por KOMERA | May 12, 2020 | Cooperación al desarrollo, Jaime, Testimonios, Voluntariado
Todo empieza durante el año 2006. Chete, Íñigo y yo estábamos en 2º de carrera y teníamos 20 años. Chete estudiaba Administración de Empresa, Íñigo Administración de Empresas Internacional y yo estudiaba Derecho. Como muchos jóvenes de nuestra generación y la siguiente, teníamos muchas ganas de ayudar, de dedicar nuestro tiempo de descanso y verano para mejorar la vida de los demás y de cambiar lo que veíamos.
Buscábamos numerosas ONG’s y fundaciones donde poder ayudar, pero todas nos ponían problemas. Muchas nos exigían requisitos que entonces no podíamos cumplir:contar con una titulación universitaria, poseer años de experiencia profesional, dedicar varios meses de entrega en terreno o desembolsos económicos elevados para poder viajar a ciertas partes del mundo. No obstante, no éramos más que tres jóvenes de 20 años con un mes de vacaciones de verano, muchas ganas de ayudar y poca formación.
Dado que nos estaba siendo complicado encontrar nuestro lugar para arrimar el hombro, decidimos lanzarnos y emprender constituyendo nuestra propia ONG. Una entidad que fuese un canal que permite conectar a gente que quiere ayudar con gente que necesita ser ayudada, y facilitando que los jóvenes se pudiesen involucrar en proyectos de cooperación al desarrollo y programas de voluntariado. En esta pequeña locura decidió animarnos y aconsejarnos D.Eulalio, quien nos apoyó y ayudó en los primeros años.
Teníamos constituida nuestra entidad: Asociación Solidaria Universitaria, ASU ONG, pero, ¿dónde íbamos a ayudar? Comenzamos a buscar proyectos y decidimos ir a hablar con un sacerdote que trabajaba en una parroquia de Alcobendas, la Parroquia San Lesmes Abad. El nombre de ese sacerdote y su país de origen cambiarían para siempre el futuro de ASU. Ese sacerdote era burundés y se llamaba Apollinaire Bagayimbaga.
Cuando fuimos a hablar con él, le pedimos que nos ayudase a encontrar algún sitio donde ayudar durante el curso allí en Alcobendas. El Padre Apo, como le llamamos cariñosamente, nos lanzó un órdago: “Aquí en Alcobendas ya ayuda mucha gente, si de verdad queréis ayudar, venid a Burundi”. El Padre Apo se volvía a Burundi durante ese último trimestre de 2006, y nos invitó a pasar con él las Navidades en Burundi, conocer el terreno y ver cómo podíamos ayudar. Parecía que ASU comenzaba a tener un futuro en tierras africanas.
Esas mismas navidades, aunque con algunas dudas iniciales, Chete y su hermano Alberto no dudaron en ver el all in, hicieron las maletas y se fueron a conocer Burundi de primera mano. 10 días donde el Padre Apo fue un anfitrión increíble. Él les enseñó las posibilidades de ayuda en Burundi: conocieron el caos de Bujumbura, se les presentó el gran proyecto de la Universidad de Ngozi que iba a liderar como rector tras años de parón en el país, conocieron la realidad de las Misioneras de la Caridad en el corazón de África, visitaron su poblado natal, Ndava…
Tras casi 12 años de guerra civil, el país volvía a vivir en paz y Chete y Alberto lo vieron claro en primera persona, ASU debía comenzar a ayudar en Burundi ese mismo año para cubrir dos objetivos:
- Ayudar a la reconstrucción social y económica del país, y ser un apoyo al sostenimiento de la paz tras tantos años de guerras y conflictos.
- Servir como medio para una mejora de las condiciones de vida de la gente, especialmente en educación y sanidad, dada la gran falta de recursos en Burundi.
El verano de 2007 comenzó el rock and roll, por fin pisaba Burundi junto a otros 11 valientes jóvenes. No sabíamos muy bien dónde íbamos, pero ese verano marcó para siempre nuestras vidas.
Los primeros 15 días organizamos un campamento de verano para 150 niños en Ngozi, donde impartíamos clases de música, plástica, religión e inglés. Por las tardes jugábamos al fútbol hasta caer rendidos. Después, dedicamos 10 días para ayudar a las Misioneras de la Caridad en su casa de Kirundo, cuidando de los bebés y las ancianos que vivían con ellas. Allí llevamos nuestras maletas llenas de camisetas, material escolar y médico. Era todo lo que podíamos dar junto a nuestro cariño, esfuerzo y alegría. Fue sin duda el mejor verano de mi vida.
Y gracias a esa iniciativa que tuvimos Chete, Íñigo y yo y el impulso que nos dio el Padre Apo para realizar ese primer proyecto, ASU ha podido trasladar a Burundi, Nicaragua e India a más de 250 voluntarios que como nosotros, querían ofrecer su tiempo y su trabajo de manera desinteresada a los demás. Gracias a esos 250 voluntarios, sus familias y amigos, ASU ha conseguido realizar proyectos valorados en total en 956.450€.
Y lo mejor de todo, seguimos. Ampliamos horizontes, nuevos proyectos, más países, más gente a la que ayudar, y sobre todo, seguimos poniendo muy fácil el ayudar y mejorar la vida de los demás.
Un saludo,
por KOMERA | May 6, 2020 | Cooperación al desarrollo, Marta, Testimonios, Voluntariado
Una pequeña muestra del material comprado
El coronavirus ha cambiado la vida a todos los españoles. Hemos aprendido a apreciar cosas sencillas como un abrazo, un paseo, un vino con amigos, un café con los del trabajo… En ASU, además de todo esto, hemos aprendido también que juntos podemos hacer cosas muy grandes (incluso desde el sofá de nuestras casas), cosas como la que os contamos a continuación.
Hace un mes nos pusimos en contacto con las Misioneras de la Caridad de Madrid. Son misioneras dedicadas al cuidado de los más pobres que forman una gran familia religiosa con casas a lo largo de todo el mundo. En Madrid, en concreto, tienen dos casas: una con un comedor social donde dan de comer a quien lo necesita y otra a modo de residencia donde viven enfermos terminales de SIDA, pobres y ancianos en su mayoría. Van día a día, confiando en que Dios les mandará lo que necesiten y realizando una labor increíble en silencio.
En marzo, la entrada del coronavirus complicó la situación, haciendo que los residentes de la casa e incluso algunas misioneras se contagiaran. La vulnerabilidad que tenían de base combinada con la infección resultó muy grave. Además, como todos sabréis, los hospitales se colapsaron, y ellas seguían cuidando a sus enfermos sin el material necesario.
Al enterarnos de esta situación les pedimos que nos hicieran una lista con las cosas que más necesitaban para seguir cuidando a los enfermos y lanzamos una campaña por RRSS para recaudar dinero. En menos de 24 horas recaudamos 5.839€ gracias a los cuales pudimos hacer dos pedidos a una farmacia de medicamentos, sueros y material para cura de heridas y comprar 60 litros de gel hidroalcohólico, además de conseguir la donación de material médico especializado (especialmente abbocaths) de difícil acceso para particulares. Todo el mundo se volcó y en apenas 48 horas el material estaba en casa de las Sisters.
Muchos voluntarios, amigos y empresas también quisieron sumarse aportando material (medicinas, pantallas de protección, gasas, sueros, guantes, vendas, jeringuillas, alcohol…..) y otros haciendo mascarillas, gorros y batas con infinito cariño e incluso dando vuestro tiempo para poder transportar las cosas hasta el hogar.
Dada la repercusión de la campaña también pudimos ampliar la ayuda con la compra de alimentos para repartir entre familias necesitadas. Hemos destinado casi 2,5 toneladas de comida a la Parroquia de San Juan de Dios en Vallecas, ayudando a repartir alimentos a unas 600 familias.
Por todo esto, solo nos queda daros las GRACIAS. Gracias por compartir por redes la iniciativa, por contársela a vuestros familiares, por aportar material o dinero, por moveros a llevar ese material, por hacer posible esta campaña.Gracias de todo corazón.
Hemos demostrado que juntos podemos conseguir lo que nos propongamos aquí en España, y esperamos poder hacerlo también pronto en Burundi. Seguimos recibiendo solicitudes de ayuda por lo que volvemos a habilitar un canal de ayuda para dar solución a esta nueva realidad.
Como decía Madre Teresa de Calcuta: “small things with great love”. Seguimos 😉
por KOMERA | Abr 30, 2020 | Borja, Cooperación al desarrollo, Testimonios, Voluntariado
Ante la posible llegada del Covid a Burundi, entrevistamos a Amidou, profesor de la Universidad de Ngozi, para que nos cuente de primera mano cómo se encuentra el país ante esta situación y cuáles son las perspectivas de futuro.
Pregunta: ¿Cuál es la situación del COVID 19 en Burundi?¿Cuántos casos hay y cuántos fallecimientos ha habido?
Respuesta Amidou: La situación respecto al Coronavirus en Burundi no es muy alarmante. Solamente ha habido 18 casos hasta el momento: 3 de ellos ya se han recuperado y se les ha dado el alta, mientras que únicamente ha habido un fallecido.
Este paciente que falleció padecía cáncer y estaba ya en fase terminal. Los otros 14 casos evolucionan bien y parece que en pocos días se les dará el alta para que puedan irse a sus casas después de haber estado en cuarentena.
P: ¿Qué tipo de medidas de prevención adoptó el gobierno antes de que hubiese casos y cuáles son las que ha adoptado ahora que hay casos confirmados?¿Han cerrado fronteras?
R: El gobierno reaccionó en un inicio con medidas preventivas. La medida principal que se adoptó fue poner en cuarentena a toda persona que viniese del extranjero durante 14 días. Se ponía especial cuidado con aquellos que venían de países afectados por el Coronavirus, como Francia, España, Alemania entre otros países occidentales. Más tarde, cuando la cosa se puso peor en occidente, se cerraron las fronteras para limitar la importación de los casos.
Una vez se confirmaron los primeros casos, se comenzaron a hacer pruebas PCR a todas las personas que hayan estado en contacto con algún infectado. A su vez, se han lanzado campañas de sensibilización de la población para que adopten las medidas de prevención, enfocándose especialmente en el lavado de manos con agua y jabón.
P: Algunas de las noticias que llegan a España son sobre las competiciones deportivas, en especial de fútbol en Burundi, ¿siguen disputándose sin restricciones?
R: Muchos países han cerrado sus competiciones, pero no en Burundi, que siguen teniendo lugar. La liga burundesa sigue su curso con normalidad.
P: Si la cosa se pusiese peor, ¿podría funcionar el confinamiento en Burundi?
R: Si la cosa se pusiese peor yo diría que el confinamientos sería muy difícil en Burundi. La mayoría de la población debe trabajar de manera normal y no cuentan con ahorros, sino que dependen del trabajo del día a día. Si no salen a trabajar no podrán comer, por lo que creo que no solo en Burundi, sino en toda África va a ser muy difícil que funcione el confinamiento.
P: ¿Crees que la población está concienciada de la gravedad de esta pandemia tras lo ocurrido en países más desarrollados?
R: Sí, la gente está muy concienciada con la gravedad de la pandemia, ya que ha habido otra epidemia de Ébola muy cerca de Burundi, en la República Democrática del Congo, por lo que la gente sabe bien lo que tiene que hacer.
Además el gobierno recuerda a menudo la importancia de la situación. La gente está colaborando muy bien para evitar el contagio y escuchan la radio para estar informados de lo que pasa en los países desarrollados. Lo que allí está pasando les aterroriza.
P: ¿Por qué crees que de momento la pandemia no se ha disparado en Burundi y países africanos?¿Puede tener que ver que uno de los tratamientos consista en medicación de la malaria?¿Quizá debido a la baja población envejecida que existe?
R: Muchos países africanos son muy pobres y la gran mayoría de la población no se suele desplazar al exterior: muy pocos viajan por aeropuertos o cogen barcos. Además, hay poco desplazamiento interno, ya que no existe nada parecido al metro. En definitiva, la población se desplaza muy poco. Esto, unido a que haya pocos vuelos internacionales al continente hace que la importación de casos infectados desde otros países sea limitada.
Otro de los factores que ayuda a que la situación no se agrave es la juventud de la población africana en general. La esperanza de vida no es muy elevada, por lo que la población envejecida es muy baja. En Burundi ocurre lo mismo. Además, los ancianos no viven en la capital, sino en las zonas interiores del país, lo que hace más difícil que alcancen el virus.
Además, y esto es un punto de vista personal ya que no cuento con formación médica, mucha gente padece malaria, y al tomar la cloroquina propia de algunos tratamientos, ayuda a curar el coronavirus.
P: ¿Cómo está la población en Burundi y qué opinan de la pandemia?
R: Están aterrorizados. Ven que los países ricos no han sabido gestionarla con tantos medios: respiradores, médicos, enfermeros, hospitales… no se imaginan cómo será si llega a Burundi.
P: En mayo el país cuenta con elecciones generales, ¿se mantiene la fecha?¿Se plantean tomar medidas para prevenir los contagios?
R: Sí, en mayo tendremos elecciones generales. Tienen que tener lugar, ya que únicamente hay 14 casos activos, los cuales ya están cumpliendo la cuarentena y serán dados de alta dentro de poco, porque llevan semanas aislados. Esto no puede parar la vida de un país entero. Si los casos se multiplicasen, el gobierno creo que tomaría las medidas adecuadas.
P: ¿Estaría preparada la sanidad burundesa para sostener una situación crítica de la pandemia en términos de infraestructuras y formación de los profesionales sanitarios?¿La población tendría recursos para acceder a esos servicios públicos sanitarios?
R: Es muy difícil en la actualidad. Parece que ningún país está preparado para una pandemia así. Si los países occidentales no han estado preparados, ¿cómo van a estarlo los africanos? Lo que se está haciendo es tratar de limitar la propagación al máximo con el cierre de fronteras, las correspondientes cuarentenas… Creo que esto es lo fundamental.
P: En pequeños poblados como Ndava, donde ASU cuenta con un colegio en funcionamiento y un proyecto en curso de un Centro Materno Infantil, ¿podría llegar a expandirse la pandemia?¿Qué importancia tendría que el Centro Materno Infantil pudiese abrir sus puertas cuanto antes?
R: Ndava está muy lejos del peligro, de la capital Bujumbura, donde están todos los casos activos. Se puede fomentar en la escuela de ASU el lavado de manos con agua y jabón a los alumnos.
En cuanto al centro materno-infantil, hace falta que abra las puertas para contribuir la lucha con las enfermedades y la sensibilización de cómo debe comportarse la población ante una posible pandemia y situaciones difíciles. El CMI tiene una importancia capital para aconsejar y atender a gente que ahora muere en casa por no poder/querer ir lejos a un centro de estas características.
La población espera su apertura muy pronto y espera mucho de él, ya que es el único de este tipo en la región.
Entrevista Borja GPG
por KOMERA | Abr 22, 2020 | Cooperación al desarrollo, Marián, Testimonios, Voluntariado
Aún recuerdo con gran nostalgia cuando nos juntábamos al final del día de trabajo en los proyectos de verano y cada uno compartía lo que había descubierto. Allí, en aquel lugar recóndito, a miles de kilómetros de España, cada día era diferente y cada mañana comenzaba una nueva oportunidad de crecer, aprender, compartir, un auténtico regalo. Pronto el tiempo nos devolvía a la rutina y en su paso se llevaba gran parte de la realidad vivida.
Parece que el tiempo cambia algunas cosas. Sin embargo, otras no, y lamentablemente aquella realidad no ha cambiado. Por eso seguimos luchando desde aquí por mejorar, en la medida que podamos, la vida de aquellas personas.
Algunos de vosotros conocéis los proyectos con más detalle, otros menos, pero para que todos aquellos que queráis seguir en contacto y al día podáis estarlo, hemos creado las Asuletters. Una manera más de contaros, de manera mensual y directos a vuestro buzón de correo, sobre todos los avances de los proyectos, las actividades en las que poder participar y cómo ayudarnos a seguir brindando mejores condiciones de vida a miles de personas, porque como aquel verano en el que todos crecíamos juntos, así queremos seguir haciéndolo también aquí en España.
Además, muchos de vosotros, buscando un mayor compromiso con los proyectos habéis decidido generosamente haceros socios para poder contribuir desde aquí, con vuestro trabajo, en la vida de allí. Queremos agradeceros especialmente vuestra iniciativa y mostraros que vuestra contribución es real y fructífera. Juntos estamos consiguiendo grandes avances y cada mes, además de lo anterior, os lo comunicaremos de forma detallada.
Deseando contar con todos vosotros, esperamos os guste esta idea.
Como siempre seguimos en contacto y a vuestra disposición para cualquier sugerencia, idea, etc… No dudéis en escribirnos a equipo@asuong.org
¡Hasta el mes que viene!
Un fuerte abrazo y mucho ánimo 😉
por KOMERA | May 12, 2016 | Carlos B, Testimonios, Voluntariado
“Hace ya casi siete años del día en que un grupo de por entonces desconocidos pisamos tierras africanas por primera vez ¿Cómo valorar si fue un buen viaje de voluntariado más allá de haber ayudado mucho y haberlo pasado muy bien?¿Cómo juzgar si aquel viaje tuvo un impacto real en nuestras vidas?”
Queremos compartir el testimonio de Carlos en MapAyuda.org, para que cada uno pueda valorar si la ilusión que teníamos en aquellos días por la aventura que empezaba, y la que mantenemos hoy en día trabajando en los mismos proyectos, os anima a dar el paso de dedicar parte de vuestro tiempo a los demás… ¡Gracias Bobi!
Hace ya algún tiempo que no voy por Burundi. Cuando fui invitado a relatar mis experiencias en MapAyuda, la verdad es que me pilló un poco por sorpresa, ya que no sabía hasta qué punto mis viejos recuerdos podrían resultar de utilidad a nadie. Tras darle alguna que otra vuelta al asunto y estar a punto de declinar la invitación un par de veces, pensé que el poco –y único- valor añadido que podría tener mi testimonio podría ser el de darle algo de perspectiva al voluntariado que se lleva a cabo en ASU. Eso es lo que he intentado en estas breves líneas, probablemente sin éxito, así que vayan mis disculpas por adelantado.
Es habitual escuchar en el mundo del voluntariado frases del tipo “fue el viaje que cambió mi vida”, “he recibido mucho más de lo que he dado” o “qué sería del océano sin mi gota”. Casi todos las hemos pronunciado más de una vez, generalmente al poco de regresar a nuestros hogares, dejándonos llevar probablemente por la emoción del momento. Lamentablemente, es muy habitual también que esas frases desaparezcan de nuestras vidas con la misma rapidez con la que llegaron. Un álbum olvidado en Facebook con unos cuantos likes, un renglón al final de nuestro currículum y una buena historia que contar en las copas de los próximos años; yo el primero, lo reconozco.
No dudo que todo viaje de voluntariado sea una vivencia única, ni tampoco que ningún viaje sea mejor que otro o que resulte casi imposible no volver trasformado de una experiencia así. Es indiscutible que nadie juzgar el verdadero impacto de un viaje de voluntariado en nuestras vidas mejor que uno mismo. Pero también es cierto que los hechos suelen pesar generalmente más que las palabras: si tu vida ha cambiado de verdad, tus actos serán la mejor expresión de ese cambio; si es cierto que estás en deuda por todo lo recibido, probablemente estarás más ocupado en devolver esa deuda que en pregonarlo a los cuatro vientos.
Pronto se cumplirán siete años desde que un grupo de por entonces desconocidos pisamos tierras africanas por primera vez. ¿Cómo valorar si fue un buen viaje de voluntariado más allá de haber ayudado mucho y haberlo pasado muy bien? ¿Cómo juzgar si aquel viaje tuvo un impacto real en nuestras vidas? ¿Cómo saber si soy imparcial recomendándolo o desaconsejándolo?
No es fácil hallar una respuesta clara. Probablemente, la única forma de saberlo sea analizando cómo afectó aquel verano a nuestras vidas transcurridos esos siete años desde entonces, que no es poca perspectiva, y, en cualquier caso, es toda la que tenemos. Vayamos uno por uno. A Mena, Álvaro y Mamen no les cuento, ellos ya habían estado en Burundi antes así que estaba claro que el mensaje les había calado hondo. Jabato y Santi fueron varias veces más a Burundi, acompañados, con los años, por varias de sus hermanas. Santi, además, también anduvo de voluntario en Sierra Leona y en Perú. También Celia y Bea, quienes aprovecharon sus últimos veranos antes de dar comienzo a sus vidas laborales para repetir la experiencia. Mención especial a Carlos, quien enfocó su carrera de medicina hacia las enfermedades tropicales y desde hace tiempo ejerce en Camerún. Y qué decir de Gaspar, del cual ya pierdo la cuenta de cuántas veces ha estado en Burundi, Sierra Leona o Nicaragua y que desde hace años dedica el poco tiempo libre que le deja la arquitectura en dirigir la ONG junto a su querida Marga y en engañar a sus hermanos pequeños para que se sumen al proyecto.
La última de mis intenciones sería poner ningún tipo de medalla a estos voluntarios, que tan solo se dejaron llevar por sus ganas de ayudar y que además no habrían cambiado estas experiencias por nada del mundo. Por otra parte, es difícil saber cómo habrían sido nuestras vidas sin aquella experiencia, por lo que resulta imposible determinar si Burundi fue el detonante de todo lo que vino después. Lo único que sé es que siete años después, y pese a lo llovido, todos seguimos involucrados en ASU con la misma o más ilusión si cabe que aquella tarde de junio en la terraza de un irlandés hoy desaparecido de la calle Almagro…
¿Casualidad? Tal vez. O tal vez no. Os invito a ver el siguiente vídeo:
Podéis encontrar toda la información relativa a nuestros campamentos de verano en nuestra web. En resumen, la información más reseñable es la siguiente: ¿Dónde? En Granada (Nicaragua) y en Ngozi, Kirundo y Bujumbura (Burundi). ¿Cuándo? Un mes en verano (julio y agosto). ¿Número de voluntarios? Entre 15 y 25, seleccionados atendiendo a los méritos del trabajo realizado durante el año en Madrid y de una entrevista personal. ¿Tipo de voluntariado? El voluntariado de ASU se centra en llevar a cabo distintas actuaciones sociales y humanitarias. El proyecto se centra en la organización de un campamento para niños, que incluye refuerzo escolar, comedor, juegos y actividades deportivas. Además, se llevan a cabo muchas otros proyectos, como la impartición de cursos de inglés en la universidad o la colaboración en los hogares de las Misioneras de la Caridad, atendiendo a bebés huérfanos y personas en exclusión social. ¿Perfil de los voluntarios? ASU se caracteriza por su espíritu abierto y por la heterogeneidad de las personas que la componen. A lo largo de estos años, hemos tenido la suerte de contar con gente de todo tipo de perfiles y edades, siendo nuestro único rasgo común las ganas de ayudar. Otra información de interés: Necesario visado (in situ) y vacunas para Burundi. Enhorabuena y muchas gracias a MapAyuda por una idea tan brillante y original como es esta plataforma, que sin duda ayudará a muchos voluntarios a encontrar su camino.