un África caótica como lo puede ser Liberia en el golfo africano, los países musulmanes en el norte de África o incluso la República Democrática del Congo, que es vecina de Burundi; me encontré con un paraíso. Un lugar tranquilo, callado, con su respectivo caos, pero de una forma distinta. Las personas andando por las calles sin prisa ni agobio. Intensos colores en el ambiente. Lo que más me sorprendió fue que era una cultura hermética, que no ha sido afectada por occidente y se mantiene muy pura.

Nos ha dicho un pajarito que de los muchísimos países que has visitado, Burundi es el que más te ha impresionado. ¿Por qué?

De todos los países en los que me he podido aventurar, sin duda Burundi es el que más me ha cautivado, porque no solo fue viajar a un sitio recóndito, sino que fue viajar en el tiempo, incluso me atrevería a decir que el avión de Ethiopian Airlines nos llevó a otra realidad. Allí el tiempo se mide distinto, en un día te puede ocurrir lo de un mes, y lo mismo en una semana, no hiciste nada más que estar en un pequeño pueblecito. Sin duda es un lugar mágico, que el mundo globalizado de hoy tiene escondido como una perla.

¿Puedes contarnos alguna anécdota vivida en Burundi que recuerdes especialmente?

Muy al norte del país, en la frontera natural con Ruanda, fuimos a un lugar increíble: el extenso lago Cyohoha. Esta zona es una de las que más sufrió durante el episodio genocida en los años 90. Fue allí donde presencié uno de los momentos más hermosos que he visto. Cuando aún estaba oscuro, tomamos una balsa hecha con el tronco de un árbol de eucalipto. Allí vimos uno de los amaneceres más espectaculares que he presenciado jamás. Conforme salía el sol, se escuchaban los sonidos de las aves, los pequeños martines pescadores comenzaban su día de trabajo, más personas cruzaban de un lado a otro en sus balsas de eucalipto. A lo lejos veías como otras balsas echaban las redes al agua. Todo esto en un entorno completamente pacífico. Allí recordé el saludo tradicional de Burundi, “amahoro”, que quiere decir “que la paz este contigo”, y estoy convencido de que ese punto de encuentro entre dos países y dos etnias, era un santuario que invitaba a esa paz. Y para coronar el momento, escuchamos el sonido de un ave más potente, y en la copa de un pino divisamos un águila pescadora con su plumaje azul. Qué regalo más extraordinario.

Capturando la belleza del amanecer en el lago Cyohoha

¿Qué dificultades, tanto a nivel técnico como a nivel personal, te has encontrado grabando en Burundi?

Uno de los retos más importantes fue vivir el momento. Cuando te encuentras en un sitio como este, lo primero que a un documentalista le apetece es capturarlo, hacerlo suyo, lograr ese plano. Pero es cuando pones la cámara a un lado, cuando conversas con las personas, juegas con los niños, abrazas a los ancianos, es allí cuando te enteras de qué va la cosa. Tienes que buscar un balance entre lograr capturar tu historia, y saber vivir el momento.

¿Qué ha sido lo más fácil de grabar? ¿Y lo más difícil?

Lo más sencillo de grabar fue la alegría, no había que esforzarse mucho para que alguien te regalara una sonrisa. Por otra parte, lo más difícil, fue grabar los contextos de miseria, ellos te los presentaban con la misma sonrisa, pero cuando te acercas a una familia que vive en una choza de paja, o cuando entras a una sala de hospital repleta de personas con quemaduras, es donde el choque de realidad te da en la cara. Ahí no puedes esconderte, hay que verles a los ojos y con la misma dignidad que miras a un amigo, les miras a ellos. Es un momento difícil, pero muy hermoso. Ese intercambio de miradas, no de pena, ni tampoco de ánimo. Es un encuentro entre dos hijos de Dios. En el que uno se sabe visto por unos ojos con una verdad más profunda.

Este proyecto de grabación lleva por nombre “La belleza salvará al mundo”. Y es que Burundi es un país con una belleza muy característica que no siempre es fácil de capturar. ¿Qué crees que tiene Burundi de especial? ¿Qué has hecho para tratar de capturar esa esencia y reflejarla en tus vídeos?

Estoy convencido de que la belleza salvará al mundo. Esto es muy papable en el arte, porque inmediatamente cuando escuchas una melodía o ves una pintura, se suscita algo grande dentro de ti. Pero la belleza de la que hablamos es otra. Allí donde no hay una aparente estética, donde no hay una armonía unificada. Allí habita un orden mayor, la luz de la vida te envuelve por completo. Burundi, como algunos otros sitios en el mundo, tiene el secreto a esta belleza. “Lo sencillo”. Es en lo poco, en lo pequeño, en lo cotidiano, donde este pequeño país con forma de corazón te regala un latido tan profundo que tu propia vida se ve removida. Yo lo único que he hecho para capturarla ha sido permitirme ser testigo de la luz.

Viendo en todo belleza

Además de reflejar la belleza de Burundi, la idea del proyecto es explorar el misterio del sufrimiento y el secreto de la felicidad. ¿Crees que Burundi tiene algo que decirle al mundo en este sentido?

A lo largo de esta serie documental, queremos desvelar cómo Burundi, a pesar de ser el país más infeliz del mundo según los medios de comunicación y los indices económicos, es un sitio donde la felicidad se desvela en cada persona. Burundi tiene algo que gritar al mundo: la felicidad está por encima de lo material.

¿Qué te llevas de la experiencia? ¿Qué te llevas de Burundi y de su gente?

Podría asegurar que mi estancia en Burundi fue una experiencia espiritual alucinante. La cosmovisión católica que viven los burundeses es un tesoro. Allí las personas viven el cristianismo con el corazón abierto. Lo trasmiten en su cariño y asistencia a la Iglesia, pero también en el trato con sus vecinos: uno no distingue si son hermanos de sangre o solo vecinos de calle; las personas se cuidan de verdad. Viven con fervor su trabajo, y más que nada tienen un profundo sentido de familia. Ellos enaltecen la familia como la más bella de todas las instituciones. Y a pesar del sufrimiento, el hambre o la pobreza, la familia siempre reluce como piedra angular.

Tras tu paso de Burundi, ¿has notado algún cambio interiormente? ¿Cómo era el Juan del vuelo de ida y el del vuelo de vuelta? ¿Cómo ha sido la evolución?

Doctor Livingstone, supongo… En el siglo XIX, uno de los mayores exploradores de todos los tiempos, David Livingstone, dedicó su vida a recorrer África como misionero y explorador, descubriendo lugares como las célebres cataratas Victoria. Se dice que después de haber estado casi 10 años desaparecido, el periodista americano Henry Stanley finalmente lo halló en Burundi después de años buscándolo, pronunciando al encontrarse la famosa frase “Dr. Livingstone, supongo”, haciendo alusión a la cómica circunstancia de que no era probable que fuera otro hombre blanco el que se encontraba por casualidad en ese recóndito sitio. Me gusta creer que Livingstone no estaba perdido, sino que había decidido quedarse en Burundi durante un tiempo. El explorador de Africa más afamado de la historia no se perdió por casualidad, él decidió perderse. Cuando llegué a Burundi no pensé que encontraría un sitio tan inmersivo. Durante todo nuestro recorrido no vimos a ningún otro hombre blanco. Me gusta pensar que pisamos las huellas de los maestros exploradores. Y tal como ellos, decidimos perdernos en lo más profundo de su realidad, para así conocer la belleza interior que tenía por ofrecer. Al volver no podía ser igual, porque lo sencillo había tomado más relevancia que nunca.

Héctor Zurita, Pablo Garna y Carlos Bobillo con las Sisters de Madre Teresa de Calcuta en Kirundo

Después de haber conocido de cerca los proyectos de ASU, ¿crees que la labor que estamos llevando a cabo en Burundi tiene sentido? ¿Qué destacarías? ¿Qué crees que se puede mejorar?

El trabajo que ASU ha realizado en las comunidades desde hace varios años es un testimonio no solo de un excelente proyecto, sino de un amor verdadero por los burundeses. Se puede percibir un trato personal y especifico por cada persona, por cada nombre. No es fácil, porque en un contexto tan hostil, el cuidar de otros es muy complicado. Se nota como ASU no ha caído en un asistencialismo, sino en el cuidado personal de sus hermanos y hermanas de Burundi. Creo que con los años estas semillas darán frutos, y esos frutos que hoy ya vemos, espero puedan dar otros arboles que crezcan para cuidarles más.

¿Te gustaría repetir la experiencia?

Sería para mí un sueño volver a estas tierras que se quedaron con mi corazón, Burundi, el lugar más mágico del mundo. Creo de verdad que esta perla escondida, es una escuela para que personas de otros países y contextos, enseñándonos que se puede ser verdaderamente feliz a pesar de las circunstancias materiales.

Abriendo nuevos caminos

Abriendo nuevos caminos

Envueltos ya en la rutina de nuestras respectivas vidas y en la velocidad de nuestras ciudades, no podemos dejar de echar la vista atrás con los ojos de la memoria y del corazón para revivir todos aquellos momentos que hemos pasado durante estos meses en el corazón de África. Queremos gritar a los cuatro vientos lo que hemos visto y lo que hemos sentido y, aunque a veces no sepamos ponerle palabras, intentamos que a través de nuestros actos, Burundi llegue a nuestra gente y podamos empapar a los que nos rodean de un poquito de todo el amor que nosotros hemos tenido la suerte de recibir. Burundi se queda aunque nosotros nos vayamos… aunque si hay algo seguro, es que volveremos pronto.

Este año, hemos contado con cinco grupos de voluntarios que, después de muchos meses preparando el proyecto en Madrid, han vuelto a nuestro pequeño rinconcito de cielo con las mismas ganas e ilusión que nuestro primer viaje a Burundi allá por el año 2007. Y es que en Burundi no existe el “un verano más”, porque cada año, deja de ser “uno más” para convertirse en una aventura única. Y es que cada año Burundi nos acoge como un nuevo misterio por descubrir. Porque Burundi no es más que eso, un misterio que inunda nuestros corazones y renueva nuestras miradas para poder afrontar la realidad de una manera diferente.

El misterio de Burundi

Volvió a abrir el telón el grupo de jóvenes del Colegio Aldovea, que organizó en el mes de junio un campamento de verano con los niños de nuestra escuela de Ndava entre risas, clases, juegos… Lo que en un primer momento parecía una labor que consistiría en enseñar a sumar y restar o practicar alguna palabra en inglés, pronto cambió de sentido. Y es que resulta que al final todo esto tiene que ver con algo mucho más grande, algo que habla de lo humano y de la entrega, algo que habla en un lenguaje diferente al que estábamos acostumbrados, el lenguaje del amor.

La última semana tuvimos la inmensa suerte de convivir y ayudar a nuestras queridísimas sisters de Madre Teresa en su casa de Kirundo, donde tuvimos la oportunidad de respirar el amor que allí se respiraba. Y es que es imposible que ese pequeño oasis de paz te deje indiferente. Esperamos que esta huella permanezca en nuestros corazones toda la vida y que sepamos dar testimonio del amor que hemos tenido la suerte de recibir.

Nuestro tradicional campamento de verano en Ndava

Después, cogieron el relevo los dos grupos de universitarios en el mes de julio, haciendo el mismo itinerario pero en direcciones opuestas. Unos empezaban en la casa de las sisters mientras los otros arrancaban con el campamento escolar en Ndava para, a las dos semanas, intercambiarse los destinos y ocupaciones. Así pasamos el mes entero, exprimiendo cada minuto como si fuera el último, y así de llenos hemos traído de vuelta nuestros corazones a nuestras respectivas casas. Lo cierto es que, desde que hemos vuelto, nuestra mente vuela cada día a lo que allí vivimos, de tal forma que es imposible separar nuestro día a día de Burundi. Aún hoy, nos siguen viniendo a la mente continuamente escenas del viaje que nos permiten revivirlo como si fuera algo totalmente nuevo e inesperado. La paz que se palpaba, el cariño de la gente, los paisajes…

Ahora nos damos cuenta de que tenía que haber algo más detrás de todo aquello, y no queremos dejar de cultivar nuestro asombro para que todo esto no nos deje indiferentes. Ahora los días grises son menos grises, y los días buenos parece que el sol brilla un poco más. Aparentemente nada ha cambiado, pero nuestros corazones y nosotros sabemos que nada es lo mismo. Solo esperamos que nunca nos separemos de esto que sentimos ahora; solo esperamos ser capaces de llevar un pedacito de Burundi a la gente que más nos quiere.

Con las Misioneras de la Caridad de Madre Teresa de Calcuta en Kirundo

Y para despedirnos por la puerta grande, llegaron los grupos de jóvenes profesionales, con unos voluntarios que decidieron hacer con su mes de agosto, con lo que todos sabemos que eso supone, algo diferente. Voluntarios que dieron un salto al vacío y apostaron su verano por un proyecto desconocido en un país desconocido, dejándose llevar por una intuición que parecía decirles “ahí es”. El plan era algo diferente en lo práctico al resto de grupos, por tener los voluntarios una mayor cualificación, pero fue igual en lo esencial, pues el espíritu no deja de ser el mismo.

Así es como cambiamos el campamento de Ndava por el ya tradicional curso en la Universidad de Ngozi, donde se llevaron a cabo dos programas de desarrollo personal y profesional para más de 300 alumnos. Y como no podía ser de otra manera, también compartimos unos días con nuestras queridas Misioneras de la Caridad, donde compartimos momentos inolvidables con los bebés y ancianos de la casa, y también pudimos echar una mano en el día a día de las tareas de las sisters, contagiándonos de la alegría de su vida entregada a los más necesitados.

Curso de desarrollo personal y profesional en la Universidad de Ngozi

Tras habernos sumergido en las profundidades del corazón de África es difícil poner palabras a todo lo vivido. Pero sí tenemos claro que hemos aprendido mucho de esta vida sencilla, alegre y entregada, y ahora tenemos por delante el gran reto de llevar todo esto a nuestra vida diaria. Y es que sin duda hemos dejado un pedacito de nuestros corazones en Burundi, y también nos llevamos un pedacito del corazón de África en los nuestros.

La realidad, más allá del número de proyectos y de todo lo que hacemos, es que año tras año se nos va haciendo cada vez más latente que nuestra labor tiene cada vez más sentido. Que detrás de todo lo que hacemos hay un gran POR QUÉ que apenas podemos atisbar debido a su inmensidad, pero que es la luz que va guiando nuestro camino. Y también, que detrás del todo el trabajo hay muchas personas anónimas, tanto en España como en Burundi, que se entregan con su tiempo, su dedicación, su cariño, su forma de ver y hacer las cosas, su amor… Cuando nos damos cuenta de todo esto, solo podemos sonreír, y agradecer mucho que lo que un día soñamos siga siendo posible y creciendo cada día.

Abriendo nuevos caminos 🙂

Un año más, Burundi nos devuelve a la rutina con una mirada nueva, y con la sensación de que un nuevo camino se abre delante nuestro. Porque es ahora cuando nos damos cuenta de que este viaje nos ha abierto los ojos, pero también el corazón. Por eso solo podemos pedir una cosa: ojalá podamos llevarnos a nuestro día a día lo que hemos vivido y sentido en el corazón de África. Y es que a veces basta con tomar la decisión firme de hacer las cosas de forma diferente; y así es como se abren nuevos caminos.

Imigambi

Imigambi

Hoy llega al mundo nuestro proyecto Imigambi, y después de muchos años de trabajo nos cuesta compartir lo emocionados que estamos. Y es que este proyecto es el resultado de un largo camino… Un camino que nació sin saberlo con un primer viaje a Burundi hace ya más de 15 años y con una promesa al volver a Madrid: no olvidarnos de lo vivido en el corazón de África. Tras volver una vez, otra vez, y otra vez más, empezamos a conocer la realidad de Burundi, y a entender poco a poco los problemas y las riquezas del país más pobre del mundo. Y así, descubrimos que, entre sus mil colinas, Burundi esconde un tesoro: su café, que es uno de los mejores del planeta. Pero también, que los caficultores de Burundi eran los peor pagados del mundo. Y decidimos no quedarnos de brazos cruzados; y cambiar las reglas. Con todo esto en mente, allá por el año 2018, y después de 10 años desde nuestros primeros viajes a Burundi, nuestro querido Carlos Bobillo “Bobi” decidió dejar su trabajo de abogado en Madrid para irse a vivir a Burundi y dedicarse de lleno al sector del café, además de impulsar los proyectos de ASU en terreno.

 


Bobi en su etapa cafetera en Burundi

Allí en Ngozi pasó dos años entre cafetales, donde pudo ayudar a miles de agricultores, y descubrir todos los secretos de la industria. Con todo este bagaje, y tras comprobar en primera persona el grandísimo impacto del café en Burundi, al que se dedican más de 1 millón de burundeses -5 millones de personas si contamos a sus familias- y que supone el 80% de las exportaciones del país, hemos querido lanzar en España un proyecto de emprendimiento para seguir ayudando a los caficultores de Burundi desde España.

 


Burundi; un país que vive del café

Y así es como nace Imigambi, con el objetivo de producir el mejor café dándole el mejor futuro a los agricultores que con tanto cariño lo cultivan en Burundi, y de reinvertir todos nuestros beneficios en ellos. Y es que los agricultores son el corazón del proyecto. Por ello, valoramos y recompensamos justamente su trabajo y esfuerzo. Además, reinvertimos el 100% de los beneficios en cubrir la necesidad más básica en la zona rural en las que trabajamos: con cada paquete de Imigambi se financia el acceso a electricidad durante un año a la familia de agricultores que lo ha producido.

 


Los agricultores, el corazón del proyecto

“Imigambi” es una canción burundesa que habla de los proyectos que Dios tiene para nosotros y que, tras mucho esfuerzo, acaban cumpliéndose. Este proyecto busca cumplir esos sueños. Y es que Imigambi es el único café que no quita el sueño, sino que permite seguir soñando. Porque podemos hacer de lo ordinario algo extraordinario. Porque todos podemos cambiar el mundo. Cada día 🙂 Toda la info y pedidos en www.imigambi.org

 

 

2024, confiando mucho

2024, confiando mucho

Se acerca el final del año y, como cada diciembre de los últimos años, es un buen momento para hacer un repaso de todo lo transcurrido en estos últimos doce meses.

Este año nos llevamos muchos aprendizajes. Todos ellos se pueden resumir en lo siguiente: tenemos que confiar mucho más. Y es que por muchas previsiones, business plans o estrategias que podamos hacer, cada año nos encontramos con la misma situación: la vida siempre va por delante y nos sorprende una vez tras otra.

Y es que un año más, hemos batido todos los récords. Y no porque nos lo hayamos propuesto ni porque hayamos hecho nada especial, sino porque hemos puesto el corazón en todo lo que hemos hecho. Y es que ha pasado todo tan rápido que ahora, echando la vista atrás, es cuando nos damos cuenta de todo lo que hemos conseguido. Son muchas cosas y seguro que se nos olvidan unas cuantas, pero nos hace mucha ilusión hacer un pequeño repaso con vosotros…

Empezamos el año abriéndoos nuestro corazón con nuestro proyecto Umutima, donde distintos voluntarios de ASU nos han ido contando cada viernes sus vivencias en el corazón de África. También aprovechamos para contaros los distintos proyectos que estamos haciendo con LEGO tanto en nuestra escuela primaria de Ndava como Madrid de la mano de la Fundación Down Madrid.

La primavera nos cundió mucho: primero nos fuimos a correr 111km para financiar nuestra escuela secundaria, y después estuvimos en Burundi llevando a cabo nuestra primera campaña quirúrgica con grandísimo éxito. Aprovechamos el viaje para llevar un ecógrafo a nuestro Centro Materno Infantil “San Lucas” de Ndava, donde un año más hemos realizado cientos de partos y miles de atenciones médicas sobre todo en epidemias y malnutrición.

También en primavera empezamos la construcción de nuestra Escuela Secundaria Técnica “San José” de Ndava, que ya está punto de finalizar y que pronto permitirá que los 950 alumnos de nuestra escuela primaria que tengan motivación y capacidades para ello puedan continuar sus estudios hasta la universidad gracias a nuestros acuerdos con el Ministerio de Educación de Burundi y con la Université de Ngozi, con quien seguimos llevando a cabo nuestro proyecto de microcréditos universitarios.

Llegó el verano, y con él cuatro viajes a Burundi, donde nos dimos cuenta un año más que “ahí es”.  A la vuelta, fuimos conscientes de que teníamos que contar todo lo que habíamos visto y oído y lanzamos un proyecto de construcción de casas para la etnia batwa y también de un pozo.

Cerramos el año con un viaje al corazón para documentar y compartir con el mundo la labor que llevamos a cabo en el corazón de África desde hace 16 años, con para darle un último empujón a nuestra escuela secundaria, con el lanzamiento de una en Burundi y con diversos eventos (Open Mics, capeas, afterworks, etc.) y varias pequeñas iniciativas hechas con mucho amor: campaña de reyes magos, recogida de alimentos, una silla para Benitha, una casa para Gilby, un paso más para Huevi… Y por supuesto, ¡con nuestra tradicional lotería que este año sí ha tocado!

Nada de todo esto habría sido posible sin la suma de muchos granitos de arena:

• En primer lugar, la de los socios que nos apoyáis incondicionalmente cada año. ¡Gracias por recordarnos cada día que se puede estar lo suficientemente loco como para creer que cambiar el mundo es posible!
• En segundo lugar, la de las empresas que este año habéis apostado por nuestros proyectos: Deloitte Legal, Key Capital, LEGO España, BCG, PwC, Ashurst, Trinity College, Clifford Chance… ¡Gracias por confiar en nosotros y por sumaros al cambio!
• En tercer lugar, la de todos los donantes que habéis colaborado con nosotros a lo largo del año en nuestras distintas campañas, iniciativas, retos, eventos… ¡Cada granito de arena cuenta!
• Y por último, la de los voluntarios que habéis compartido con nosotros vuestro tiempo libre y vuestros conocimientos, vuestros esfuerzos, vuestras tristezas y vuestras alegrías, vuestras ganas de cambiar el mundo… ¡Pequeñas cosas con mucho amor!

Y ya está, eso es todo. Bueno, en realidad no, al revés. Y es que esto no ha hecho más que comenzar. Porque el 2024 ya asoma por la puerta lleno de novedades: campañas médicas, verano de récord, proyectos de cooperación bastante increíbles, nueva marca de café… Y todo ello, acompañado de un salto mortal en nuestra comunicación con el que esperamos poder contaros mucho más y mejor todo lo que hacemos.

Todo lo conseguido es una pasada y por supuesto estamos muy contentos de seguir batiendo récords y de poder ayudar cada día a más gente, pero no podemos ignorar nuestro principal aprendizaje de este año: confiar más. Esto no quiere decir que no pongamos todos nuestros medios y talentos para seguir creciendo y llegando más lejos, pero sí que nos dejemos llevar mucho más y que confiemos en que si ponemos nuestro corazón en todo lo que hacemos la vida nos estará esperando una vez más con regalos y sorpresas que no podemos ni imaginar. No nos olvidemos: “Soñad y os quedaréis cortos”.

Un viaje al corazón

Un viaje al corazón

Hoy es un día especial. Por fin, después de muchos meses de trabajo “en la sombra”, podemos compartiros un proyecto que nos hace particular ilusión.

Y es que la verdad es que este proyecto se ha hecho de rogar. Y mucho. En todos estos años de trabajo en Burundi, siempre habíamos querido ir a grabar “en plan bien” al corazón de África para compartir con el mundo la labor que llevamos realizando desde hace 16 años. Y es que el “una imagen vale más que mil palabras” se debió inventar en Burundi, porque los que hemos tenido la suerte de estar allí siempre volvemos con la sensación de no poder contar con palabras algo que parece que no es de este mundo. Lo intentamos, pero siempre con la pena de no saber transmitir lo que hemos vivido.

Por unas cosas o por otras, nunca se nos presentaba la oportunidad, y así han ido pasando los años. Hasta que el año pasado una noticia lo cambió todo: fuimos seleccionados en el programa de aceleración “Talento Solidario” de la Fundación Botín, y recibimos financiación para mejorar la comunicación de nuestra entidad. Además de muchos otros cambios que muy pronto compartiremos con vosotros, lo primero que pensamos es que teníamos que compartir el grandísimo regalo que es Burundi.

Dicho y hecho. Por el fin, el sueño se hacía realidad: en abril de 2023 Carlos Bobillo se desplazaba a Burundi para grabar de la mano de Juan Prado Sendagorta, de El Burro Films. ¡Qué emoción y qué nervios por poder capturar y reflejar fielmente una belleza y una verdad tan auténticas! Y es que lo que en principio iba a ser un viaje para compartir labor que llevamos realizando todos estos años, al final se convirtió en mucho más: un viaje para compartir la belleza de los proyectos, las personas y los paisajes de Burundi. Un viaje al corazón de África. Un viaje al corazón.

Así nos recibía Burundi: la belleza del corazón de África brotó desde el primer minuto

Después de meses de mucho trabajo, por fin podemos mostraros el resultado. Por fin ha llegado al día. Por fin, os podemos invitar a viajar a corazón de África. Y a nuestros propios corazones. Esperamos que disfrutéis tanto del viaje como hemos disfrutado nosotros todos estos meses de trabajo.

Además, hemos querido aprovechar el lanzamiento del proyecto para hacer un breve making-of de “Un viaje al corazón” y entrevistar al cámara detrás de la cámara. Con todos ustedes, Juan Prado en directo para contarnos todo lo vivido en Burundi “behind the scenes” y compartir sus experiencias en el país de las mil y una colinas.

El cámara detrás de la cámara: no todo iba a ser trabajo 🙂

Juan, ¿puedes hacernos una breve presentación personal y profesional de ti? (Cómo nace tu afición por la fotografía / imagen, tipo de proyectos en los que sueles participar, etc.)
Soy Juan Prado, tengo 32 años y tengo una pequeña productora audiovisual. Hace un par de años decidí empezar por mi cuenta esta empresa, para llevar a cabo proyectos que me hicieran ilusión y fuesen más personales, y compaginar así el trabajo en grandes producciones que llevo haciendo durante más de cinco años. Acabamos de terminar nuestro primer largometraje documental, “Viaje a Ítaca”, y tenemos muchas ganas de enseñarlo.

Burundi ha sido tu primera vez grabando en África: ¿ha sido realmente como te esperabas? ¿Qué te ha sorprendido más?
No sé muy bien lo que me esperaba. Prefería no hacerme muchas ilusiones para no decepcionarme. No porque fuese la primera vez grabando sino porque fue también la primera vez como viajero. Nunca había pasado de Marruecos y tengo que decir que desde que bajé del avión estuve flipando durante un rato largo. Creo que ese rato duró dos o tres días. Me sorprendió la cantidad de gente que hay en todas partes. No había diez segundos sin que apareciese alguien. Niños por todos lados, bicis, gente mercadeando…

¿Puedes contarnos alguna anécdota vivida en Burundi que recuerdes especialmente?
Me acuerdo después de varias horas de viaje por carreteras asfaltadas a trozos, con paradas innecesarias por averías y, en fin, un viaje bastante largo, llegar a una casa a las afueras de una ciudad llena de gente, con polvo marrón que se levantaba como una nube, gente descalza y con ropas rotas, y de repente, una puerta que daba a una especie de oasis. Allí había un jardinero que recortaba cada planta con mucho cuidado. Había ancianos comiendo y niños jugando debajo de un árbol. Era la casa de las Misioneras de la Caridad de Madre Teresa de Calcuta. La imagen del jardinero, recortando cada rama para que las flores crecieran se me quedó marcada. Esas flores no iban a alimentar a nadie ni a quitarle la sed, ni hacerles ricos. Pero allí se cuidaban las cosas. Se cuidaban de verdad, para que crecieran con fuerza.

¿Qué dificultades, tanto a nivel técnico como a nivel personal, te has encontrado grabando en Burundi?
Creo que lo mejor fue lo fácil que es la gente a la hora de ser grabada. Creo que lo más difícil fue también la gente a la hora de ser grabada, porque se acumulaban muy rápido con la curiosidad de ver lo que estábamos haciendo y ya era imposible pillarles de estrangis.

“De repente, todo seguía su ritmo y aparecía la magia”

Burundi es un país con una belleza muy característica que no siempre es fácil de capturar. ¿Qué crees que tiene Burundi de especial? ¿Qué has hecho para tratar de capturar esa esencia y reflejarla en tus vídeos?
Burundi tiene unos paisajes curiosos porque es muy verde. Hay mucho platanero, muchos campos de arroz. También hay mucha nube, mucha lluvia. Pero sobre todo hay gente. No me imaginaba que la gente iba a marcar tanto el paisaje, es imposible imaginárselo sin personas por todos lados. Es verdad que cuando tenías tiempo y te ponías a esperar a que se olvidasen de ti, de repente, todo seguía su ritmo y aparecía la magia.

¿Qué te llevas de la experiencia? ¿Qué te llevas de Burundi y de su gente?
Me llevo muchas historias y unos recuerdos muy bonitos. Es un sitio muy amable, nos trataron muy bien en cada sitio que fuimos y espero poder volver en algún momento.

“Burundi tiene unos paisajes muy curiosos porque es muy verde”

Tras tu paso de Burundi, ¿has notado algún cambio interiormente? ¿Cómo era el Juan del vuelo de ida y el del vuelo de vuelta? ¿Cómo ha sido la evolución?
Bueno supongo que sí, es más fácil ver los cambios externos, pero esos pasan rápido y uno vuelve a estar igual que antes. Gestionar los internos es más complicado, imagino que se cocinan en secreto y cuando pasa un tiempo uno se da cuenta, porque se acuerda de un sitio, de una historia, de un momento…

Después de haber conocido de cerca los proyectos de ASU, ¿crees que la labor que estamos llevando a cabo en Burundi tiene sentido? ¿Qué destacarías? ¿Qué crees que se puede mejorar?
Tiene mucho sentido, al final trabajar desde la base es lo más importante para cualquier comunidad y más en un país tan poco desarrollado como Burundi. Se ve que los chavales van con ilusión a la escuela para poder estudiar y aprovechar esa oportunidad. Las madres agradecen los centros de maternidad porque se juegan la vida. La cadena está perfectamente soldada para que todo tenga un sentido desde el principio hasta el final.

Contad lo que habéis visto y oído

Contad lo que habéis visto y oído

Hace un par de meses, recibíamos un vídeo de unos de los equipos de voluntarios que ha estado este verano en Burundi contándonos lo que habían vivido al visitar los poblados batwa de Ngozi.

Su testimonio era difícil de olvidar: los batwa, una etnia pigmea muy minoritaria, viven al margen de la sociedad en Burundi, un país que de por sí es el más pobre del mundo. Son por tanto lo más pobres entre los pobres, una comunidad olvidada a ojos del mundo que vive hacinada en cabañas de paja sin luz, agua ni electricidad.

Choza Batwa

Choza de paja tipo de una familia batwa, en la que viven una media de 8 personas

Pero a grandes problemas, grandes soluciones. Después de muchos años trabajando con las comunidades batwa y de conocer sus necesidades de primera mano, hemos visto que es imposible que los batwa salgan adelante sin en primer lugar garantizar que viven en unas condiciones mínimamente dignas que les permitan afrontar el resto de retos a los que se enfrentan. Teniendo en cuenta esto, el reto que nos lanzaba el equipo desde Burundi era sencillo: financiar la construcción de casas firmes en adobe con habitaciones, baño y cocina independientes para poder garantizar a los batwa un mínimo de seguridad, higiene, privacidad, y sobre todo de dignidad, sobre la que empezar una nueva vida para cambiar su futuro.

Casa de adobe para una familia batwa con habitaciones, baño y cocina independientes

Hoy, dos meses después, hacemos balance del proyecto y vemos que la respuesta a este reto no ha podido ser más increíble. Gracias a la ayuda de muchas personas, finalmente se han conseguido más de 6.000€ para este proyecto, que acabamos de mandar a Burundi y que nos van a permitir construir un total de 6 casas para 6 familias batwa. Estas primeras casas irán destinadas a aquellos que más lo necesitan: familias que han perdido a alguno de los padres y que por tanto se encuentran en situación de extrema vulnerabilidad. Os adjuntamos a continuación una fotografía de este tipo de casas que ya hemos construido en el pasado para que podáis visualizar mejor el proyecto, y nos comprometemos a compartir el proyecto de construcción de las 6 casas una vez haya finalizado para que podáis sentir muy de cerca el granito de arena que habéis aportado. En paralelo, seguiremos con el resto de proyectos que llevamos a cabo con estas comunidades: becas para que los mejores estudiantes batwa puedan ir a la Universidad de Ngozi, perforación de un pozo para que puedan tener agua corriente, entrega de ropa, material y escolar y medicinas…

Madre e hijo en poblado batwa

Donación de ropa a las comunidades batwa en julio de 2023 gracias a McYadra

Donación de zapatillas a las comunidades batwa en julio de 2023 gracias a Pompeii

Este ha sido un primer pequeño gran paso para poder mejorar las condiciones de vida de estas comunidades batwa, con las que esperamos seguir caminando juntos durante muchos años más para darles todo nuestro apoyo para que puedan avanzar y desarrollarse con el objetivo de que ellos mismos puedan cambiar su futuro.

Nada de esto habría sido posible sin la colaboración de tantísima gente que ha apostado por este reto, por lo que solo podemos estaros agradecidos, compartir con vosotros la ilusión que nos hace este proyecto e invitaros a venir a verlo en persona cuando queráis 🙂