El corazón de Ndava

El corazón de Ndava

Este verano en Burundi ha sido especial. Y es que después de casi 20 años trabajando en el corazón de África, hemos cumplido un sueño que teníamos desde hace mucho tiempo…

Cuando llegamos por primera vez a la colina de Ndava allá por el año 2007, y tras conocer de primera mano la difícil realidad de una de las zonas más pobres del país más pobre mundo, nació en nosotros la inquietud de querer involucrarnos en las distintas necesidades materiales que veíamos en la comunidad: educación, sanidad, infraestructuras, emprendimiento… Así es como durante todos estos años hemos ido llevando a cabo muchos proyectos para hacer frente a las distintas necesidades que íbamos viendo: primero fue nuestra escuela primaria San Josemaría, luego el pozo, el centro de salud San Lucas, la instalación eléctrica, la escuela secundaria San José, el molino, el café, las cabras, el basket, las casas para los batwas, la escuela infantil san Nicolás…

Los primeros años de Ndava, siempre construyendo…

Pero la realidad es que, además de todas estas necesidades de orden “material”, que lógicamente son muchas en el país más pobre del mundo, nuestros amigos de Ndava llevaban muchos años compartiendo con nosotros su mayor sueño: tener una iglesia en Ndava que pudiera atender también las necesidades “espirituales” de los más de mil niños que van todos los días a nuestras escuelas así como de toda la comunidad en su conjunto. Y así es como nació el sueño de construir una iglesia en Ndava. Para nosotros, tenía todo el sentido del mundo, porque nos parecía el broche de oro a tantos años haciendo proyectos de cooperación en Ndava, y porque en cierta forma suponía cerrar el círculo de nuestra presencia en Ndava situando lo más importante en el centro, y dándole un sentido de trascendencia a todo nuestro trabajo. La iglesia sería así el corazón de Ndava, a cuyos latidos se acompasaría todo lo demás: el tiempo, la tradición, los valores familiares, y en resumen la vida de toda la comunidad.

Primeros planos de la iglesia

El único problema es que nunca antes habíamos construido una iglesia, ni sabíamos por dónde empezar. Al principio pensábamos que se trataba de una capilla, pero cuando nos dijeron que la idea era hacer una iglesia con capacidad para más de 400 personas -con su correspondiente sacristía, salón parroquial, sala de reuniones, etc.- la verdad es que nos asustamos un poco… Pero decidimos que teníamos que sacarlo adelante como fuera. Como el reto era mayúsculo, rápidamente vimos que lo mejor era poner el proyecto en manos de nuestra santa favorita, Santa Madre Teresa de Calcuta, con cuyas misioneras llevamos trabajando desde nuestros inicios en Burundi y en Madrid, y en cuya canonización estuvimos en el año 2015 en Roma. Y así es como surgió el sueño de construir la primera iglesia dedicada a Madre Teresa de Calcuta en Burundi, teniendo muy presente siempre que, como decía ella, la verdadera pobreza no es material sino espiritual. Así nos lo contaba el Padre Apo en su día cuando decidimos lanzarnos a la aventura…

La verdad es que no ha sido fácil. Construir una iglesia es todo un reto, y hacerlo en el corazón de África todavía más. Pero después de más casi 3 años de mucho trabajo, y de recibir la ayuda de muchas personas tanto en Burundi como en España, el pasado 18 de julio de 2026 llegó el día soñado: la tan esperada inauguración de nuestra iglesia Madre Teresa de Ndava…

Ya sabíamos que iba a ser un día muy especial, pero la realidad superó todas nuestras expectativas. Es difícil poner palabras a todo lo que vivimos: la procesión de entrada, la unción del altar, la iglesia abarrotada, la música, los bailes, la decoración, la celebración de la eucaristía, el ofertorio con una fila infinita de agricultores trayendo parte de su cosecha para contribuir a la iglesia… Fue un día cargado de emociones, que además pudimos compartir con nuestro querido D. Ignacio Amorós “Chete”, que 8 años después regresaba a Burundi, siendo esta vez su primera como sacerdote, y acompañado por otros dos sacerdotes: D. Juan Andrés “Gordo” Verde, venido desde Uruguay para la ocasión, y Fray Marcos, fraile dominico venezolano. La Misa estuvo presidida por nuestro amigo el obispo de Ngozi, Monseñor Georges Bizimana, con quien tenemos una gran relación y que ha apoyado mucho el proyecto, y también nos acompañó nuestro querido Padre Apo, además de muchos otros sacerdotes amigos venidos de todo el país. También se unieron a la celebración varios de los jóvenes voluntarios que se encontraban en ese momento en Burundi, y muchos de nuestros amigos burundeses con los que llevamos todos estos años trabajando.

Y, por si acaso no eran suficientes sorpresas, también vinieron algunas de nuestras queridas Misioneras de la Caridad desde la casa de Kirundo, que hicieron una gran excepción sabiendo como es su carisma y nos acompañaron después de un largo viaje en coche de varias horas. No podían estar más emocionadas, sobre todo después de ver que desde España habíamos traído una grandísima imagen de Madre Teresa, así como la inscripción de “Ndanyotewe” que preside la iglesia, que es el equivalente en kirundi del famoso “I thirst” de Madre Teresa… Y si ellas estaban emocionadas de estar ahí, os podéis imaginar como estábamos nosotros de que ellas nos acompañaran en un día tan especial para nosotros.

La emoción de la sorpresa al ver a nuestras queridas Sisters

Después de todas estas emociones, la comunidad de Ndava nos invitó a una pequeña celebración, que llevaban meses organizando y que fue especialmente bonita por el hecho de que insistieron en que querían invitarnos ellos, para lo cual estuvieron reuniendo muchas pequeñas colaboraciones de personas muy humildes de toda la comunidad que querían colaborar con el proyecto aunque fuera con un humilde saco de arroz. Para nuestra sorpresa, nos invitaron a compartir algún refresco, un poco de cabra con arroz y muuuuchos discursos de agradecimiento, donde también nos entregaron un diploma en agradecimiento a nuestra colaboración con la comunidad, que por supuesto ya preside nuestra querida casita de Ngozi. Y así, con la caída del sol y con las emociones todavía a flor de piel, pusimos el broche de oro a uno de los días más importantes de nuestra historia.

Fray Marcos, D. Ignacio Amorós, Monseñor Georges Bizimana (Obispo de Ngozi), Juan Andrés “Gordo” Verde, Carlos Bobillo y el Padre Apollinaire “Apo” Bangayimbaga

Aún no hemos visto nada…

Aún no hemos visto nada…

Hace un año, viajábamos a Burundi de la mano de nuestros amigos de Hakuna para ver qué podíamos hacer juntos en el corazón de África. Tras visitar el corazón de África, Don José Pedro Manglano “Josepe”, fundador de Hakuna, destacaba la sencillez con la que se vive la vida y la fe en Burundi, recordándonos que, en su pobreza, son unos maestros del arte de vivir.

Llegada a Burundi en mayo de 2025

Estando en Burundi, y tras visitar la Universidad de Ngozi, con la que llevamos trabajando estos casi 20 años de labor en Burundi y cuyo rector es nuestro querido Padre Apo, se nos ocurría una idea que en aquel momento parecía imposible. Veíamos que durante todos estos años, la universidad ha ido creciendo mucho: nuevos edificios, mejor equipamiento, cada vez más alumnos y facultades, incluso nuevos másters… Pero faltaba algo. Y ese algo era lo más importante. Y es que es muy importante formar a grandes profesionales en la universidad. Pero además, tenemos el deber de formar a grandes personas. Así, en el propio viaje a Burundi, nació un sueño que nos emocionó a todos desde el primer momento: dar vida a una capilla en la Universidad de Ngozi donde los jóvenes puedan, además de estudiar, reposar el corazón y mirar al futuro con esperanza. Parecía un sueño lejano y difícil, pero entonces no sabíamos que aún no habíamos visto nada…

D. José Pedro Manglano, fundador de Hakuna, el Padre Appolinaire Bangayimbaga, rector de la Université de Ngozi, y Carlos Bobillo, de KOMERA, cerrando el acuerdo a tres bandas

Unos pocos meses después, en septiembre de 2025, aquel sueño empezó a tomar forma. Nuestras queridas cracks Emma e Inés se ofrecían para irse a vivir a Burundi y ponerse al servicio para que el proyecto de la capilla de la Universidad de Ngozi fuera una realidad. No sabían muy bien a lo que iban ni lo que les esperaba, pero a pesar de ello no dudaron en decir un “sí” muy grande y confiado…

Primeros trabajos de la capilla “El Deseante” en la Université de Ngozi

Durante estos meses, Emma e Inés han dedicado todo su tiempo, su cariño y sus esfuerzos a este sueño. No ha sido fácil, pues había que empezar todo desde cero y la incertidumbre era grande. Pero poco a poco, con mucho amor y confiando mucho, han conseguido aquello que unos meses antes nos parecía imposible. Primero fue la capilla: el Padre Apo nos había dejado la antigua biblioteca de la universidad y había que remodelarla entera, con todos los líos que ellos supone. Después, el grupo de jóvenes que han ido dándole vida: adoración, formación, clases de español, traducción de las canciones al francés, ensayos, cine fórums, escapadas… ¡Qué suerte poder compartir nuestra fe a pesar de todas las diferencias y barreras! Y en paralelo, mucha entrega también fuera de la universidad: ayuda en el Hospital de Ngozi, con los niños de la calle en Giriteka, en la casa de las Misioneras de la caridad en Kirundo… Porque nada de esto tendría sentido si todo lo que hemos ido recibiendo estos meses no se volcara en el otro.

Cartel de la inauguración de la capilla “El Deseante” en la Université de Ngozi el 14 de marzo de 2025

Y por fin, un año más tarde de aquel viaje a Burundi, el sueño que habíamos tenido se hizo realidad. El pasado 14 de marzo de 2026 se inauguraba la capilla de “El Deseante” en la Universidad de Ngozi, con la presencia del Padre Apo y del Obispo de Ngozi, Monseñor Georges Bizimana. Fue un día de muchas emociones, mucha alegría… y sobre todo de mucho agradecimiento. Nos parece tan increíble todo lo que ha pasado y todo lo que está por venir que cuesta ponerle palabras… Pero sí tenemos una palabra muy clara: “GRACIAS”. O como decimos en Burundi, “URAKOZE”. Solo podemos tener en nuestro corazón un urakoze muy grande a todas aquellas personas que han apostado por este sueño y lo han hecho posible, tanto en España como en Burundi.

Inauguración de la capilla “El Deseante” en la Université de Ngozi por parte del Obispo de Ngozi, Monseñor Georges Bizimana

Pero esto no es el final de una bonita historia. Al revés. Porque esto no se trata solo de convertir la antigua biblioteca en una preciosa capilla y ya. Este proyecto va mucho más allá. Se trata de llevar mucha vida a la universidad, y de que en un país como Burundi, todavía herido por los conflictos recientes, los jóvenes puedan vivir y compartir su fe. Se trata de que puedan mirar al futuro con esperanza y dispuestos a entregarse por su familia y por un país que tanto lo necesita. Y es que, ahora, viene lo mejor… Aún no hemos visto nada!

Desde lo alto de la colina – I

Desde lo alto de la colina – I

Hace unos días, te compartíamos la gran noticia de que lanzábamos esta aventura de “Desde lo alto de la colina” para contarte más y mejor todo lo que vamos viviendo tanto en España como en Burundi. ¡Hoy por fin se hace realidad!

Burundi

Queríamos empezar poniéndote al día de nuestros proyectos en Burundi, donde estos últimos meses hemos tenido bastante movimiento.

Una buena noticia es que hemos podido comprar dos nuevos terrenos en Ndava pensando en todos los proyectos futuros que tenemos en mente: como ves nuestra vocación de permanencia en Burundi sigue intacta y parece que esto va para largo… Uno de esos terrenos será para nuestra Escuela infantil “San Nicolás” de Ndava, cuyo objetivo es plantar una semilla en los niños más pequeños, que les permita comenzar su educación y socialización antes de comenzar la escuela primaria con 6-7 años. Ya hemos conseguido parte de los fondos gracias a la ayuda de la Gymkana Esther López-Arce y tras haber resultado ganadores del Primer Premio al Voluntariado Universitario de la Fundación Mutua Madrileña (vídeo aquí), por lo que esperamos poder empezar a construir muy pronto… ¡Komera!

Por otro lado, te contamos que la construcción de nuestra Iglesia “Madre Teresa” de Ndava, que ayudará a atender espiritualmente a los casi 1.500 niños que tendremos en nuestras escuelas, avanza muy rápido y muy pronto estará terminada. ¡Ahora nos toca ponernos con el equipamiento para poder empezar a utilizarla en verano! Por su parte, el proyecto de la capilla de la Universidad de Ngozi, que estamos llevando a cabo con la Fundación Hakuna también va viento en popa: la idea es terminarla el mes que viene y empezar con todas las actividades en primavera. Ahora, además de grandes profesionales, la idea es ayudar también a formar a grandes personas en la Université de Ngozi.

En lo que se refiere a emprendimiento social, la novedad es que desde hace unos meses está en marcha, y con mucho éxito, el molino de cereal que hemos construido en Mureke, que tiene un gran impacto en la mejora de la producción agrícola, la nutrición y la economía de esta comunidad, y que viene a complementar el molino de cereal de Ndava, que lanzamos hace ya más de un año. Además, estos últimos meses hemos lanzado dos nuevos proyectos de emprendimiento social en Ngozi: un gallinero, de la mano de nuestro siempre fiel voluntario Serges, y una granja de cerdos, en colaboración con nuestro querido voluntario Éloge. Nada nos hace más ilusión que poder ayudar a nuestros voluntarios en sus proyectos de emprendimiento… ¡Esperamos recibir por su parte algún donativo en especie en nuestra próxima visita a Ngozi!

Además, también nos hemos lanzado estos últimos meses, por primera vez, a la aventura de nuestro programa de reparto de tarjetas sanitarias para familias batwas en distintas comunidades, que les permite tener acceso al sistema burundés de salud. Un año más, hemos lanzado de nuevo nuestro ya famoso Programa de microcréditos en la Universidad de Ngozi, con el que desde hace años financiamos los estudios superiores de los mejores estudiantes de las distintas facultades de la Université de Ngozi. Y también te contamos un proyecto sencillo que nos hace especial ilusión: después de muchos años sufriendo en primera persona el esfuerzo que supone cortar leña con el hacha durante horas a 35 grados al sol en la casa de las Misioneras de la Caridad de Madre Teresa de Calcuta en Kirundo, nos han pedido, y hemos podido, comprarles una motosierra, lo que les supondrá un ahorro importante de dinero, tiempo y esfuerzo. Querida hacha: ¡ha sido un placer trabajar juntos pero no te echaremos de menos!

Aparte de todo esto, en los próximos meses se vienen bastantes proyectos que estamos deseando contarte: aducción de agua en Mureke, nuevas casas batwa, nuestro sueño de llevar electricidad a toda Ndava… Stay tuned!

Por último, un año más, y ya van 19, te contamos que volvemos a Burundi con nuestros programas de voluntariado internacional. Serán casi 100 voluntarios los que este verano tendrán la suerte de entregarse en el corazón de África: 1 grupo en junio para alumnos de bachillerato, dos grupos en julio para universitarios y dos grupos en agosto para jóvenes profesionales. Acabamos de lanzar el proceso, así que si no quieres perdértelo ya sabes: apúntate aquí.

España

En cuanto a novedades en España, te contamos que en octubre, celebramos nuestro I Torneo de Golf x Burundi. Tuvimos aforo completo, fue todo un éxito y este año repetiremos, así que si te gusta el deporte de los caballeros estate atento. Además, en diciembre celebramos la Navidad desde Burundi, y aunque este año no nos tocó la lotería, algún afortunado se llevó jamón del bueno cortesía de Montesierra a su casa… Y por último, estas Navidades, por octavo año consecutivo, volvimos a convertirnos en Reyes Magos y nos encargamos de conseguir los regalos de los 93 niños de la casa de las Misioneras de la Caridad de Madre Teresa de Calcuta: ¡muchas gracias por hacerlo posible!

También te contamos que seguimos con nuestro voluntariado mensual en Madrid, porque todo empieza en casa. Para apuntarte a echar una mano en nuestros planes con Down Madrid y las Misioneras de la Caridad, puedes hacerlo en nuestro grupo de WhatsApp y en nuestra web.

Además, te recordamos que seguimos metiéndole bastante caña a nuestra tienda de Imigambi, con café 100% social de Burundi, y a nuestra tienda de Isoko, con productos textiles de Burundi. Si quieres cambiar el mundo cada día desde casa ya sabes… ¡Más fácil imposible!

Por último, te contamos que, por cuarto año, nos hemos vuelto locos y lanzamos una nueva edición de “La 111”, el reto deportivo solidario por Burundi en el que recorremos sin parar 111 kilómetros a pie en menos de 24 horas. Será en Ávila el fin de semana del 12 al 14 de abril y puedes apuntarte aquí… si eres lo suficientemente valiente.

Y esto es todo; de momento. Si has llegado hasta aquí, solo podemos decirte gracias por estar siempre ahí. Volveremos pronto con más noticias, qué ganas de contarte… ¡Komera!

Hoy es un gran día

Hoy es un gran día

¡Hoy, 24 de febrero de 2026, es un gran día!

Con mucha emoción, por fin podemos gritar al mundo y contaros que nuestro proyecto “Creciendo juntos” ha ganado el Primer Premio al Voluntariado Universitario de la Fundación Mutua Madrileña entre un total de 90 proyectos de voluntariado en los que participan más de 1.500 alumnos, que estudian en 65 universidades españolas. El premio de 15.000€ se destinará íntegro para construir nuestra Escuela infantil “San Nicolás” en Ndava, Burundi. Pero se trata de mucho más que un premio: es la solución a un problema que nos permite cerrar el círculo de la educación en Ndava.

Porque en Ndava, la educación empezaba “tarde”, a los 6 años de edad, y los niños llegaban a la primaria con importantes carencias cognitivas y sociales, y sus familias vivían condicionadas: o los hermanos mayores dejaban de estudiar para cuidar a los pequeños, o los padres perdían su capacidad de trabajar al tener que quedarse en casa cuidándoles. O lo que es peor, los niños se quedaban solos en casa o vagando por los caminos, con todos los riesgos que eso supone. Ahora, un niño en Ndava podrá entrar en nuestra escuela infantil a los 3 años y no soltarnos la mano hasta la universidad.

Por todo esto, queremos dar las gracias de corazón a la Fundación Mutua Madrileña por creer en el poder de los jóvenes para cambiar el mundo, y a vosotros, socios y voluntarios, que nos habéis ayudado a hacerlo posible, animándonos siempre a hacer pequeñas cosas con mucho amor. Gracias a todos por apostar por Ndava y por este proyecto que hoy, más que nunca, es una realidad… ¡Komera!

¡Muchas gracias por estar siempre ahí!

Desde lo alto de la colina

Desde lo alto de la colina

Estos últimos meses han sido de muchos cambios: nuevo nombre, nueva imagen, nueva web… Ahora que ya están las aguas más tranquilas, queríamos aprovechar este impulso para contaros una buena noticia y es que, de ahora en adelante, queremos haceros más partícipes de lo que va pasando en nuestro día a día. Somos conscientes de que hemos estado un poco ausentes, al menos por email, porque ya sabéis que lo nuestro siempre ha sido más lo presencial, y que siempre hemos preferido poner el foco en lo realmente importante: los proyectos, las personas, y la realidad del terreno tanto en Burundi como en España. Aun así, creemos que también es importante contar lo que hacemos, para que todos los que estáis ahí al otro lado podáis vivir nuestra labor más de cerca, para compartir nuestras alegrías, nuestras dificultades, nuestros retos, nuestros sueños… Y también, por qué no, para aportar un poco de luz al mundo 🙂

Teniendo en cuenta lo anterior, y además del contenido que vamos publicando en Instagram, LinkedIn y YouTube, a partir de ahora queremos enviaros periódicamente también por aquí las novedades más importantes de todo lo que va pasando en KOMERA. Porque si para algo nació esta aventura hace ya 19 años fue para compartir: compartir nuestras inquietudes, compartir la vida, compartir nuestras ganas de cambiar el mundo… Y es que, en el fondo, la verdadera felicidad solo es posible al compartir y al salir de uno mismo y poner el foco en los demás.

Empezamos con lo importante: como sabéis, y si no es para hacérnoslo mirar, después de 18 años siendo “ASU”, y de rebelarnos con nuestra mayoría de edad recién cumplida, hemos pasado a llamarnos “KOMERA”, que hace referencia, en sentido literal, al “ánimo para conseguir grandes cosas en la vida”. Estamos felices porque representa a la perfección el por qué hacemos lo que hacemos, y porque nos permite llevar Burundi en nuestro corazón. Si queréis saber más, os dejamos todos los detalles del cambio de nombre aquí.

Además, os dejamos nuestra nueva web, donde podréis encontrar todos los detalles de quiénes somos, qué hacemos, por qué hacemos lo que hacemos… Y si os gustan los temas de diseño y queréis saber un poco más, os dejamos también cómo ha sido el proceso de rebranding.

Os contamos también en este sentido que en octubre hicimos un evento de lanzamiento de KOMERA en Caleido: fue una gran ocasión para presentar la nueva marca, hacer repaso de todos estos años y mirar juntos hacia el futuro, y, sobre todo, para hacer familia y compartir este momento tan especial de nuestra historia con todos los que pudisteis venir. Estamos terminando el vídeo recap de ese día tan especial y esperamos compartirlo muy pronto, así que de momento os dejamos el vídeo que hemos hecho explicando el porqué de KOMERA y el vídeo de “Los valientes”, que estrenamos con la nueva marca y que profundiza en lo más profundo de nuestra razón de ser.

El cambio a KOMERA supone un antes y después en nuestra historia, y queremos que esta nueva aventura vaya de la mano de tratar de poner palabras a lo que pasa por nuestro corazón. Si habéis estado en Burundi, sabéis que no siempre es fácil dar noticias a los que están “en casa”. La conexión no suele ser la mejor, y además siempre hay mil cosas que hacer, mil niños con los que disfrutar, mil líos que resolver, mil aventuras que vivir… Pero eso no quita que haya que hacer un esfuerzo para dar señales de vida de vez en cuando y compartir con nuestros seres queridos lo que van viendo nuestros ojos y lo que vamos viviendo en nuestro interior. En esos momentos, lo que solemos hacer es subir a lo alto de la colina: solo allí es posible encontrar un poquito de conexión, y sobre todo, un poco de paz para parar, hacer silencio, contemplar y abrir el corazón. Por eso, hemos querido llamar a esta nueva aventura “Desde lo alto de la colina”. Sentimos cierta responsabilidad porque somos conscientes de que nunca es fácil hablar de uno mismo, y menos cuando se trata de mostrar nuestra verdad más profunda, pero prometemos intentar hacerlo lo mejor posible, como siempre: haciendo pequeñas cosas con mucho amor.

La primera edición de “Desde lo alto de la colina” llegará en los próximos días, pero si necesitáis vuestra pequeña dosis de Burundi hoy mismo, os dejamos aquí abajo nuestro documental “La belleza salvará al mundo”, que estrenamos hace unas semanas de la mano de nuestros amigos Héctor Zurita y Pablo Garna, y que profundiza en cómo Burundi nos cambia la mirada… y la vida. Volvemos pronto con más noticias, qué ganas de contaros… ¡Komera!

¡Muchas gracias por estar siempre ahí!

 

Haciéndonos pequeños

Haciéndonos pequeños

Después de un tiempo prudencial de “reposo”, que nos ha permitido coger distancia y perspectiva, hemos decidido intentar poner palabras a todo lo que hemos vivido este verano en Burundi. La verdad, es que no es tarea fácil, porque Burundi ha sido precisamente eso: vida. VIDA en mayúsculas. Y la vida no se puede contar, hay que vivirla. Aun así, prometemos hacer nuestros mejores esfuerzos para tratar de trasladaros con nosotros hasta ese pequeño rincón del corazón de África y compartir todo lo que hemos tenido la suerte de recibir.

Este verano, una vez más, hemos vuelto con cinco grupos de voluntarios a Burundi. Nos hacía especial ilusión, porque este año cumplimos 18 años visitando el corazón de África, y hemos celebrado nuestra mayoría de edad con casi 100 voluntarios en terreno. Los años pasan, pero siempre decimos lo mismo: si hay algo de lo que nos sentimos especialmente orgullosos, además de todo el trabajo que llevamos a cabo en terreno para ayudar a quienes más lo necesitan, es que tantos cientos de voluntarios hayamos tenido la oportunidad de conocer Burundi y ahora seamos portadores de esa gracia especial que nos hace ver el mundo de otra manera, allí donde estemos.

Lo paradójico es que, aunque nos hacemos mayores, Burundi nos enseña lo contrario, y cada vez de forma más clara: tenemos que hacernos pequeños. Pequeños como niños. Sí, como esos cientos de niños con los que hemos estado en Ndava o en Kirundo con las Sisters. Porque si algo nos llevamos de este verano es que todo pasa por la inocencia, por la sencillez, por la pobreza de espíritu. Solo ahí encontramos la verdadera felicidad, y solo así descubrimos el sentido de nuestra vida. Y es que, como nos decía una voluntaria este verano: “ser feliz es sencillo; lo difícil es ser sencillo”.

Ser feliz es sencillo; lo difícil es ser sencillo

Los primeros en aterrizar en Burundi fueron el grupo de jóvenes del Colegio Aldovea, que por tercer año consecutivo dedicaron sus vacaciones post EvAU para darse a los demás. Este verano, además, con la novedad de que hemos estado construyendo, de principio a fin, dos casas que ellos mismos habían financiado para familias de poblados batwa, la etnia más desfavorecida de Burundi. Después, como ya es tradición, nos trasladamos a Kirundo, al norte del país, para ponernos a disposición de las Misioneras de la Caridad de Madre Teresa de Calcuta para ayudar en todas las necesidades del hogar, atendiendo a niños, ancianos y enfermos. Un lugar lleno de paz al que nunca nos cansamos de volver.

Niños de Mureke recibiendo a voluntarios de KOMERA

Siempre rodeados de niños

Ya en julio, tomaron el testigo los grupos de universitarios, con unos 40 voluntarios repartidos en dos grupos dispuestos a darlo todo, liderados por varios repetidores que llevan años viniendo con nosotros a Burundi. Tras unos meses previos de mucho trabajo en Madrid preparando todo el proyecto, finalmente llegaba el momento de la verdad en Burundi. Como siempre, empezamos con nuestro tradicional campamento en nuestra escuela de Ndava, compartiendo dos semanas con cientos de niños que nos han enseñado que el amor es la mejor escuela. Con nuestras manos manchadas y nuestras zapatillas llenas de polvo y barro, fuimos testigos de la grandeza del mundo, de su belleza, y de una paz y una felicidad tan auténtica que rebosaba en nuestros corazones. Y después, nos sumergimos otras dos semanas en el oasis que es la casa de las Misioneras de la Caridad en Kirundo. Allí, nos encontramos con un pequeño rincón de paz donde descubrimos a lo que estamos llamados: amar y entregarnos, haciendo siempre pequeñas cosas con mucho amor.

En Burundi hemos descubierto que en las pequeñas cosas en donde somos verdaderamente felices. Y es que la fórmula de la felicidad es mucho más sencilla que todo lo que nuestra realidad nos puede ofrecer. Es en la dinámica de darse a los demás donde recibimos más de lo que podemos merecer, donde reconocemos el cielo en la tierra, y donde nos encontramos con una fuente inagotable que nos sacia cuando nada más puede hacerlo y que paradójicamente nos llena de riquezas cuando nos sentimos vacíos. Gracias Burundi por permitirnos dejar de lado lo superficial para adentrarnos en tu misterio y vivir apasionadamente. Gracias Burundi por darnos respuestas a lo que llevábamos en el corazón. Gracias por revelarnos el AMOR en mayúsculas. Gracias por dejarnos un pedacito de ti en nuestros corazones, y por venirte a Madrid con nosotros. Querido Burundi: ¡nos vemos pronto!

Niños de la escuela de Ndava jugando

Nuestro tradicional campamento de Ndava

Para cerrar el verano, en agosto viajamos a Burundi con otros dos grupos de jóvenes profesionales, con un total de 35 voluntarios, que durante 3 semanas estuvieron colaborando con nuestros proyectos en terreno. Comenzamos el trabajo con nuestro ya famoso curso de desarrollo personal y profesional en la Universidad de Ngozi, que hemos estado preparando durante el año y que este verano ha tenido especial éxito gracias a las clases de IA. Por las tardes, nos esperaban todo tipo de actividades: deportes, campamentos con niños, casas de acogida, clases de español… Tras poner fin a nuestra etapa en Ngozi, nos trasladamos a Kirundo, en la frontera con Ruanda, donde pasamos unos días con las Sisters de Madre Teresa, y nos llevamos el mejor de los aprendizajes: que la alegría no tiene nada que ver con la riqueza material, que el lenguaje internacional es el de las sonrisas y abrazos, que la esperanza es la clave de la vida, y que estamos hechos para darnos y solo en la entrega encontraremos la verdadera felicidad…

En resumen, Burundi ha sido un continuo desaprender para volver a aprender, y que nos ha dejado enseñanzas para toda la vida. Nos ha recordado que tenemos que ser como niños, que está bien el no saber qué pasará mañana, que estamos de paso, y que la vida es un regalo. También, que “ser feliz es sencillo; lo difícil es ser sencillo”. Gracias Burundi por tanto, gracias por abrirnos tu corazón y por llenar los nuestros. Gracias por enseñarnos a aspirar a algo más grande y a VIVIR en mayúsculas.

Voluntarios de Komera en la Universidad de Ngozi

Curso de desarrollo personal y profesional en la Universidad de Ngozi

Comenzábamos esta noticia diciendo que no era fácil poner palabras a lo vivido. Cada grupo ha tenido su contexto, su historia, sus vivencias. Pero si algo nos llevamos todos, es las ganas de que Burundi no se quede en Burundi. Sí, de que esto no sea un verano más, un voluntariado más, lo que tocaba este año. Burundi nos ha marcado a todos, de una forma o de otra, y ahora tenemos por delante el gran desafío de qué hacer con todo lo que hemos tenido la suerte de vivir.

Y es que si algo tenemos claro, es que Burundi es un misterio que nos invita a mirar más allá y a aspirar a algo más grande. En primer lugar, en lo que se refiere a lo personal, para traernos Burundi a Madrid, a nuestro día a día, para que todo lo que hemos vivido allí tenga su reflejo aquí en nuestras vidas y en las de los que nos rodean. Y en segundo lugar, siendo muy conscientes de que tenemos que compartir Burundi con el mundo, porque lo que hemos visto y oído no puede quedarse solo en nuestros corazones. Burundi tiene algo que decirle al mundo, y cuenta con nosotros para compartir su mensaje de alegría, de fe, de entrega, de esperanza y de amor.

Haciéndonos pequeños 🙂

Un año más, volvemos a Madrid con el corazón lleno, pero con esa sensación de que esto no ha hecho más que empezar. De que empezamos un camino nuevo con un destino claro pero un rumbo incierto. Por eso, solo podemos pedir una cosa: ojalá nunca olvidemos que ese camino pasa por la sencillez. Por hacernos pequeños, para apostar por algo más grande. Y por compartirlo con el mundo. Porque ahora que sabemos que la verdadera felicidad está ahí, solo podemos seguir esos pases. Ojalá nos grabemos estas palabras a fuego estas palabras en nuestro corazón: “ser feliz es sencillo; lo difícil es ser sencillo”. Vamos a por ello, ¡komera!