por KOMERA | Jun 26, 2024 | Jaime, Testimonios, Voluntariado
De vez en cuando, uno tiene la inmensa suerte de toparse con algo extraordinario. Aunque más que toparse, es caer en la cuenta de que uno está frente a algo extraordinario, porque de este tipo de cosas solemos vivir rodeados sin ser conscientes.
Este verano, me dispongo a visitar Burundi por tercer año consecutivo, y a tan solo unos días de coger el avión rumbo al corazón de África, he decidido pararme para asimilar todo lo que está pasando y lo que está por pasar.
Preparar un verano en Burundi implica mucho trabajo, mucho amor, mucho tiempo y dedicación. Este año, yo he tenido la suerte de involucrarme de una manera diferente, como líder de uno de los cinco grupos que se desplazará a terreno este verano. Cada día que he pasado organizando el proyecto, he aprendido algo diferente, tanto del resto de compañeros del equipo como de mí mismo. Al principio, cuando me propusieron liderar el proyecto, tuve algo de vértigo y alguna que otra inseguridad: ¿seré capaz de estar a la altura? ¿Podré aportar algo de valor a los proyectos? ¿Seré útil?… Ahora que lo veo con algo más de perspectiva, me rio un poco de mí mismo porque creo que por fin, después de dos veranos en Burundi de la mano de ASU y camino del tercero, he entendido lo que es ASU: un folio en blanco.
ASU nació para seguir naciendo cada día. Todo puede ser nuevo: Burundi nos permite que todo pueda serlo. En un mundo donde lo nuevo asusta, donde nos agarramos a la comodidad como a un clavo ardiendo, donde el sofá es nuestro mejor amigo y la tele y las redes nos acompañan como los mosquitos en las noches de verano, surge un grupo de jóvenes que deciden pararse, dar un paso atrás, observar su realidad, y movilizarse para cambiarla.
Los meses antes de irnos a Burundi son igual de esenciales que el mes que luego pasamos allí. Todo empieza con la formación del grupo: sesión informativa, entrevistas, selección de los voluntarios que formarán parte del proyecto… Una vez el grupo está cerrado, viene una segunda fase fundamental: las reuniones de formación de los voluntarios que se desplazarán a Burundi, donde profundizamos en aspectos clave del proyecto yendo desde lo más trascendental (por qué hacemos lo que hacemos) hasta lo más práctico (como por ejemplo, qué vamos a dar en la clase del día 4 del campamento o quién lleva la maleta con los balones de fútbol). En paralelo, todos los voluntarios comenzamos a movernos desde el primer día para conseguir los materiales de cooperación que llevamos cada uno en nuestras maletas (medicinas, material escolar, ropa, material deportivo, etc.) y los fondos necesarios para que el proyecto salga adelante. Además de hacer cada uno hace la guerra por su lado para liar a los nuestros, también aprovechamos para juntarnos y sacar adelante iniciativas entre todos para recaudar fondos: organización de eventos de todo tipo, venta de bolsos, camisetas y pulseras, etc. Y por supuesto, aprovechamos todas estas oportunidades de convivencia para ir conociéndonos y haciendo piña.
La realidad es que esta etapa, el “pre-Burundi”, es bastante ajetreada: hay mucho movimiento, muchas cosas por hacer, mucha velocidad, muchos sentimientos, mucha gente nueva… Todo esto supone un reto bastante complicado pero apasionante, y es que una vez te subes al barco de Burundi, pasas directamente a formar parte de ASU como si fueras uno más de toda la vida, y esto crea algo muy bonito, o por lo menos así me lo parece, que es el plantarle la cara a lo desconocido. Del día a la mañana pasas a formar parte de algo de lo que probablemente nunca antes habías oído hablar, y tienes la misma responsabilidad que el resto de voluntarios de involucrarte para que el proyecto salga adelante. Aunque tanto trabajo y tanto jaleo asusta un poco al principio, lo cierto es que el esfuerzo que ponemos durante este “pre” es lo que cambia todo, pues el amor que ponemos en lo que hacemos, por pequeño que sea, se nos devuelve cuando estamos en Burundi y se multiplica por cien. Y esa es la clave de todo: involucrarse desde el día uno para vivir Burundi en su plenitud, ser conscientes de que Burundi también es casa y de que también podemos ayudar desde aquí, y querer vivir esta experiencia con vocación de permanencia, y no como un mes aislado de nuestras vidas.

Hoy, a unos pocos días de volar a Burundi, solo puedo mirar hacia atrás y ver que todos estos líos han merecido la pena. Podría quedarme en tierra y aún así habría merecido la pena la aventura. Y es que siento una gratitud enorme por todo lo que me ha dado Burundi estos años, por todo lo que me ha dado ASU y por todas las personas que me han acompañado en el camino. El Lapu que se iba a Burundi por primera vez hace tres años no se reconocería en un espejo, y lo bonito de esto es que no soy un caso aislado: todos lo que hemos tenido la suerte de acabar en Burundi, a pesar de nuestras diferencias, hemos vuelto con el alma llena, cada uno a su manera.
Y es que cada Burundi es distinto, y Burundi es distinto para cada uno. En mi caso, este año, el tener la responsabilidad de liderar un grupo hace que enfoque el viaje de manera diferente. Me meto de lleno en un mundo desconocido, pero con la confianza en que todo saldrá bien. Y con un objetivo es muy sencillo: que todos los voluntarios reciban este verano el mismo regalo que yo recibí en mis anteriores Burundis, y que todo lo que van a vivir les permita, a su vuelta, poner el foco en lo que de verdad importa.
Ahora me doy cuenta de que lo más importante ya está hecho. Porque llevamos meses preparando el proyecto y ahora solo nos queda poner la guinda al pastel. Porque ya somos una pequeña gran familia. Y sobre todo, porque nuestro corazón ya está en Burundi. Y solo por eso, nada puede salir mal. Ojalá no nos olvidemos nunca de esto. De que Burundi es cada día de nuestras vidas. La verdad es que yo, aparte de mis diarios personales de mis anteriores viajes, no me había sentado nunca a valorar con perspectiva todo lo que ha supuesto Burundi en mi vida. Cuando estás allí las palabras salen solas y puedes llenar varios cuadernos de pensamientos, rutinas, ideas, proyectos… pero aquí en Madrid es otra cosa, los recuerdos se desvanecen muy rápido, y si no los cuidas, cada día un rato, se terminan quedando en nada. Yo tengo mis trucos, cada uno tendrá los suyos. Ahora comprendo que Burundi es la chispa que se nos enciende por dentro, y que en nuestra mano está el qué hacer con esa chispa, si dejarla pasar y que al cabo de unos meses no sea más que ceniza, o si trabajarla para poder convertirnos en hogueras y expandir este fuego por donde pasemos.
por KOMERA | Dic 22, 2023 | Carlos B, Cooperación al desarrollo, Testimonios, Voluntariado
Se acerca el final del año y, como cada diciembre de los últimos años, es un buen momento para hacer un repaso de todo lo transcurrido en estos últimos doce meses.
Este año nos llevamos muchos aprendizajes. Todos ellos se pueden resumir en lo siguiente: tenemos que confiar mucho más. Y es que por muchas previsiones, business plans o estrategias que podamos hacer, cada año nos encontramos con la misma situación: la vida siempre va por delante y nos sorprende una vez tras otra.
Y es que un año más, hemos batido todos los récords. Y no porque nos lo hayamos propuesto ni porque hayamos hecho nada especial, sino porque hemos puesto el corazón en todo lo que hemos hecho. Y es que ha pasado todo tan rápido que ahora, echando la vista atrás, es cuando nos damos cuenta de todo lo que hemos conseguido. Son muchas cosas y seguro que se nos olvidan unas cuantas, pero nos hace mucha ilusión hacer un pequeño repaso con vosotros…
Empezamos el año abriéndoos nuestro corazón con nuestro proyecto Umutima, donde distintos voluntarios de ASU nos han ido contando cada viernes sus vivencias en el corazón de África. También aprovechamos para contaros los distintos proyectos que estamos haciendo con LEGO tanto en nuestra escuela primaria de Ndava como Madrid de la mano de la Fundación Down Madrid.
La primavera nos cundió mucho: primero nos fuimos a correr 111km para financiar nuestra escuela secundaria, y después estuvimos en Burundi llevando a cabo nuestra primera campaña quirúrgica con grandísimo éxito. Aprovechamos el viaje para llevar un ecógrafo a nuestro Centro Materno Infantil “San Lucas” de Ndava, donde un año más hemos realizado cientos de partos y miles de atenciones médicas sobre todo en epidemias y malnutrición.
También en primavera empezamos la construcción de nuestra Escuela Secundaria Técnica “San José” de Ndava, que ya está punto de finalizar y que pronto permitirá que los 950 alumnos de nuestra escuela primaria que tengan motivación y capacidades para ello puedan continuar sus estudios hasta la universidad gracias a nuestros acuerdos con el Ministerio de Educación de Burundi y con la Université de Ngozi, con quien seguimos llevando a cabo nuestro proyecto de microcréditos universitarios.
Llegó el verano, y con él cuatro viajes a Burundi, donde nos dimos cuenta un año más que “ahí es”. A la vuelta, fuimos conscientes de que teníamos que contar todo lo que habíamos visto y oído y lanzamos un proyecto de construcción de casas para la etnia batwa y también de un pozo.
Cerramos el año con un viaje al corazón para documentar y compartir con el mundo la labor que llevamos a cabo en el corazón de África desde hace 16 años, con para darle un último empujón a nuestra escuela secundaria, con el lanzamiento de una en Burundi y con diversos eventos (Open Mics, capeas, afterworks, etc.) y varias pequeñas iniciativas hechas con mucho amor: campaña de reyes magos, recogida de alimentos, una silla para Benitha, una casa para Gilby, un paso más para Huevi… Y por supuesto, ¡con nuestra tradicional lotería que este año sí ha tocado!
Nada de todo esto habría sido posible sin la suma de muchos granitos de arena:
• En primer lugar, la de los socios que nos apoyáis incondicionalmente cada año. ¡Gracias por recordarnos cada día que se puede estar lo suficientemente loco como para creer que cambiar el mundo es posible!
• En segundo lugar, la de las empresas que este año habéis apostado por nuestros proyectos: Deloitte Legal, Key Capital, LEGO España, BCG, PwC, Ashurst, Trinity College, Clifford Chance… ¡Gracias por confiar en nosotros y por sumaros al cambio!
• En tercer lugar, la de todos los donantes que habéis colaborado con nosotros a lo largo del año en nuestras distintas campañas, iniciativas, retos, eventos… ¡Cada granito de arena cuenta!
• Y por último, la de los voluntarios que habéis compartido con nosotros vuestro tiempo libre y vuestros conocimientos, vuestros esfuerzos, vuestras tristezas y vuestras alegrías, vuestras ganas de cambiar el mundo… ¡Pequeñas cosas con mucho amor!
Y ya está, eso es todo. Bueno, en realidad no, al revés. Y es que esto no ha hecho más que comenzar. Porque el 2024 ya asoma por la puerta lleno de novedades: campañas médicas, verano de récord, proyectos de cooperación bastante increíbles, nueva marca de café… Y todo ello, acompañado de un salto mortal en nuestra comunicación con el que esperamos poder contaros mucho más y mejor todo lo que hacemos.
Todo lo conseguido es una pasada y por supuesto estamos muy contentos de seguir batiendo récords y de poder ayudar cada día a más gente, pero no podemos ignorar nuestro principal aprendizaje de este año: confiar más. Esto no quiere decir que no pongamos todos nuestros medios y talentos para seguir creciendo y llegando más lejos, pero sí que nos dejemos llevar mucho más y que confiemos en que si ponemos nuestro corazón en todo lo que hacemos la vida nos estará esperando una vez más con regalos y sorpresas que no podemos ni imaginar. No nos olvidemos: “Soñad y os quedaréis cortos”.
por KOMERA | Sep 8, 2023 | Carlos B, Cooperación al desarrollo, Voluntariado
Este verano, una vez más, hemos vuelto a casa.
Y ahora, ya de vuelta a la realidad, nos sentimos en la obligación de contar todo lo que hemos vivido, aunque la verdad es que no sabemos muy bien por dónde empezar. Pero merece la pena intentarlo, porque si algo hemos aprendido estos meses es que tenemos que compartir con el mundo ese gran regalo que es Burundi, que después de tantos años seguimos sin ser capaces de entender del todo, y que sigue descubriéndose poco a poco, en lo escondido.
Y es que Burundi se nos ha revelado una vez más como una realidad completamente diferente, oculta para la mayoría pero muy palpable para aquellos que tienen los ojos del rostro -y del corazón- bien abiertos.
Este año, sabíamos que todo iba a ser diferente. Empezando porque hemos batido todos nuestros récords: en total hemos sido 70 españoles -y algún que otro mexicano infiltrado- los que hemos podido disfrutar de la realidad del corazón de África, de ese pequeño rincón del mundo al que tenemos la suerte de poder llamar casa. Ha sido el año de más viajes -cuatro en total- y de más jóvenes trabajando para poder seguir desarrollando proyectos y abriendo nuevas vías de colaboración, pero si algo hemos aprendido es que los números dan igual, porque lo verdaderamente importante ha sido la huella que todas estas experiencias han dejado en Burundi y en nuestro corazón.
Arrancamos el mes de junio con un grupo de 17 jóvenes del colegio Aldovea que llevaron a cabo, como desde hace ya más de 15 años, un campamento de verano para 125 niños, repartieron material de cooperación y, como novedad, ayudaron a construir nuestra nueva escuela secundaria técnica en Ndava cuyas obras están en plena ejecución. Acabaron, dónde si no, trabajando con las Misioneras de la Caridad en Kirundo, ese lugar lleno de paz y amor al que nunca nos cansaremos de volver.

Grupo del colegio Aldovea en la construcción de nuestra Escuela Secundaria Técnica San José de Ndava
Y llegó julio, y con la llegada del nuevo mes casi 40 jóvenes aterrizaron en Burundi. Durante su estancia en Burundi, los universitarios se dividieron en dos grupos para llevar a cabo durante todo el mes nuestro tradicional campamento de refuerzo escolar en nuestra escuela primaria de Ndava, y para trabajar mano a mano con nuestras queridas sisters de Kirundo. Así latió nuestro corazón esas semanas:
“Cuando volvamos a Madrid y vuelva nuestra rutina, nuestro cansancio y nuestros miedos, no dejes por favor que nos olvidemos de todas estas personas y de su ejemplo, porque claramente nos estás hablando a través de ellos. Y es que aunque muchas veces no podamos comunicarnos fácilmente, estas personas nos hablan. Nos hablan a través de la sinceridad de su mirada y de la alegría contagiosa de su sonrisa. Y en el fondo, a través de su ejemplo, eres Tú quien nos habla, regalándonos un inagotable testimonio de fe y esperanza. Qué suerte poder aprender tanto de ellos y de Ti. Ojalá no lo olvidemos nunca.”

Grupo de universitarios en el tradicional campamento de verano en nuestra escuela primaria de Ndava
Por último, en el mes de agosto aterrizaron en Burundi 16 jóvenes profesionales que decidieron pasar sus pocas vacaciones dándose a los demás. Empezaron en la Universidad de Ngozi impartiendo un curso de desarrollo personal y profesional para más de 400 alumnos (la previsión inicial era de 150…) y a la vez llevaron a cabo un campamento de niños por las tardes. Acabaron su viaje también en Kirundo con las sisters, que nos abrieron de par en par las puertas de su casa -y de su corazón- como llevan haciendo desde hace más de 15 años y como han hecho una vez más a lo largo de los 3 meses que hemos pasado con ellas este verano. Con ellas, pudieron compartir varios días de entrega y de oración que les unieron aún más como familia.
Esa unión hizo brotar el espíritu de esta manera:
“Fuimos unos y volvimos otros, los mismos pero distintos. Corazón lleno. Tratando de asimilar todo lo vivido en el corazón de África. Aprendimos que es difícil comunicarse con personas que no hablan tu mismo idioma, pero que es fácil entenderse con el lenguaje del amor: abrazos, besos, sonrisas y bailes; no se necesita más. Hemos comprendido que, cuanto más das y más vacío te quedas, más espacio hay para llenarse con Amor y paradójicamente, más lleno estás. Hemos aprendido que tenemos que agradecer más, hasta lo más pequeño. Porque es nuestro deber y salvación dar gracias siempre y en todo lugar. Que es ahí. Ahí dónde el corazón vibre, la cabeza esté en calma y el alma contenta. ¡Ahí es!”

Grupo de jóvenes profesionales en la casa de las Misioneras de la Caridad de Kirundo
Ya os lo decíamos: no sabíamos muy bien cómo contaros con detalle todo lo vivido estos meses. Pero en el fondo los detalles dan igual, porque más que todas las vivencias, simplemente queríamos compartir lo que llevamos en nuestro corazón. Compartir que tenemos que dar gracias. Compartir que somos testigos de una realidad tras la cual se esconde el sentido del sufrimiento y el secreto de la felicidad. Compartir que Burundi es un regalo y que en nuestras manos está lo que queremos hacer con él. ¡Compartir que ahí es!
por KOMERA | Dic 30, 2022 | Carlos B, Cooperación al desarrollo, Voluntariado
Otro año más llega el 31 de diciembre y, una vez más, hacemos balance de lo que han sido estos últimos doces meses.
Este año el balance es sencillo: el 2022 ha sido sin duda alguna el mejor año de la historia de ASU. El año en que despegamos, en sentido literal y figurado.
Aunque no nos haya tocado el gordo (y eso que este año estábamos convencidos de que sí lo haría), estamos felices porque en todo lo demás hemos tenido suerte; mucha suerte. Y como la felicidad se contagia, no queríamos dejar de compartir con vosotros todos estos buenos momentos. Preparaos: despegamos.
Lo mejor de este año 2022 ha sido sin duda poder volver a casa. En total, han sido 6 viajes a Burundi, en los que han participado más de 60 voluntarios -récord histórico- y en los que hemos podido retomar nuestros campamentos de verano, nuestros cursos en la Universidad de Ngozi, nuestras estancias con las Misioneras de la Caridad de Madre Teresa de Calcuta… Burundi nos ha sorprendido como lo hace siempre, y es que el corazón de África es sin duda un lugar mágico y único donde cada año es posible tocar el cielo en la tierra.
Además del voluntariado, 2022 ha sido también un año récord para nuestra pata de cooperación al desarrollo en Burundi, en la que actualmente llevamos a cabo un total de 15 proyectos en las distintas áreas en las que trabajamos.
En educación, ya estamos trabajando en la ampliación a secundaria de nuestra escuela de Ndava, y pronto os contaremos novedades de nuestro nuevo proyecto de microcréditos en colaboración con nuestra querida Universidad de Ngozi.
En sanidad, seguimos emocionados de que en nuestro Centro materno infantil de Ndava siga salvando la vida a quienes dan vida, siga dando respuesta a las necesidades médicas más elementales de miles de personas y siga produciendo milagros cada día. Además, este año ha sido muy especial por haber podido cambiar la vida de Gilby, del que pronto os contaremos novedades.
En infraestructuras, no podemos estar más felices de ser luz para Ndava con nuestra instalación solar fotovoltaica para que nuestro Centro materno infantil de Ndava sea el mejor sitio del mundo para dar a luz… cuando no hay luz. Además, estamos en proceso de construcción de una iglesia en Ndava, proyecto que compartiremos con vosotros pronto.
En deporte, os contamos también muy ilusionados que seguimos con nuestro proyecto de rugby con valores, que hemos hecho una alianza con LaLiga para que se cumplan muchos sueños en Burundi, y que hemos organizado la primera maratón de Burundi uniendo nuestras queridas Ngozi y Ndava para demostrar que corriendo también se puede cambiar el mundo.
Por último, en lo que se refiere a nuestra área de emprendimiento social, el 2023 viene cargado de importantes novedades y desafíos que enseguida podremos gritar al mundo. Solo os damos tres pistas: café, restauración y textil. ¡Va a ser muy emocionante! 🙂
Este año ha sido especial porque hemos podido retomar nuestros programas de voluntariado también aquí en Madrid, llevando a cabo distintos proyectos con Hakuna, con la Fundación Down Madrid y con nuestras queridas Misioneras de la Caridad. Después del parón por el COVID este ha sido sin duda uno de los mejores regalos que nos ha podido hacer el 2022.
Y hablando de regalos, este año tenemos que estarle muy agradecidos a los Reyes también porque no podemos olvidarnos de la gran cantidad de premios y concursos que hemos ganado y que han hecho que haya sido posible sacar adelante todos los proyectos que os contábamos anteriormente. Una vez más, solo podemos decir gracias.
Por último, el 2022 también ha sido el año de despegue para nuestra comunicación, como veréis muy próximamente, para nuestros eventos, en los cuales hemos podido celebrar nuestro XV aniversario y muchas otros buenos momentos, y para nuestro equipo, que cada año sigue creciendo.
¿Y qué nos dejamos para el 2023? Como os hemos contado, este nuevo año viene fuerte y cargado de nuevos proyectos, pero nosotros solo le pedimos una cosa: poder seguir ayudando a quienes más lo necesiten tanto en España como en Burundi. Porque aunque todos estos proyectos, números y récords son sin duda grandes noticias, no podemos olvidarnos de que ASU siempre ha sido una ONG de personas y no de cifras. Por eso queríamos pararnos un momento para reflexionar y para no olvidarnos de lo importante; de que estamos aquí para servir. De que si cambiamos nuestra mirada no hay nada imposible, de que somos unos afortunados por poder continuar este sueño que ya cumple 15 años, y de que tenemos que dar las gracias, infinitas gracias.
Por eso nos acordamos estos días especialmente de todas las personas que formáis parte de esta pequeña familia que es ASU: beneficiarios, voluntarios, socios, donantes, equipo y demás amigos que hacéis que este sueño siga vivo cada día. Y por eso queríamos daros las gracias por estar siempre ahí, por confiar en nosotros para cambiar este mundo cada vez más complejo, por corregirnos cuando tenemos algún despiste –cosas de humanos-, y por compartir vuestras ideas, inquietudes y sueños con nosotros. A este lado también aprendemos mucho.
Nos vemos el año que viene. Agarraos fuerte a vuestros asientos porque… ¡Despegamos!
por KOMERA | Oct 27, 2022 | Carlos B, Cooperación al desarrollo, Voluntariado
Este verano hemos tenido la suerte de volver a casa.
Y lo valoramos más que nunca, sobre todo después de estos dos años sin haber podido pisar Burundi a raíz del COVID. Y también, porque este verano era sin duda especial al cumplirse 15 años de nuestro primer viaje al corazón de África.
La verdad es que Burundi nos ha sorprendido como siempre. Natural, salvaje, sin reglas, caótico, desaliñado, puro, inocente, transparente, alegre, vasto, equilibrado, esencial, trascendental, humano. Burundi es belleza. Belleza en estado puro.
En total, hemos sido 56 los españoles que hemos tenido la inmensa suerte de contemplar esa belleza este verano, en tres viajes distintos.
El primero de los viajes juntó a 20 estudiantes de la Universidad Villanueva, que fueron acompañados por Don Miguel Antonio, sacerdote que ya ha estado con nosotros otros años en Burundi y Nicaragua, por Manolo Nevado, médico que aprovechó su estancia para echar una mano en nuestro centro materno-infantil, y por su mujer Mariana Álvarez, artista que ha colaborado con nosotros en el pasado y que también aprovechó su estancia para llenar de color medio Burundi y para inspirarse para sus futuras obras. Este grupo organizó un campamento de verano para 150 niños en nuestra escuela primaria de Ndava y después se trasladó a la casa de las Misioneras de la Caridad de la Madre Teresa en Kirundo, con quienes colaboramos desde nuestros inicios.

Grupo de la Universidad Villanueva con las Misioneras de la Caridad de Madre Teresa en Kirundo
La segunda de las expediciones llevó a 15 universitarios a Ngozi, donde organizaron un campamento de verano para 140 niños, y a Kirundo, donde también colaboraron con las Misioneras de la Caridad. Ambos grupos estuvieron acompañados todo el verano por un grupo de estudiantes de la Universidad de Ngozi, con la idea de aprovechar el viaje para realizar un encuentro entre universitarios españoles y burundeses y acercar estas dos realidades tan distintas. Los dos grupos se juntaron en Ngozi para unir fuerzas de cara a nuestro tradicional partido de fútbol contra la Universidad de Ngozi, que llevamos celebrando desde el primer año y que este año se saldó con victoria para los abazungus españoles por 3-2.

Grupo de universitarios cantando nuestro famoso “Imigambi” con el que empezamos y terminamos todos los días el campamento
Por último, el tercer viaje reunió a 16 jóvenes profesionales, que se trasladaron a la Universidad de Ngozi para llevar a cabo un curso de desarrollo e integración profesional (“Self development course“) con 150 universitarios. Aprovechando los conocimientos y perfiles de nuestros voluntarios, entre los cuales había consultores, médicos, militares, economistas e ingenieros, se impartieron clases en inglés de diversas temáticas como liderazgo, habilidades profesionales, pitch personal, emprendimiento, etc. Además, este grupo también se trasladó los últimos días a Kirundo con las Misioneras de la Caridad.

Grupo de jóvenes profesionales en la Universidad de Ngozi, donde llevamos a cabo nuestro “Self development course”
Son tantas las vivencias que nos ha regalado Burundi este verano que es imposible resumirlas en unas pocas líneas. Y es que Burundi es una realidad tan real e increíble a la vez. Burundi es vivir hoy, confiando en el mañana sin adelantarlo. Burundi es ponerse en manos de Dios. Burundi es dejarse sorprender. Es querer ser mejor. Burundi es el de enfrente. Salir de uno mismo, negarse. Es equilibrio entre dar y recibir, es dinámica de amor. Burundi es sonreír, mirar, afirmar. Burundi es abrir las puertas del corazón, de par en par, sin miedo y confiando. Burundi es perseverancia, iniciativa y pasión. Es sed, es amor, es entrega: ndanyotewe… Burundi es esencia de vida, es prioridad, es lo imprescindible en medio de realidades tan prescindibles. Es pobreza; y riqueza. De espíritu; de materia. Es renuncia y necesidad. Burundi es soñar, abrir nuevos caminos, horizontes. Es vivir, son pies descalzos. Es superación y grandeza. Es tocar el cielo en la tierra. Es fatiga, bendita fatiga que impulsa a más. Es todo o nada. Felicidad, plenitud… darlo todo sin tener nada. Es poner corazón, ¡que todo sea verdad!
Gracias Burundi por este verano. Gracias por dejarnos volver a casa.