2025, ¡komera!

2025, ¡komera!

El 2024 toca a su fin, y, como ya es tradición, aprovechamos estas fechas para hacer balance de todo lo que hemos hecho juntos este último año.

En una sola palabra, este año podría resumirse así: “komera”. A los que hemos tenido la suerte de recorrer las colinas del corazón de África, es una palabra que nos resulta muy familiar. Y a los que no, seguramente os pille un poco por sorpresa. Esta palabra, muy popular en kirundi, el idioma de Burundi, no tiene traducción exacta a ninguna otra lengua, pero se interpreta como un deseo profundo de ánimo, de ser valientes y de perseverar para superar los retos que nos plantea la vida. Y es que justo eso es lo que nos llevamos del 2024: ha sido un año tan increíble en todos los sentidos que solo podemos mirar hacia delante con el ánimo de seguir recorriendo este camino juntos, sin miedo, con los ojos del rostro y del corazón bien abiertos para seguir creciendo y llegando más lejos cada día.

Empezamos el 2024 confiando mucho, porque si de algo nos hemos dado cuenta después de tantos años con este proyecto, es que, por mucha planificación que queramos hacer, la vida siempre va por delante abriendo camino y nosotros vamos detrás intentando seguir el ritmo.

Y así ha sido un año más. Y es que ahora, echando la vista atrás, nos damos cuenta de todo lo que hemos logrado juntos este año sin tan siquiera haberlo podido soñar hace solo unos meses. Y nos reafirmamos en que solo podemos seguir siendo instrumentos para intentar que se cumpla un plan mucho mayor que sin duda nos sobrepasa… ¡Soñad y os quedaréis cortos!

Empezamos el año compartiendo a través de “Un viaje al corazón” algunos de nuestros proyectos de cooperación, poniendo rostros y voz a la labor que llevamos a cabo en el corazón de África desde hace 16 años. Así, hemos podido llevaros a nuestro Centro materno infantil “San Lucas” de Ndava, donde un año más hemos realizado cientos de partos y miles de atenciones médicas sobre todo en epidemias y malnutrición. También viajamos a nuestro programa de Microcréditos en la Universidad de Ngozi, gracias al cual los mejores estudiantes de las distintas facultades están llamados a convertirse en la generación que cambie el rumbo del país. Continuamos visitando nuestra Escuela secundaria “San José” de Ndava, que por fin hemos podido terminar para dar continuidad a la educación de los más de 950 niños de nuestra escuela primaria. Y por último, pudimos conocer más de cerca nuestro “Goat Project”, gracias al cual descubrimos cómo una cabra puede cambiar el futuro de una familia.

Después, tras muchos años de trabajo, fuimos muy felices al lanzar al mundo nuestro primer proyecto de emprendimiento social en Burundi, nuestra marca de café 100% sostenible Imigambi, con el objetivo de producir el mejor café dándole el mejor futuro a los agricultores que con tanto cariño lo cultivan, y de reinvertir todos nuestros beneficios en ellos. “Imigambi” es una canción burundesa que habla de los sueños que, tras mucho esfuerzo, acaban cumpliéndose, y este proyecto sin duda es un sueño hecho realidad.

Nuestra primavera empezó intensa una vez más: volvimos a recorrer 111km un año más, con mucho esfuerzo y alegría, para financiar nuestro programa de Microcréditos en la Universidad de Ngozi. Después, nos fuimos a Burundi para grabar nuestro documental “La belleza salvará al mundo”, con el objetivo de compartir la belleza del corazón de África y todo lo que tiene que contarle al mundo. Y también, echamos una mano en la segunda campaña quirúrgica liderada por nuestros amigos de la Fundación Kyrikú, donde además nuestro querido Gilby fue operado por el Dr. César Casado por segunda vez.

Y así llegó el verano, el momento más importante del año para nosotros, con cinco viajes a Burundi con casi 100 voluntarios, donde pudimos abrir nuevos caminos y dejar un pedacito de nuestros corazones en Burundi, y también nos llevamos un pedacito del corazón de África en los nuestros. A la vuelta, reflexionando sobre todo lo vivido, solo pedíamos no olvidarnos de ser muy conscientes de que Burundi es cada día de nuestras vidas.

En los últimos meses del año, compartíamos con el mundo nuestro proyecto “La belleza salvará al mundo”, y aprovechábamos para entrevistar a Héctor Zurita, el filmmaker detrás del proyecto, quien compartía con nosotros sus experiencias en el país de las mil y una colinas. Y así, hemos podido contaros nuestros últimos proyectos de cooperación. En primer lugar, os presentábamos la construcción de nuestra Iglesia “Madre Teresa” de Ndava, para atender espiritualmente a los más de 1.500 niños de nuestras escuelas primaria y secundaria y al conjunto de la comunidad de Ndava. También nuestro Molino de cereal de Ndava, nuestro segundo proyecto de emprendimiento social en Burundi. Además, os presentábamos nuestro proyecto de construcción de casas batwa, para darle continuidad a lo que habíamos visto y oído el año anterior. Por último, os hacíamos partícipes de nuestro proyecto “Seamos luz”, con el que queremos llevar electricidad a nuestras escuelas primaria y secundaria de Ndava.

Además, durante todo el año, hemos seguido haciendo nuestro voluntariado local en Madrid con la Fundación Down Madrid y con nuestras queridas Misioneras de la Caridad, con la idea de que la ayuda siempre debe empezar aquí cerca de casa, y también para preparar nuestro corazón antes de nuestros viajes a Burundi, y darle continuidad a lo que allí vivimos a nuestra vuelta a Madrid. También hemos seguido organizando eventos varios como Jam Sessions, Open Mics, Music x Burundi, afterworks, torneos de pádel, etc. y varias pequeñas iniciativas hechas con mucho amor: nuestra tradicional Campaña de Reyes Magos con las Misioneras de la Caridad por séptimo año consecutivo, una recogida de alimentos con el Colegio Aldovea, unas protesis para Benitha, la lotería que este año no ha tocado…

Son muchas cosas, pero nada de todo esto habría sido posible sin la suma de muchos granitos de arena que se han ido juntando a lo largo del año:

• En primer lugar, los socios que nos apoyáis sin dudarlo cada año. ¡Gracias por recordarnos cada día que se puede estar lo suficientemente loco como para creer que cambiar el mundo es posible!
• En segundo lugar, las empresas que este año habéis apostado por nuestros proyectos: Key Capital, LEGO España, BCG, Trinity College, Clifford Chance, Montesierra, Legumbres La Pedriza, Bodegas William Humbert, Solera Motor, González Byass, De Luque, Aromas de Medina, Fundación Manolo Maestre Dávila, Colegio Peñalar, L35 Architects, Emperador Properties, Hermanos Martínez, Gymkana Esther López Arce… ¡Gracias por confiar en nosotros y por sumaros al cambio!
• En tercer lugar, todos los donantes que habéis colaborado con nosotros a lo largo del año en nuestros distintos proyectos, campañas, iniciativas, retos, eventos… ¡No hay granito de arena pequeño!
• Y por último, los voluntarios que habéis compartido con nosotros vuestro tiempo, vuestro cariño, vuestros conocimientos, vuestros esfuerzos, vuestras tristezas y vuestras alegrías, vuestras ganas de cambiar el mundo… ¡Pequeñas cosas con mucho amor!

Es ahora, echando la vista atrás, cuando nos damos cuenta una vez más de todo lo que hemos conseguido juntos, que sin duda nos sobrepasa pues es mucho más de lo que habríamos podido incluso soñar. Nos da pena despedir este año tan bueno, pero se nos pasa cuando miramos al frente y vemos todo lo que nos espera en este 2025 que ya está a la vuelta de la esquina, y que viene cargado de muchas novedades, retos y varias sorpresas importantes que pronto compartiremos con vosotros.

Son tantas cosas, más las que seguro que se nos olvidan, que nos cuesta encontrar la forma de compartir cómo nos sentimos estos días. Por todo esto, solo se nos ocurre una palabra para resumirlo todo y para no olvidarnos de lo más importante: seguir siempre hacia delante, confiando mucho y con valentía, con los pies en la tierra y el corazón en el cielo. Y así, una vez más, solo podemos gritar a los cuatro vientos… ¡komera!

Reflexiones sobre un viaje que aún no ha sido

Reflexiones sobre un viaje que aún no ha sido

De vez en cuando, uno tiene la inmensa suerte de toparse con algo extraordinario. Aunque más que toparse, es caer en la cuenta de que uno está frente a algo extraordinario, porque de este tipo de cosas solemos vivir rodeados sin ser conscientes.

Este verano, me dispongo a visitar Burundi por tercer año consecutivo, y a tan solo unos días de coger el avión rumbo al corazón de África, he decidido pararme para asimilar todo lo que está pasando y lo que está por pasar.

Preparar un verano en Burundi implica mucho trabajo, mucho amor, mucho tiempo y dedicación. Este año, yo he tenido la suerte de involucrarme de una manera diferente, como líder de uno de los cinco grupos que se desplazará a terreno este verano. Cada día que he pasado organizando el proyecto, he aprendido algo diferente, tanto del resto de compañeros del equipo como de mí mismo. Al principio, cuando me propusieron liderar el proyecto, tuve algo de vértigo y alguna que otra inseguridad: ¿seré capaz de estar a la altura? ¿Podré aportar algo de valor a los proyectos? ¿Seré útil?… Ahora que lo veo con algo más de perspectiva, me rio un poco de mí mismo porque creo que por fin, después de dos veranos en Burundi de la mano de ASU y camino del tercero, he entendido lo que es ASU: un folio en blanco.

ASU nació para seguir naciendo cada día. Todo puede ser nuevo: Burundi nos permite que todo pueda serlo. En un mundo donde lo nuevo asusta, donde nos agarramos a la comodidad como a un clavo ardiendo, donde el sofá es nuestro mejor amigo y la tele y las redes nos acompañan como los mosquitos en las noches de verano, surge un grupo de jóvenes que deciden pararse, dar un paso atrás, observar su realidad, y movilizarse para cambiarla.

Los meses antes de irnos a Burundi son igual de esenciales que el mes que luego pasamos allí. Todo empieza con la formación del grupo: sesión informativa, entrevistas, selección de los voluntarios que formarán parte del proyecto… Una vez el grupo está cerrado, viene una segunda fase fundamental: las reuniones de formación de los voluntarios que se desplazarán a Burundi, donde profundizamos en aspectos clave del proyecto yendo desde lo más trascendental (por qué hacemos lo que hacemos) hasta lo más práctico (como por ejemplo, qué vamos a dar en la clase del día 4 del campamento o quién lleva la maleta con los balones de fútbol). En paralelo, todos los voluntarios comenzamos a movernos desde el primer día para conseguir los materiales de cooperación que llevamos cada uno en nuestras maletas (medicinas, material escolar, ropa, material deportivo, etc.) y los fondos necesarios para que el proyecto salga adelante. Además de hacer cada uno hace la guerra por su lado para liar a los nuestros, también aprovechamos para juntarnos y sacar adelante iniciativas entre todos para recaudar fondos: organización de eventos de todo tipo, venta de bolsos, camisetas y pulseras, etc. Y por supuesto, aprovechamos todas estas oportunidades de convivencia para ir conociéndonos y haciendo piña.

La realidad es que esta etapa, el “pre-Burundi”, es bastante ajetreada: hay mucho movimiento, muchas cosas por hacer, mucha velocidad, muchos sentimientos, mucha gente nueva… Todo esto supone un reto bastante complicado pero apasionante, y es que una vez te subes al barco de Burundi, pasas directamente a formar parte de ASU como si fueras uno más de toda la vida, y esto crea algo muy bonito, o por lo menos así me lo parece, que es el plantarle la cara a lo desconocido. Del día a la mañana pasas a formar parte de algo de lo que probablemente nunca antes habías oído hablar, y tienes la misma responsabilidad que el resto de voluntarios de involucrarte para que el proyecto salga adelante. Aunque tanto trabajo y tanto jaleo asusta un poco al principio, lo cierto es que el esfuerzo que ponemos durante este “pre” es lo que cambia todo, pues el amor que ponemos en lo que hacemos, por pequeño que sea, se nos devuelve cuando estamos en Burundi y se multiplica por cien. Y esa es la clave de todo: involucrarse desde el día uno para vivir Burundi en su plenitud, ser conscientes de que Burundi también es casa y de que también podemos ayudar desde aquí, y querer vivir esta experiencia con vocación de permanencia, y no como un mes aislado de nuestras vidas.

Hoy, a unos pocos días de volar a Burundi, solo puedo mirar hacia atrás y ver que todos estos líos han merecido la pena. Podría quedarme en tierra y aún así habría merecido la pena la aventura. Y es que siento una gratitud enorme por todo lo que me ha dado Burundi estos años, por todo lo que me ha dado ASU y por todas las personas que me han acompañado en el camino. El Lapu que se iba a Burundi por primera vez hace tres años no se reconocería en un espejo, y lo bonito de esto es que no soy un caso aislado: todos lo que hemos tenido la suerte de acabar en Burundi, a pesar de nuestras diferencias, hemos vuelto con el alma llena, cada uno a su manera.

Y es que cada Burundi es distinto, y Burundi es distinto para cada uno. En mi caso, este año, el tener la responsabilidad de liderar un grupo hace que enfoque el viaje de manera diferente. Me meto de lleno en un mundo desconocido, pero con la confianza en que todo saldrá bien. Y con un objetivo es muy sencillo: que todos los voluntarios reciban este verano el mismo regalo que yo recibí en mis anteriores Burundis, y que todo lo que van a vivir les permita, a su vuelta, poner el foco en lo que de verdad importa.

Ahora me doy cuenta de que lo más importante ya está hecho. Porque llevamos meses preparando el proyecto y ahora solo nos queda poner la guinda al pastel. Porque ya somos una pequeña gran familia. Y sobre todo, porque nuestro corazón ya está en Burundi. Y solo por eso, nada puede salir mal. Ojalá no nos olvidemos nunca de esto. De que Burundi es cada día de nuestras vidas. La verdad es que yo, aparte de mis diarios personales de mis anteriores viajes, no me había sentado nunca a valorar con perspectiva todo lo que ha supuesto Burundi en mi vida. Cuando estás allí las palabras salen solas y puedes llenar varios cuadernos de pensamientos, rutinas, ideas, proyectos… pero aquí en Madrid es otra cosa, los recuerdos se desvanecen muy rápido, y si no los cuidas, cada día un rato, se terminan quedando en nada. Yo tengo mis trucos, cada uno tendrá los suyos. Ahora comprendo que Burundi es la chispa que se nos enciende por dentro, y que en nuestra mano está el qué hacer con esa chispa, si dejarla pasar y que al cabo de unos meses no sea más que ceniza, o si trabajarla para poder convertirnos en hogueras y expandir este fuego por donde pasemos.

2024, confiando mucho

2024, confiando mucho

Se acerca el final del año y, como cada diciembre de los últimos años, es un buen momento para hacer un repaso de todo lo transcurrido en estos últimos doce meses.

Este año nos llevamos muchos aprendizajes. Todos ellos se pueden resumir en lo siguiente: tenemos que confiar mucho más. Y es que por muchas previsiones, business plans o estrategias que podamos hacer, cada año nos encontramos con la misma situación: la vida siempre va por delante y nos sorprende una vez tras otra.

Y es que un año más, hemos batido todos los récords. Y no porque nos lo hayamos propuesto ni porque hayamos hecho nada especial, sino porque hemos puesto el corazón en todo lo que hemos hecho. Y es que ha pasado todo tan rápido que ahora, echando la vista atrás, es cuando nos damos cuenta de todo lo que hemos conseguido. Son muchas cosas y seguro que se nos olvidan unas cuantas, pero nos hace mucha ilusión hacer un pequeño repaso con vosotros…

Empezamos el año abriéndoos nuestro corazón con nuestro proyecto Umutima, donde distintos voluntarios de ASU nos han ido contando cada viernes sus vivencias en el corazón de África. También aprovechamos para contaros los distintos proyectos que estamos haciendo con LEGO tanto en nuestra escuela primaria de Ndava como Madrid de la mano de la Fundación Down Madrid.

La primavera nos cundió mucho: primero nos fuimos a correr 111km para financiar nuestra escuela secundaria, y después estuvimos en Burundi llevando a cabo nuestra primera campaña quirúrgica con grandísimo éxito. Aprovechamos el viaje para llevar un ecógrafo a nuestro Centro Materno Infantil “San Lucas” de Ndava, donde un año más hemos realizado cientos de partos y miles de atenciones médicas sobre todo en epidemias y malnutrición.

También en primavera empezamos la construcción de nuestra Escuela Secundaria Técnica “San José” de Ndava, que ya está punto de finalizar y que pronto permitirá que los 950 alumnos de nuestra escuela primaria que tengan motivación y capacidades para ello puedan continuar sus estudios hasta la universidad gracias a nuestros acuerdos con el Ministerio de Educación de Burundi y con la Université de Ngozi, con quien seguimos llevando a cabo nuestro proyecto de microcréditos universitarios.

Llegó el verano, y con él cuatro viajes a Burundi, donde nos dimos cuenta un año más que “ahí es”.  A la vuelta, fuimos conscientes de que teníamos que contar todo lo que habíamos visto y oído y lanzamos un proyecto de construcción de casas para la etnia batwa y también de un pozo.

Cerramos el año con un viaje al corazón para documentar y compartir con el mundo la labor que llevamos a cabo en el corazón de África desde hace 16 años, con para darle un último empujón a nuestra escuela secundaria, con el lanzamiento de una en Burundi y con diversos eventos (Open Mics, capeas, afterworks, etc.) y varias pequeñas iniciativas hechas con mucho amor: campaña de reyes magos, recogida de alimentos, una silla para Benitha, una casa para Gilby, un paso más para Huevi… Y por supuesto, ¡con nuestra tradicional lotería que este año sí ha tocado!

Nada de todo esto habría sido posible sin la suma de muchos granitos de arena:

• En primer lugar, la de los socios que nos apoyáis incondicionalmente cada año. ¡Gracias por recordarnos cada día que se puede estar lo suficientemente loco como para creer que cambiar el mundo es posible!
• En segundo lugar, la de las empresas que este año habéis apostado por nuestros proyectos: Deloitte Legal, Key Capital, LEGO España, BCG, PwC, Ashurst, Trinity College, Clifford Chance… ¡Gracias por confiar en nosotros y por sumaros al cambio!
• En tercer lugar, la de todos los donantes que habéis colaborado con nosotros a lo largo del año en nuestras distintas campañas, iniciativas, retos, eventos… ¡Cada granito de arena cuenta!
• Y por último, la de los voluntarios que habéis compartido con nosotros vuestro tiempo libre y vuestros conocimientos, vuestros esfuerzos, vuestras tristezas y vuestras alegrías, vuestras ganas de cambiar el mundo… ¡Pequeñas cosas con mucho amor!

Y ya está, eso es todo. Bueno, en realidad no, al revés. Y es que esto no ha hecho más que comenzar. Porque el 2024 ya asoma por la puerta lleno de novedades: campañas médicas, verano de récord, proyectos de cooperación bastante increíbles, nueva marca de café… Y todo ello, acompañado de un salto mortal en nuestra comunicación con el que esperamos poder contaros mucho más y mejor todo lo que hacemos.

Todo lo conseguido es una pasada y por supuesto estamos muy contentos de seguir batiendo récords y de poder ayudar cada día a más gente, pero no podemos ignorar nuestro principal aprendizaje de este año: confiar más. Esto no quiere decir que no pongamos todos nuestros medios y talentos para seguir creciendo y llegando más lejos, pero sí que nos dejemos llevar mucho más y que confiemos en que si ponemos nuestro corazón en todo lo que hacemos la vida nos estará esperando una vez más con regalos y sorpresas que no podemos ni imaginar. No nos olvidemos: “Soñad y os quedaréis cortos”.