Ese “tercer”, pero tan bonito, mundo

Ese “tercer”, pero tan bonito, mundo

Nos encanta seguir viendo que lo vivido en Burundi, haya pasado el tiempo que haya pasado, sigue en la retina y memoria de nuestros voluntarios. Queremos compartir el testimonio de Lourdes, que recientemente ha sido publicado en MapaAyuda.org para que sigamos, como ella misma dice, ayudando desde este “primer mundo” desde el que podemos hacer grandes cosas por ayudar a ese “tercer” y tan bonito mundo ¡Gracias!

Desde niña he participado en diversos voluntariados en Córdoba, ciudad de la que provengo, pero siempre tenía el “runrún” en mi interior por dar un paso más allá, un gran paso que me llevara a un gran proyecto de cooperación en un país desfavorecido… Pero nunca pensé que fuese en el verano de 2014 y en Burundi.

Todo surgió por casualidad, como suelen ocurrir las grandes experiencias en nuestra vida, allá por el mes de abril de ese mismo año. Comentaba con un amigo del trabajo mis ganas de formar parte de un proyecto de cooperación. Él me habló de ASU y de que justo había quedado para tomar un café con uno de los fundadores de la ONG. Me apunté a ese café. Me habló sobre ASU, sobre los proyectos y sobre el procedimiento a seguir si quería participar. No me lo pensé. En ese momento empezó mi experiencia en ASU.

Yendo al grano…

Los proyectos que se desarrollan en Burundi suelen hacerse en el mes de julio pero aquel verano, al ser un grupo numeroso de jóvenes trabajadores cuyas vacaciones eran en el mes de agosto, se había decidido hacer un proyecto en julio y otro en agosto para nosotros (aunque éste de 3 semanas), cada uno formado por 12 o 13 voluntarios.

La primera fase del proyecto se realizaría en la primera quincena del mes y tendría como centro de operaciones la ciudad de Ngozi donde se realizaría un campamento de verano para niños, tanto hutus como tutsis de entre 6 y 14 años. En este campamento se impartirían distintas clases como dibujo, idiomas, música, higiene,… además de un comedor. En nuestro caso, esta primera fase sería sustituida por la organización e impartición de clases de inglés a 160 alumnos de la Universidad de Ngozi. Este curso trataba de afianzar el nivel de inglés de los estudiantes para que pudieran, en un futuro cercano, entablar contacto con entidades u organizaciones que les permitan un mejor futuro profesional.

Los meses previos a nuestro viaje estuvimos preparando el curso pero había muchas cosas que desconocíamos: el nivel que tendrían nuestros alumnos, disponibilidad de aulas para hacer distintos grupos, recursos, etc. Por ello, decidimos dividirnos en dos niveles y buscar material para cada caso contemplando distintas hipótesis. Al llegar allí, vimos que había grandes diferencias entre unos y otros y que sólo contábamos con dos aulas por lo que seguimos con nuestro plan inicial de hacer dos niveles. Al ser muchos voluntarios, podríamos organizarnos para volcarnos con aquellos que más dificultad tuvieran.

Esta primera etapa fue muy enriquecedora. Durante las clases, tratábamos de hacer grupos de conversación en los que cada uno comentaba sus inquietudes o aspiraciones. Aprovechábamos ese momento para entender la situación por la que estaban pasando, para saber de qué forma podíamos ayudarles y para que ellos también entendieran que, pese a que nosotros veníamos de un país desarrollado, nada nos había sido dado ya que si teníamos un trabajo, también había sido fruto de nuestro esfuerzo. Fue bonito ver cómo en la clausura del curso uno de los sentimientos más comunes que surgía entre ellos eran las ganas de seguir aprendiendo inglés y de formarse para poder luchar por su país teniéndonos a nosotros como ejemplo. A día de hoy seguimos manteniendo el contacto con muchos de ellos via email.

Por las tardes solíamos aprovechar para, además de preparar las clases, visitar algunas de las aldeas cercanas o ir al hospital. Solíamos hacer juegos, cantar, poner alguna película con un pequeño reproductor que nos habíamos llevado (¡fliparon al ver el libro de la selva, no paraban de reír tanto madres como niños!), darles ropa, útiles para el hospital que habíamos recopilado los meses previos (como biberones o leche en polvo), o los ansiados balones de fútbol.

La segunda parte del viaje tiene sede en la ciudad de Kirundo, al norte de Burundi, junto a la frontera con Ruanda. Allí se trabaja en el hogar de las Misioneras de la Caridad (congregación de la Beata Teresa de Calcuta) con huérfanos, enfermos y ancianos. Además como en cualquier otro lugar del mundo, existen personas con deficiencias físicas y psíquicas, enfermas y absolutamente dependientes de las que nadie se hace cargo y tienen un nivel de abandono impensable en nuestro mundo “desarrollado”.

La increíble labor de las Misioneras, que entregan cada minuto de su vida para hacer más agradable la vida de los demás, nos hace recibir una lección difícil de olvidar al colaborar directamente en distintas actividades:

  • Cuidado de más de 100 bebés y niños huérfanos o abandonados de entre cero y dos años (darles de comer, bañarles, cuidado médico por parte de los estudiantes de medicina)
  • Cuidado de los ancianos, disminuidos psíquicos y físicos, leprosos…
  • Mantenimiento de las instalaciones (limpieza, pintado y desinfectado de cunas)
  • Llevar a cabo una labor de enfermería básica con gente que se acerca hasta el hogar de las Misioneras para recibir curas por cortes, infecciones, mordeduras…
  • Llevamos comida, sobre todo leche en polvo, para los bebés y medicinas para contribuir con la labor de estos hogares.

Terminaremos el viaje colaborando los últimos días en el hogar que tienen en Bujumbura, la capital de Burundi.

Esta segunda etapa de nuestro viaje era bien distinta, aunque no menos bonita, ya que haríamos trabajos más físicos y manuales. Tanto las Misioneras como las voluntarias que allí había eran extraordinarias, siempre alegres, sacando sonrisas y volcadas al 100% en su labor. Eso sí, nunca te dirían qué hacer ni saldría de ellas decirte cómo puedes ayudarlas. Eras tú quien tenía que ser proactivo, fijándote en cómo ellas hacían las cosas para poder hacerlas tú: cambiar pañales, dar de comer, limpiar cunas y sábanas, hacer juegos tanto con niños como con ancianos que no entendían nuestra lengua, etc.

Es difícil explicar y plasmar en papel todo lo que te aporta a nivel personal una experiencia como esta. Ver desde tan cerca la pobreza extrema, el sentimiento de supervivencia diaria por no saber lo que será de ellos mañana, el poco valor que puede tener la vida de una persona o conocer el verdadero significado de necesidad… y siempre con una sonrisa. Todo ello hace que te plantees muchas cosas y bueno, es cierto que en 3 semanas o 1 mes al año que visites un país poco puedes hacer pero el verdadero proyecto de cooperación está a tu vuelta, desde este “primer mundo” desde el que podemos hacer grandes cosas por ayudar a ese “tercer” y tan bonito mundo.

Muchas gracias, urakoze cane, tingki yabaia.

Muchas gracias, urakoze cane, tingki yabaia.

Queridos amigos,

Con este 2015 ya casi terminado, desde ASU queremos compartir y agradecer todos los resultados que este año nos ha dejado y que han sido posibles gracias a todos los que, como tú, nos habéis ayudado. Además no queríamos dejar pasar la oportunidad de felicitaros las Fiestas y desearos buena entrada de año.

Este año comenzó en realidad con el inicio del curso pasado, en el que tuvimos algunas novedades y muchos proyectos nuevos, una apuesta por seguir innovando para ayudar y concienciar cada día a más jóvenes.

Como todos los años, los eventos han supuesto un pilar importante en la actividad de la ONG. Comenzamos en las Navidades con nuestro tradicional teatro benéfico para recaudar fondos para Burundi, esta vez fue en el colegio Maravillas con la representación de la obra “Cuatro corazones con freno y marcha atrás”, en febrero ayudamos en la organización (se lo curraron una barbaridad y todo el mérito es suyo y solo suyo) del Festival Solidario Elías Ahuja, en el que cantaron varios artistas muy conocidos del panorama español, organizamos también un Afterwork Solidario en “La Bombilla”, en el que además de pasarlo muy bien, algún afortunado se llevó un crucero en velero, Leegs Indeed organizó un concierto benéfico para recaudar fondos para el proyecto de verano y que esperamos repetir pronto ;)…

Según transcurría el año y los diferentes proyectos crecían y se desarrollaban, con una de las grandes novedades #ASUrunners, un proyecto creado para dar difusión, recaudar financiación por medio del deporte y concienciar a los jóvenes de la importancia de llevar una vida saludable y ayudar en la medida de sus posibilidades, empezamos a participar en más carreras: carrera por África, la monumental de Segovia, Hospital del niño Jesús, Ponle Freno, completando la temporada con dos grandes hitos, la maratón de Madrid el 24 de abril y con Tino, nuestro punta de lanza del equipo, recorriendo la nada desdeñable cantidad de 88 km en el Ehunmilak Ultra Trail de julio.

A largo del año también hemos continuado con las charlas formativas, con las que hemos tratado temas de interés general pero que han permitido a todos los asistentes pensar un poco sobre el tema propuesto, hemos ampliado y continuado la labor de voluntariado regular en Madrid, además de Proyecto Encuentro y las Misioneras de la Caridad, este año estamos ayudando también en una casa de las Hermanitas de los Pobres en Madrid, nos entrevistaron en RNE, RTVE y ABC, fuimos invitados a participar en el Solidariun 2015 de la Universidad de Navarra, asistimos a una recepción en la embajada belga para potenciar la ayuda y conexión de las ONGs españolas con África, algunos de nuestros voluntarios han anunciado su inminente boda y hasta ¡ha nacido alguno hijo de voluntarios de ASU! Time flies.

Este año 2015 ha sido muy especial por todos estos motivos, pero especialmente por cuatro que nos llenan de especial orgullo y nos obligan a agradecemos todavía más vuestro apoyo, ayuda y ánimos continuos.

– Durante el mes de febrero fuimos galardonados en la II Edición de los Premios al Voluntariado Universitario de la Fundación Mutua Madrileña, por el proyecto de la escuela en Burundi. Gracias a la dotación económica del premio hemos podido ampliar la escuela y terminar las obras de manera definitiva. Desde este pasado mes de septiembre está funcionando a pleno rendimiento y cerca de 900 niños reciben educación primaria a diario.

– A lo largo del mes de marzo se puso en contacto con nosotros Amaia, de Mar de Gotas, para ofrecernos colaborar en “El Camino contra el Hambre” un proyecto interesantísimo con el que pretendía proponer retos y actividades para recaudar fondos y luchar contra la desnutrición infantil en Burundi. Desde un primer momento vimos en Amaia la misma ilusión que nosotros tenemos por ayudar a Burundi, así que no tuvimos otra opción que ponernos manos a la obra ¡gracias! Cada gota en el océano cuenta.

– Durante el verano, iniciamos proyectos en un país y un continente nuevo, América nos esperaba y Nicaragua y va ser nuestro punto de partida. El proyecto más numeroso hasta la fecha, 31 voluntarios nada más y nada menos, desarrolló diferentes proyectos trabajando en las mismas áreas de estos pasados años, educación y sanidad. Realizamos diferentes campamentos de verano, apoyo en escuelas primarias, refuerzo escolar después de las clases, colaboraciones con las Misioneras de la Caridad de Granada, y sobre todo llevamos hasta Nicaragua lo que siempre hemos tratado de llevar dónde hemos trabajado: esperanza, alegría y el aliento de todos los que formamos ASU y todos los que nos ayudáis durante el año.

– Ya casi terminado el año y debido al volumen que empiezan a coger los proyectos, y para poder desarrollar cada vez más y llegar cada vez a más gente, hemos firmado un convenio de colaboración con Cooperación Internacional ONG, que nos permitirá desarrollar proyectos cada vez más ambiciosos y con mejores resultados. ¡Estamos deseando que podáis ver los frutos de esta colaboración!

Por todo esto, desde ASU, cerramos un año más con la sensación de haber crecido y trabajado en nuestros objetivos, colaborando al desarrollo social de Burundi y Nicaragua y facilitado a jóvenes universitarios, y a todos aquellos que así lo desearan, la posibilidad de ayudar a los que más lo necesitan. En nombre de todo el equipo os queremos volver a agradecer, de todo corazón, vuestro apoyo y colaboración.

Queremos también aprovechar esta letras para para desearos, a vosotros y a los vuestros, que estáis pasando una muy Feliz Navidad, ojalá que podáis disfrutar de estas fechas acompañados por vuestros seres queridos y que en el 2016 se cumplan todos vuestros deseos ¡Salud, amor y trabajo!

Equipo ASU ONG

Encontrando alegría en cada paso

Encontrando alegría en cada paso

¡Seguimos! Y que mejor manera de empezar la semana que con el testimonio de otra voluntaria del pasado Proyecto Nicaragua. Pasan los meses y en sus cabezas sigue retumbando todo lo vivido, la gente con la que se encontraron, las sonrisas que sacaron (y les sacaron), las experiencias vividas, las historias escuchadas, los juegos compartidos, pero sobre todo, todo lo que les han enseñado los nicaragüenses y que les ha hecho replantearse muchas cosas. Como dice, solo cuando lo tienes delante lo entiendes de verdad.

Parece que fue ayer cuando salía de mi casa a las 12 de la noche con los nervios a flor de piel, rumbo a un país del que sabía poco más que su nombre y capital. La llegada al aeropuerto fue un cúmulo de sentimientos, una mezcla de emoción, intriga, miedo y muchísima ilusión se mezclaban con el frenesí que suponía encargarse de las maletas, sacar billetes, conocer a los demás voluntarios y sobre todo, no perder el avión que nos llevaría al mejor mes de julio de nuestras vidas.

Lo primero que piensas cuando llegas a Nicaragua es: ¡que calor! Justo después va un: ¡que verde es todo! Y a continuación llega la frase que nos llevó a los 31 voluntarios a cruzar el charco: que pobre es todo

Las carreteras son mínimas y mal asfaltadas. Los barrios, en la mayoría de los casos, son un conjunto de chabolas de chapa mal distribuidas sobre auténticos barrizales. Las casas, de una sola estancia, son poco más que cuatro paredes de barro y un tejado de chapa, en las que el suelo es de tierra, y la cocina, el salón y el único dormitorio que hay, comparten un mismo espacio. Aunque sea difícil de imaginar, en ellas suelen vivir familias de hasta 9 hijos con sus animales, desde perros, hasta cerdos u ocas.

Pero más allá de toda esa pobreza, y aunque sea complicado de entender, encuentras alegría a cada paso que caminas, las personas son felices con lo poquísimo que tienen, y son los niños y sus sonrisas las cosas que recuerdas a día de hoy, mes y medio después de la gran aventura.

Aún escuchamos en nuestras cabezas los gritos de ilusión de los niños cuando llegaban los “gringos”, como nos conocían por allí, todas las canciones que se aprendieron y que probablemente no hayan dejado de cantar o el juego de la zapatilla por detrás, al que algún día pillarán el tranquillo.

Llegas allí pensando que intentarás echar una mano en todo lo que puedas, pero vuelves de allí teniendo claro que han sido ellos quienes te han ayudado a ti… Al ver que tus problemas son granos de arena de los que haces montañas, a dar gracias por todo lo que tienes sin merecértelo más que ellos, a ver que la felicidad no se basa en las cosas materiales que tengamos, y que los abrazos son mejor recompensa que cualquier cantidad de dinero. Y es que todos hemos escuchado estas frases millones de veces, en casa, en el colegio… pero solo cuando lo tienes delante lo entiendes de verdad.

Y aunque hemos podido hacer poco en el mes que hemos pasado allí, todo lo que hemos hecho ha sido con el corazón. Nos vamos con la alegría de que Jordi Antonio aprendió las vocales, Valeria entendió que hay que ir a clase todos los días si quiere aprender, Pablo dejó la lucha libre para los de la tele y Víctor vió que hay vida más allá del pandilleo.

¡Nos vamos Nicaragua, pero estamos seguros de que muy pronto volveremos!

Somos una pequeña gota de agua en un inmenso océano

Somos una pequeña gota de agua en un inmenso océano

“Somos una pequeña gota de agua en un inmenso océano” así comienza el testimonio que Paco, uno de los voluntarios que formó parte del pasado Proyecto Nicaragua durante el mes de julio nos acaba de hacer llegar. Y cuanta razón tiene, tan solo somos una pequeña gota en el mar, pero, como decía la Madre Teresa, el mar sería menos si le faltara esa gota.

No queríamos dejar pasar la oportunidad de compartir con todos vosotros su testimonio, para que vosotros también podáis comprobar lo que nosotros ya preveíamos, que los voluntarios llevarán siempre en el corazón a toda la gente que ayudaron y conocieron, y que fueron queriendo cambiar sus vidas y les han tocado en lo más profundo ¡Gracias a ti Paco!

“Somos una pequeña gota de agua en un inmenso océano”… a veces nos gusta pensar que el mundo gira a nuestro alrededor, que todo el mundo es feliz porque nosotros lo somos y no vemos más allá de nuestros horizontes limitados. Quizás sea verdad, en cierta medida.

Me gustaría contarte a ti una experiencia. Una de esas ocasiones en las que no sabes si llegar al vacío y asomarte más allá. De cambiar tu mundo por otro. De cambiar tu vida. Permíteme que te cuente mi experiencia personal, y para eso me remontaré al comienzo.

Era todavía Semana Santa y me llegó a través de un familiar, un comentario de un cura al que un seminarista le había “fichado” para un campo de trabajo en Burundi. Vamos, que de carambola me llegó la información de un voluntariado que se haría en el mes de Julio. Ya había tenido la suerte unos años antes de ir a otro campo de trabajo en Kenia con el colegio y me había quedado con ganas de más. Aquel voluntariado terminó y acto seguido comencé la universidad. Los recuerdos se enfriaron con la vuelta a la rutina. Pero había quedado una semilla, una experiencia que me llevó a apuntarme de cabeza a este plan con una organización desconocida… ASU.

El viaje comenzó con las charlas de información, la gente no se conocía y había dudas. Pero algo nos impulsaba a seguir y a implicarnos en ello. Cuando llevamos un mes de preparación nos llega una mala noticia: Burundi está en una situación un poco problemática y por seguridad no iremos allí. Se cambia el destino a Nicaragua. La gente estaba ilusionada por ir a Burundi… es África y todos sabemos la fascinación que nos produce ese continente. Para algunos es una decepción. Desde la asociación nos vuelven a preguntar si queremos seguir en el proyecto aunque ya no sea en África. Y una vez más algo nos mueve a lanzarnos a lo desconocido, aunque no sea lo que hubiéramos previsto o imaginado. La decepción se convierte de nuevo en oportunidad.

 

Pasan los meses de preparación y el viaje ya está más cerca, ya nos vamos conociendo algo más. Hay algunos que incluso ya tienen encargos y la gente les “pone cara”… los jefes, los del botiquín, encargados de viajes… Todo es ilusionante y a la vez un poco abrumador, ¡Nos vamos a Nicaragua! Después de las despedidas, últimos planes y barbacoas nos montamos en el primero de los aviones que nos llevarán hasta allí. Dejamos nuestro mundo para entrar al suyo. ¿Al de quién? Al de gente que no conocemos, pero que de alguna manera nos serán familiares.

Al llegar a Granada nos damos cuenta que vamos a tener que adaptar a las condiciones de vida de allí. Comida a base de arroz con frijoles, duchas con cubo de agua (sí, sólo uno), lavandería manual (como nos acordaremos del mágico jabón lagarto). Aquí cuando abres el grifo no siempre sale agua. He de reconocer que afrontaba este viaje desde el punto de vista de quien ha hecho un voluntariado antes. Te crees que has vivido de todo y que no te vas a sorprender tanto. Ya había vivido esas condiciones de vida en África.

Pero me olvidaba de algo muy importante. Algo que me iba a sorprender y cambiar de punto de vista. Las personas. Por mucho que creas que has visto todo cuando conoces a gente de estos países te das cuenta de las muchas cosas que nos sobran en el primer mundo. Las cosas tapan a las personas, no nos dejan verlas bien y ayudarlas de verdad. Una vez más el mundo nos da un vuelco y nos pone panza arriba. ¿Cómo podemos ayudarles? La respuesta nos la dan unas personas que nos han enseñado mucho, las Misioneras de la Caridad: No necesitan tanto nuestro dinero como nuestro cariño. No cosas grandes, sino cosas pequeñas con mucho amor.

Una vez te das cuenta de esto la vida cambia radicalmente. Te das al 100% a los demás, te vacías… y acabas lleno. Y ellos lo saben, cuanto no te guardas nada y les ayudas responden. Sonríen con esas sonrisas que se graban en la retina. Sus ojos nos miran alegres. Desde lo más profundo de sus corazones están agradecidos. ¡Es increíble lo poco que se necesita para hacer felices a los demás! Con jugar con ellos, enseñarles a leer, escucharles e interesarte. Se suceden los días y las anécdotas. Historias que nos unen como grupo hasta ser una familia. Te apoyas en los demás y ellos cuentan contigo para seguir adelante. Una familia que está en España, Burundi, Nicaragua, en todas partes. Sabes que estás viviendo algo grande y no quieres que acabe.

Pero se acaba y llega el momento de volver. Nunca pensé que nos llegaríamos a encariñar tanto de gente que no conocíamos hace nada. ¿Quién sabe si algún día volveremos a vernos? Si algo sé es que les llevaremos en el corazón para siempre, fuimos queriendo cambiar su vida y nos han tocado en lo más profundo. Y lo que hemos vivido no se quedará con nosotros sino que pasará a nuestros conocidos para que ellos también lo vivan. La verdadera aventura no ha hecho más que comenzar.

Gracias ASU de todo corazón.

ASU ONG galardonada en la II Edición de los Premios al Voluntariado Universitario

ASU ONG galardonada en la II Edición de los Premios al Voluntariado Universitario

Y por fin llegó el gran día. El pasado 21 de abril, la Fundación Mutua Madrileña, en un solemne acto presidido por el ministro de Sanidad, Asuntos Sociales e Igualdad, Alfonso Alonso, y el presidente de la Fundación, Ignacio Garralda, reconoció las mejores iniciativas solidarias impulsadas por los jóvenes universitarios.

El acto, cargado de una gran ilusión, emotividad y compromiso con los más desfavorecidos, se celebró en el marco de la entrega anual de Ayudas Sociales de la Fundación Mutua Madrileña, en el que la entidad repartió un total de 650.000 euros que se destinarán a financiar 37 proyectos de acción social. Estos proyectos tienen como fin mejorar la calidad de vida de jóvenes en riesgo de exclusión social, personas con discapacidad, menores con problemas de salud, luchar contra la violencia de género e impulsar iniciativas de cooperación al desarrollo.

Aquí os dejamos las instantáneas que muestran el momento en el que los jóvenes de los proyectos ganadores de la II Edición de los Premios al Voluntariado Universitario recogen los merecidos galardones. ¡Enhorabuena a todos y la mayor de las gratitudes por vuestro trabajo!

Centro de Acompañamiento Bokatas

Elena Terry, voluntaria del proyecto “Centro de acompañamiento”, de la Asociación Bokatas

ASPANION

Alba García, voluntaria del proyecto “Voluntariado hospitalario para niños ingresados”,

de la Asociación de Padres de Niños con Cáncer de la Comunidad Valenciana (ASPANION)

Desppiértate Down Lleida

Ángela Cabrera del proyecto “Despiértate”,  que desarrolla la Asociación Síndrome de Down de Lleida

Mulleres Colleiteiras

María Alonso, voluntaria del proyecto “Mulleres colleteiras”, impulsado por Arquitectos sin Fronteras 

y estudiantes de Arquitectura de la Universidad de A Coruña

Asociación Solidaria Universitaria

Gaspar González-Palenzuela Gracia, responsable del proyecto y comunicación del proyecto 

“Ampliación de la escuela de Ndava en Burundi”, promovido por Asociación Solidaria Universitaria

Casa de la Juventud_Pueblos Unidos

Aurora Gallardo, voluntaria del proyecto “Casa de la Juventud”, de la Fundación San Juan del Castillo

Algunos de nuestros voluntarios no quisieron perderse el evento, y estuvieron presentes en la torre de Cristal de la Mutua Madrileña, en representación de todos aquellos que durante todos estos años nos habéis ayudado y habéis hecho todo esto posible. Muchísimas gracias a todos lo que de una u otra manera habéis colaborado durante estos años con ASU, voluntarios, donantes, amigos, familia, asistentes a nuestros múltiples eventos… ¡Gracias a vosotros la escuela estará terminada este verano! Unos 900 niños y niñas podrán recibir educación primaria diaria, se dice pronto… ¡URAKOZE!

Esta entrada se publicó en el blog de premiosvoluntariado.com y contiene etiquetas con Arquitectos sin fronteras, Asociación Bokatas, Asociación Síndrome de Down de Lleida, Asociación Solidaria Universitaria, ASPANION, Fundación Mutua Madrileña, Fundación San Juan del Castillo, la Asociación de Padres de Niños con Cáncer de la Comunidad Valenciana, Mutua Madrileña, Premios voluntariado Fundación Mutua Madrileña, Universidad de A Coruña, Voluntariado universitario.

De nuevo sangre de mártires en Burundi

De nuevo sangre de mártires en Burundi

Acabado el verano y de vuelta a la rutina, estamos felices de retomar el blog para iros contando con todo tipo de detalles cómo han ido los proyectos de este verano y lo fructíferos que han sido. Después de enseñaros parte de lo que hemos hecho con un divertido video nos toca relatar algo no tan agradable.

Como es difícil que lleguen hasta nuestros oídos noticias del pequeño corazón de África, quizás muchos no hayáis leído que hace unos días tres monjas italianas fueron asesinadas de manera brutal en el norte de la capital, Bujumbura. Puede parecer una desgracia más entre tanto drama africano, pero para los que conocemos Burundi, y más en particular al padre Arconada, misionero español en Burundi desde hace 52 años, se nos hace más palpable al leer el testimonio que nos ha hecho llegar hace unas horas relatando de primera mano semejante horror.

Queríamos compartir con vosotros sus líneas, dirigidas al asesino de estas tres monjas javieranas, para intentar haceros un poco más partícipes de la realidad que viven hoy en días los misioneros y misioneras que se encuentran repartidos por todo el mundo, dándose totalmente a los demás para llegar incluso a dar la vida por ellos.

De nuevo sangre de mártires en Burundi

Creo que fue tertuliano el que escribió: Sangre de mártires semilla de cristianos.

Es difícil explicar lo que sentí al ver la sangre de la primera víctima derramada por el suelo en dirección de la puerta como buscando otra salida para nuestro mundo. Ante esta víctima mis sentimientos eran múltiples: horror, miedo, humillación profunda, y mil preguntas sobre nuestro mundo. No vi la cara que cubría una tela africana, como para evitar hundirnos en la depresión viendo el cuerpo de la hermana Lucia. Ella, me dijeron, tenía la cara desfigurada por una piedra, le habían aplastado los ojos y la nariz, su cráneo destrozado, su garganta degollada.

La segunda víctima, Madre Olga, estaba en una pieza continua, en un corredor que lleva al salón, tampoco pude ver su cara que cubría otra tela africana, también ella degollada. Al lado de las víctimas había una camisa manchada de sangre, la del asesino que viéndola así, la dejó abandonada para que nadie le descubriera manchado de sangre.

Todo empezó de una manera inocente. Un joven que pide a las religiosas un vaso de agua fresca. La religiosa como buena samaritana le ofrece un vaso de agua fresca. El joven empieza a beber, y en un gesto rápido intenta robarla el reloj. La religiosa grita, las monjas acuden a socorrerla, el ladrón se da a la fuga.

El ladrón vuelve más tarde. ¿A qué hora? ¿A las dos de la tarde? ¿las 3 de la tarde?

Dos religiosas habían ido al aeropuerto para buscar a la Superiora Regional que venía de Italia. En la casa quedaban Sor Lucía y Olga, religiosas misioneras javerianas. Entró el ladrón con un cuchillo, y asesinó a las dos. Y salió cerrando la puerta de la casa de las religiosas.

Da la casualidad que a eso de las 4 y media de la tarde fui a visitar a los javerianos. Nadie sabía nada porque la casa estaba cerrada y creían que las religiosas habían salido a visitar a alguien. Sólo a la vuelta de las religiosas que había ido al aeropuerto, y abrieron la puerta descubrieron el horror. Por la noche a eso de las dos de la noche, el asesino volvió con el mismo cuchillo. Entró en la habitación de Sor Bernardette, la que le había dado un vaso de agua fresca y la decapitó. Hubiera degollado también a Sor Clementina, religiosa javeriana, pero tenía cerrada la puerta de su habitación. El dolor y la pena son inmensos.

Y la pregunta queda en el aire: ¿¿¿POR QUÉ???

Sin duda nunca verás esta carta. Pero lo que ha pasado nos interpela a todos. Quizás esta carta me la escribo a mí mismo. Al asesinar y degollar la primera víctima su sangre manchó tu camisa. No podías salir a fuera con la camisa empapada de sangre. Por eso preferiste abandonar la camisa al lado de tus víctimas.

Amigo, hermano, perdona que te llame así, porque Dios es nuestro Padre común y Jesús nos invitó a vivir como hermanos. Amigo recoge tu camisa y conviértete, cambia tu vida.

La sangre de mártires no mancha, purifica, interpela, es vida de amor. Mataste a religiosas que habían dejado, su país, su familia, su juventud, para dedicarse amar a los otros siguiendo los pasos de Jesucristo. Nunca olvides ese vaso de agua fresca que Sor Bernardette te ofreció. Era más que agua fresca, te ofreció una manera de vivir dedicada al servicio de los demás gratuitamente.

Pero tengo para ti una pregunta: ¿quienes fueron los que inculcaron en tu vida ese egoísmo que te hizo asesino de tres religiosas testigos del amor de Dios? Porque no hubo en tu vida otras voces que te enseñaran la felicidad que brota del verdadero amor. Te engañaron los que te dijeron que tu felicidad pasaba por el crimen. Ha sido víctima de los mercaderes de la mentira y del egoísmo sin freno alguno.

Amigo, ven y recoge tu camisa que ahora esta perfumada con sangre de mártires. Deja que esta sangre empape tu corazón de ese amor que nos hace felices.

Conozco uno, San Pablo, que de perseguidor de cristianos se convirtió en defensor del amor cristiano y apóstol de la Iglesia. Que el crimen no te arrastre al suicidio como Judas. Dios desde la cruz con su sangre nos sanó de todas las heridas nacidas de nuestros pecados.

Hay un pecado de falta de evangelización con los jóvenes de hoy que nos atañe a todos

Carta al asesino de las tres religiosas misioneras javieranas.

Marguérite Barankitse, el ángel de Burundi, o simplemente Maggie.

Marguérite Barankitse, el ángel de Burundi, o simplemente Maggie.

Evil will never have the last word, it is love that prevails

El Ángel de Burundi

Marguérite Barankitse (Ruyigi, Burundi, 1957), es probablemente una de las personas más especiales que hemos tenido oportunidad de conocer durante nuestras estancias en Burundi.

Tuvimos el placer de conocerla por primera vez en 2009, cuando nos recibió en su propia casa en Ruyigi, y algunos pudimos repetir aquel encuentro tres años más tarde. Aunque el tiempo pasa y las cosas se olvidan, los que allí estuvimos supimos aquel mismo día que había sido uno de esos momentos que te marcan la vida, y precisamente por eso, para demostrar que aunque el tiempo pase los momentos y las personas especiales no desaparecen jamás de nuestra memoria, queríamos dedicar esta pequeña entrada al Ángel de Burundi, a nuestra amiga Maggie.

Maggie nació en Burundi a mediados de los años 50, en el seno de una acomodada familia dueña de numerosas tierras. Tras estudiar en Lourdes (Francia) y en Suiza, decidió retornar a su Ruyigi natal para ser profesora de francés, ayudar en la diócesis, y devolver de esta forma a su comunidad todo lo que había tenido la suerte de aprender. Por aquel entonces Maggie era una hermosa joven burundesa con un futuro prometedor por delante y muchos sueños e ilusiones por cumplir, pero en el otoño de 1993 se cruzó en su camino la fatídica guerra civil entre las dos principales etnias del país que duraría más de una década, y su vida nunca volvió a ser la misma.

Ella nunca entendió de diferencias, y por eso, pese a ser tutsi, y aun a sabiendas de que aquello podía costarle la vida, escondió en los edificios de la diócesis a más de cien personas, la mayoría hutus perseguidos por los tutsis. Al estallar el conflicto Maggie ya había adoptado a siete niños y niñas, hutus y tutsis, y a ellos se unieron otros muchos niños y adultos que acudieron a refugiarse a la casa del obispado, donde sabían que ella les recibiría. Al principio eran unos pocos, pero a medida que avanzaron los días el grupo fue creciendo más y más, hasta que finalmente fueron descubiertos por los tutsis, que fueron hasta allí para aplicar su castigo, muchos de ellos – paradójicamente- familiares de la propia Maggie, quien se interpuso y trató de persuadirles para que no utilizaran la violencia, ofreciéndoles todas sus posesiones y su propia vida.

No obstante, todos sus esfuerzos resultaron en vano. Para castigar a Maggie por lo que ellos consideraban una traición por parte de una “hermana” tutsi, la desvistieron, la ataron a una silla, prendieron fuego a la casa del obispado para obligar a salir a todas las personas que estaban allí escondidas, y la obligaron a presenciar cómo asesinaban uno a uno a 72 refugiados, muchos de ellos amigos suyos. Aquel 24 de octubre de 1993, como ella misma cuenta, Maggie murió, pero también volvió a nacer. En medio de aquella desgracia se obró un milagro, y 25 niños, además de sus siete hijos adoptados, consiguieron salvarse.

Pese a dudar de todo y de todos, del sentido de la vida y de su existencia, Maggie entendió desde el principio que debía sobreponerse, que tenía una misión, y que dedicaría su vida a ella: decidió que tenía que cambiar el odio por la paz, y adoptó a aquellos 25 niños para demostrar que el amor es más fuerte que todas las otras cosas. Con ellos a su cargo consiguió pedir refugio a una pequeña organización alemana que operaba en Ruyigi, la cual les ayudó sin vacilar y dio a Maggie la oportunidad de plantar la semilla de una gran obra que todavía hoy sigue creciendo. La guerra no había hecho más que comenzar y poco a poco empezaron a llamar a la puerta del refugio más y más niños huérfanos. Los rumores se habían extendido por todo el país: “hay una loca en Ruyigi que acoge a todos los niños que se presenten, sean hutus o tutsis”, y así, siguiendo a aquellos 25 primeros niños, hoy han llegado a ser más de 20.000.

Fue entonces cuando, con ayuda de la comunidad internacional, Maggie abrió las puertas de “Maison Shalom” -Casa de la Paz-, que desde entonces trabaja en Ruyigi para la reinserción de los huérfanos en la sociedad. No contenta con ello, Maggie, trabajadora incansable, siguió dedicando todo su tiempo y sus recursos a los demás, y ha conseguido que Maison Shalom crezca abriendo más centros por todo el país, hospitales, escuelas de formación profesional y otros organismos encaminados a hacer crecer a la sociedad en la que vive, siempre bajo los valores del amor y la fraternidad.

Nos podríamos pasar horas hablando de las labores y los éxitos de Maggie, pero estos no se entenderían sin el mensaje que los acompaña. Han pasado más de cinco años desde que la conocimos, pero todas y cada una de sus palabras todavía retumban en nuestras mentes. Su testimonio es más que una vida, más que mil aventuras, historias y cicatrices de una guerra, es un mensaje claro y sencillo que ojalá pudiese llegar a todo el mundo: el mundo se mueve por amor.

Pese a haber sido nominada jamás le darán el Nóbel de la Paz, ella misma reniega de todo tipo de premios que solo recoge cuando con ello ayuda a que su comunidad siga creciendo. Maggie tiene demasiadas cosas que celebrar, pero ella prefiere centrar todo su esfuerzo en Maison Shalom, que sin duda es el mejor premio que le ha podido dar la vida. Esperamos que después de esta entrada podáis conocerla mejor, o que por lo menos sea suficiente para hacernos reflexionar sobre qué es lo que nos mueve en esta vida. Maggie encontró su camino en la fe y en al amor cuando la vida no se lo había puesto nada fácil. Ojalá todos nosotros pudiésemos encontrar nuestro camino como lo ha hecho ella, y sobre todo, ojalá todos tuviésemos su fuerza y ganas de cambiar el mundo.

Gracias por todo Maggie, urakoze cane.

¡Amahoro abazungu!

¡Amahoro abazungu!

Burundi 2014 ya está en marcha

Llevábamos un año esperándolo y varios meses de preparativos, pero ya podemos decir que ¡el proyecto Burundi 2014 ha empezado! El primer grupo de voluntarios aterrizó ayer en Bujumbura y Casupari, Mónica, Álvaro, Carlos, Natalia, Javier, Leticia, Mila, Luis, Rafa, Inés, Ana, Borja y Teresa están ya disfrutando del que para la mayoría es su primer contacto con este país que todavía tienen por descubrir y del que tanto van a aprender. Ha sido un viaje largo pero todo ha salido según lo esperado, y tanto ellos como todo el material han llegado sin ningún problema. Después de aterrizar ayer por la tarde, y una vez solucionados los trámites del aeropuerto y recogidas todas las maletas, se dirigieron a Mont Sion, la casa de Schoenstatt en la ciudad, en la que como cada año los voluntarios han pasado la primera noche y han podido descansar y coger fuerzas para empezar con ganas este séptimo proyecto de ASU en Burundi.

Ya han recibido las primeras bienvenidas al sonido de “amahoro abazungu”, ya se han encontrado con el Padre Apo y con el Padre Rodrigo, ya están con Mathias y con Stany, y ya han cogido el ASUbus camino a la ciudad de Ngozi, a donde llegarán hoy para instalarse y empezar a trabajar en la organización del campamento para los niños de la aldea de Gashikanwa. Tienen por delante un mes increíble en el que disfrutarán, aprenderán y trabajarán a partes iguales, en el que conocerán a personas cambiarán su forma de pensar, y en el que vivirán experiencias que ya estamos deseando que nos cuenten.

Desde aquí nos acordamos mucho de ellos y les deseamos todo lo mejor y que aprovechen al máximo esta oportunidad única.

¡Komera abagenzi! ¡Esto no ha hecho más que empezar!

Bienvenidos a vuestra casa

Bienvenidos a vuestra casa

“A journey of thousand miles begins with a single step”

Necesitamos tu ayuda.

Y estamos de enhorabuena, porque 20 nuevos voluntarios han dado ese paso y ya han comenzado con nosotros este increíble viaje que empieza ahora, pero que estamos seguros continuará mucho más allá de aterrizar en Madrid a su vuelta de Burundi. Seguimos creciendo, gracias a todos los que comparten nuestras inquietudes y nuestros sueños, y creen en nuestros proyectos. Cada vez somos más, y por eso y porque nuestro objetivo es seguir avanzando, afrontando nuevos retos y alcanzando nuevas metas, este año hemos dado un paso hacia delante y nos hemos lanzado con un nuevo proyecto.

Así que por primera vez, serán dos los grupos que viajarán a Burundi este verano. Además de trabajar con las Misioneras de la Caridad, desarrollaremos dos proyectos diferentes: en julio los voluntarios universitarios llevarán a cabo nuestro ya tradicional campamento de verano, este año con los niños de la aldea de Gashikanwa; y el grupo de jóvenes profesionales impartirá en agosto un curso intensivo de inglés a los estudiantes de economía de la Universidad de Ngozi, una nueva iniciativa en la que llevamos tiempo trabajando.

Voluntarios: queremos daros la enhorabuena y deciros, en nombre de todos los que nos quedamos en Madrid, que nos dais un poco de envidia, por todo lo que todavía tenéis por descubrir, porque os vais a bajar del avión y os encontraréis por primera vez con ese paisaje que ya no olvidaréis, porque oiréis vuestros primeros “amahoros” y “muzungus”, porque os divertirá el ajetreo desordenado de Bujumbura y os impactará la calma del lago de Kirundo, porque conoceréis a Stany, a Mathias, al padre Apo, a Biri, a Inés, a Olivia y a las misioneras, porque probaréis el aguacate, el pili-pili, la cabra, los platanitos y la piña, porque aprenderéis vuestra primeras palabras en kirundi, porque vais a aprender en un mes lo que podríais no haber llegado a entender nunca; y sobre todo porque, por mucho que os contemos, lo que vais a vivir será una experiencia única y sólo vuestra, que superará todas las expectativas que podáis tener.

Creemos que las personas que forman parte de ASU son nuestro mayor valor, y creemos en las personas que como vosotros buscan implicarse para ayudar a los demás. Sabemos que esto os va a marcar para siempre, que vais a dar lo mejor de vosotros, que aun así no será nada comparado con lo que recibiréis, y que juntos vamos a hacer grandes cosas. Estamos felices de teneros con nosotros y deseando empezar a trabajar juntos.

Inés B, Lourdes, Javier G, Leticia, Ana BV, Irene, Tino, Saskia, Borja, Luis, Carlos, Inés M, Mila, Natalia, Rafa, Teresa, Ana BM, Javier S, Víctor, Miguel: ¡bienvenidos abagenzi!

Hacer voluntariado

Hacer voluntariado

“Lo único capaz de salvar a un ser humano es otro ser humano”.

Este directo mensaje del eslogan de la última campaña de Médicos sin Fronteras puede ser una muy buena forma de empezar a hablar de lo que es y lo que significa hacer voluntariado, ya que nos recuerda algo que en este mundo en el que todo parece poderse comprar se nos está empezando a olvidar: somos los únicos capaces de salvarnos entre nosotros, y el fin último de ayudar a otra persona desinteresadamente es aportar nuestro granito de arena para conseguirlo, y para a través de los demás salvarnos a nosotros mismos.

Porque aunque muchas veces no queramos aceptarlo, todos necesitamos que nos salven, de los problemas, de los malos días, de la tristeza, de los lunes, de la desesperación, de las envidias, de los enfados, del egoísmo, de la soberbia, de la avaricia, de la soledad… No hace falta irse al otro lado del mundo, sólo hay que pararse a mirar a nuestro alrededor  y ver cómo podemos ayudar a todas esas personas con las que nos cruzamos todos los días, y a las que muchas veces no dedicamos ni un minuto de nuestros pensamientos, ser más cercanos en este mundo que se empeña en distanciarnos, y hacer del voluntariado una manera de vivir.

Experiencia propia

Muchos de los que formamos parte de Asociación Solidaria Universitaria hemos tenido la gran suerte de viajar a uno de los países más pobres del mundo para trabajar como voluntarios, alejados de nuestras circunstancias habituales e inmersos en un universo nuevo del que hemos aprendido muchísimo y en el que personas increíbles nos han enseñado a ser más humanos, a mirar a nuestro alrededor con otros ojos, y a ser conscientes de los muchísimos privilegios que tenemos, pero también de las muchas carencias que necesitamos paliar. Desde que volvimos intentamos, no siempre con éxito, mantener esos valores y no olvidarnos de lo que una vez vivimos, para seguir con ese voluntariado que más que una actividad o un trabajo que se hace durante un periodo de tiempo es una forma de vida y de ser, muchas veces difícil de mantener, pero que siempre reporta grandes beneficios, y que aunque muchas veces se nos olvide o no seamos conscientes de ello, es el mejor camino para llegar a la felicidad.

Ahora está muy de moda el “positive thinking”, buscar todo aquello que es imprescindible para SER FELIZ, esa gran meta que aparece ante nosotros como un cartel luminoso y de la que todo el mundo parece tener las claves: hacer deporte, comer bien, mimarse, darse un capricho, emprender, dejar tu trabajo, reír más, salir más, leer más… y aunque todo esto es verdad parece que se nos ha olvidado el quid de la cuestión. Ya lo dijo la Beata Teresa de Calcuta, además de llevarlo con su vida a su máxima expresión: “si no se vive para los demás, la vida carece de sentido”, eso es lo que nosotros hemos tenido la oportunidad de aprender y la suerte de experimentar, que cuando das algo sin esperar nada a cambio es cuando más recibes, y eso es lo que queremos transmitir y mantener, y por lo que queremos seguir trabajando.

Urakoze cane

Gracias a todos los que nos ayudan y nos apoyan, ya que cada vez somos más, lo estamos consiguiendo, poco a poco llegamos a más personas, y estamos creciendo y alcanzando muchas de las metas que se plantearon al principio. ASU somos todos los que en algún momento hemos aportado nuestro granito de arena para sacar adelante nuestros proyectos, y por eso desde aquí mandamos un enorme “Urakoze cane” a todos los que hacéis que siga siendo posible.

Somos los únicos capaces de salvarnos entre nosotros, y el fin último de ayudar a otra persona desinteresadamente es aportar nuestro granito de arena para conseguirlo, y para a través de los demás salvarnos a nosotros mismos.