Muchas gracias, urakoze cane, tingki yabaia.

Muchas gracias, urakoze cane, tingki yabaia.

Queridos amigos,

Con este 2015 ya casi terminado, desde ASU queremos compartir y agradecer todos los resultados que este año nos ha dejado y que han sido posibles gracias a todos los que, como tú, nos habéis ayudado. Además no queríamos dejar pasar la oportunidad de felicitaros las Fiestas y desearos buena entrada de año.

Este año comenzó en realidad con el inicio del curso pasado, en el que tuvimos algunas novedades y muchos proyectos nuevos, una apuesta por seguir innovando para ayudar y concienciar cada día a más jóvenes.

Como todos los años, los eventos han supuesto un pilar importante en la actividad de la ONG. Comenzamos en las Navidades con nuestro tradicional teatro benéfico para recaudar fondos para Burundi, esta vez fue en el colegio Maravillas con la representación de la obra “Cuatro corazones con freno y marcha atrás”, en febrero ayudamos en la organización (se lo curraron una barbaridad y todo el mérito es suyo y solo suyo) del Festival Solidario Elías Ahuja, en el que cantaron varios artistas muy conocidos del panorama español, organizamos también un Afterwork Solidario en “La Bombilla”, en el que además de pasarlo muy bien, algún afortunado se llevó un crucero en velero, Leegs Indeed organizó un concierto benéfico para recaudar fondos para el proyecto de verano y que esperamos repetir pronto ;)…

Según transcurría el año y los diferentes proyectos crecían y se desarrollaban, con una de las grandes novedades #ASUrunners, un proyecto creado para dar difusión, recaudar financiación por medio del deporte y concienciar a los jóvenes de la importancia de llevar una vida saludable y ayudar en la medida de sus posibilidades, empezamos a participar en más carreras: carrera por África, la monumental de Segovia, Hospital del niño Jesús, Ponle Freno, completando la temporada con dos grandes hitos, la maratón de Madrid el 24 de abril y con Tino, nuestro punta de lanza del equipo, recorriendo la nada desdeñable cantidad de 88 km en el Ehunmilak Ultra Trail de julio.

A largo del año también hemos continuado con las charlas formativas, con las que hemos tratado temas de interés general pero que han permitido a todos los asistentes pensar un poco sobre el tema propuesto, hemos ampliado y continuado la labor de voluntariado regular en Madrid, además de Proyecto Encuentro y las Misioneras de la Caridad, este año estamos ayudando también en una casa de las Hermanitas de los Pobres en Madrid, nos entrevistaron en RNE, RTVE y ABC, fuimos invitados a participar en el Solidariun 2015 de la Universidad de Navarra, asistimos a una recepción en la embajada belga para potenciar la ayuda y conexión de las ONGs españolas con África, algunos de nuestros voluntarios han anunciado su inminente boda y hasta ¡ha nacido alguno hijo de voluntarios de ASU! Time flies.

Este año 2015 ha sido muy especial por todos estos motivos, pero especialmente por cuatro que nos llenan de especial orgullo y nos obligan a agradecemos todavía más vuestro apoyo, ayuda y ánimos continuos.

– Durante el mes de febrero fuimos galardonados en la II Edición de los Premios al Voluntariado Universitario de la Fundación Mutua Madrileña, por el proyecto de la escuela en Burundi. Gracias a la dotación económica del premio hemos podido ampliar la escuela y terminar las obras de manera definitiva. Desde este pasado mes de septiembre está funcionando a pleno rendimiento y cerca de 900 niños reciben educación primaria a diario.

– A lo largo del mes de marzo se puso en contacto con nosotros Amaia, de Mar de Gotas, para ofrecernos colaborar en “El Camino contra el Hambre” un proyecto interesantísimo con el que pretendía proponer retos y actividades para recaudar fondos y luchar contra la desnutrición infantil en Burundi. Desde un primer momento vimos en Amaia la misma ilusión que nosotros tenemos por ayudar a Burundi, así que no tuvimos otra opción que ponernos manos a la obra ¡gracias! Cada gota en el océano cuenta.

– Durante el verano, iniciamos proyectos en un país y un continente nuevo, América nos esperaba y Nicaragua y va ser nuestro punto de partida. El proyecto más numeroso hasta la fecha, 31 voluntarios nada más y nada menos, desarrolló diferentes proyectos trabajando en las mismas áreas de estos pasados años, educación y sanidad. Realizamos diferentes campamentos de verano, apoyo en escuelas primarias, refuerzo escolar después de las clases, colaboraciones con las Misioneras de la Caridad de Granada, y sobre todo llevamos hasta Nicaragua lo que siempre hemos tratado de llevar dónde hemos trabajado: esperanza, alegría y el aliento de todos los que formamos ASU y todos los que nos ayudáis durante el año.

– Ya casi terminado el año y debido al volumen que empiezan a coger los proyectos, y para poder desarrollar cada vez más y llegar cada vez a más gente, hemos firmado un convenio de colaboración con Cooperación Internacional ONG, que nos permitirá desarrollar proyectos cada vez más ambiciosos y con mejores resultados. ¡Estamos deseando que podáis ver los frutos de esta colaboración!

Por todo esto, desde ASU, cerramos un año más con la sensación de haber crecido y trabajado en nuestros objetivos, colaborando al desarrollo social de Burundi y Nicaragua y facilitado a jóvenes universitarios, y a todos aquellos que así lo desearan, la posibilidad de ayudar a los que más lo necesitan. En nombre de todo el equipo os queremos volver a agradecer, de todo corazón, vuestro apoyo y colaboración.

Queremos también aprovechar esta letras para para desearos, a vosotros y a los vuestros, que estáis pasando una muy Feliz Navidad, ojalá que podáis disfrutar de estas fechas acompañados por vuestros seres queridos y que en el 2016 se cumplan todos vuestros deseos ¡Salud, amor y trabajo!

Equipo ASU ONG

Encontrando alegría en cada paso

Encontrando alegría en cada paso

¡Seguimos! Y que mejor manera de empezar la semana que con el testimonio de otra voluntaria del pasado Proyecto Nicaragua. Pasan los meses y en sus cabezas sigue retumbando todo lo vivido, la gente con la que se encontraron, las sonrisas que sacaron (y les sacaron), las experiencias vividas, las historias escuchadas, los juegos compartidos, pero sobre todo, todo lo que les han enseñado los nicaragüenses y que les ha hecho replantearse muchas cosas. Como dice, solo cuando lo tienes delante lo entiendes de verdad.

Parece que fue ayer cuando salía de mi casa a las 12 de la noche con los nervios a flor de piel, rumbo a un país del que sabía poco más que su nombre y capital. La llegada al aeropuerto fue un cúmulo de sentimientos, una mezcla de emoción, intriga, miedo y muchísima ilusión se mezclaban con el frenesí que suponía encargarse de las maletas, sacar billetes, conocer a los demás voluntarios y sobre todo, no perder el avión que nos llevaría al mejor mes de julio de nuestras vidas.

Lo primero que piensas cuando llegas a Nicaragua es: ¡que calor! Justo después va un: ¡que verde es todo! Y a continuación llega la frase que nos llevó a los 31 voluntarios a cruzar el charco: que pobre es todo…

Las carreteras son mínimas y mal asfaltadas. Los barrios, en la mayoría de los casos, son un conjunto de chabolas de chapa mal distribuidas sobre auténticos barrizales. Las casas, de una sola estancia, son poco más que cuatro paredes de barro y un tejado de chapa, en las que el suelo es de tierra, y la cocina, el salón y el único dormitorio que hay, comparten un mismo espacio. Aunque sea difícil de imaginar, en ellas suelen vivir familias de hasta 9 hijos con sus animales, desde perros, hasta cerdos u ocas.

Pero más allá de toda esa pobreza, y aunque sea complicado de entender, encuentras alegría a cada paso que caminas, las personas son felices con lo poquísimo que tienen, y son los niños y sus sonrisas las cosas que recuerdas a día de hoy, mes y medio después de la gran aventura.

Aún escuchamos en nuestras cabezas los gritos de ilusión de los niños cuando llegaban los “gringos”, como nos conocían por allí, todas las canciones que se aprendieron y que probablemente no hayan dejado de cantar o el juego de la zapatilla por detrás, al que algún día pillarán el tranquillo.

Llegas allí pensando que intentarás echar una mano en todo lo que puedas, pero vuelves de allí teniendo claro que han sido ellos quienes te han ayudado a ti… Al ver que tus problemas son granos de arena de los que haces montañas, a dar gracias por todo lo que tienes sin merecértelo más que ellos, a ver que la felicidad no se basa en las cosas materiales que tengamos, y que los abrazos son mejor recompensa que cualquier cantidad de dinero. Y es que todos hemos escuchado estas frases millones de veces, en casa, en el colegio… pero solo cuando lo tienes delante lo entiendes de verdad.

Y aunque hemos podido hacer poco en el mes que hemos pasado allí, todo lo que hemos hecho ha sido con el corazón. Nos vamos con la alegría de que Jordi Antonio aprendió las vocales, Valeria entendió que hay que ir a clase todos los días si quiere aprender, Pablo dejó la lucha libre para los de la tele y Víctor vió que hay vida más allá del pandilleo.

¡Nos vamos Nicaragua, pero estamos seguros de que muy pronto volveremos!

Somos una pequeña gota de agua en un inmenso océano

Somos una pequeña gota de agua en un inmenso océano

“Somos una pequeña gota de agua en un inmenso océano” así comienza el testimonio que Paco, uno de los voluntarios que formó parte del pasado Proyecto Nicaragua durante el mes de julio nos acaba de hacer llegar. Y cuanta razón tiene, tan solo somos una pequeña gota en el mar, pero, como decía la Madre Teresa, el mar sería menos si le faltara esa gota.

No queríamos dejar pasar la oportunidad de compartir con todos vosotros su testimonio, para que vosotros también podáis comprobar lo que nosotros ya preveíamos, que los voluntarios llevarán siempre en el corazón a toda la gente que ayudaron y conocieron, y que fueron queriendo cambiar sus vidas y les han tocado en lo más profundo ¡Gracias a ti Paco!

“Somos una pequeña gota de agua en un inmenso océano”… a veces nos gusta pensar que el mundo gira a nuestro alrededor, que todo el mundo es feliz porque nosotros lo somos y no vemos más allá de nuestros horizontes limitados. Quizás sea verdad, en cierta medida.

Me gustaría contarte a ti una experiencia. Una de esas ocasiones en las que no sabes si llegar al vacío y asomarte más allá. De cambiar tu mundo por otro. De cambiar tu vida. Permíteme que te cuente mi experiencia personal, y para eso me remontaré al comienzo.

Era todavía Semana Santa y me llegó a través de un familiar, un comentario de un cura al que un seminarista le había “fichado” para un campo de trabajo en Burundi. Vamos, que de carambola me llegó la información de un voluntariado que se haría en el mes de Julio. Ya había tenido la suerte unos años antes de ir a otro campo de trabajo en Kenia con el colegio y me había quedado con ganas de más. Aquel voluntariado terminó y acto seguido comencé la universidad. Los recuerdos se enfriaron con la vuelta a la rutina. Pero había quedado una semilla, una experiencia que me llevó a apuntarme de cabeza a este plan con una organización desconocida… ASU.

El viaje comenzó con las charlas de información, la gente no se conocía y había dudas. Pero algo nos impulsaba a seguir y a implicarnos en ello. Cuando llevamos un mes de preparación nos llega una mala noticia: Burundi está en una situación un poco problemática y por seguridad no iremos allí. Se cambia el destino a Nicaragua. La gente estaba ilusionada por ir a Burundi… es África y todos sabemos la fascinación que nos produce ese continente. Para algunos es una decepción. Desde la asociación nos vuelven a preguntar si queremos seguir en el proyecto aunque ya no sea en África. Y una vez más algo nos mueve a lanzarnos a lo desconocido, aunque no sea lo que hubiéramos previsto o imaginado. La decepción se convierte de nuevo en oportunidad.

 

Pasan los meses de preparación y el viaje ya está más cerca, ya nos vamos conociendo algo más. Hay algunos que incluso ya tienen encargos y la gente les “pone cara”… los jefes, los del botiquín, encargados de viajes… Todo es ilusionante y a la vez un poco abrumador, ¡Nos vamos a Nicaragua! Después de las despedidas, últimos planes y barbacoas nos montamos en el primero de los aviones que nos llevarán hasta allí. Dejamos nuestro mundo para entrar al suyo. ¿Al de quién? Al de gente que no conocemos, pero que de alguna manera nos serán familiares.

Al llegar a Granada nos damos cuenta que vamos a tener que adaptar a las condiciones de vida de allí. Comida a base de arroz con frijoles, duchas con cubo de agua (sí, sólo uno), lavandería manual (como nos acordaremos del mágico jabón lagarto). Aquí cuando abres el grifo no siempre sale agua. He de reconocer que afrontaba este viaje desde el punto de vista de quien ha hecho un voluntariado antes. Te crees que has vivido de todo y que no te vas a sorprender tanto. Ya había vivido esas condiciones de vida en África.

Pero me olvidaba de algo muy importante. Algo que me iba a sorprender y cambiar de punto de vista. Las personas. Por mucho que creas que has visto todo cuando conoces a gente de estos países te das cuenta de las muchas cosas que nos sobran en el primer mundo. Las cosas tapan a las personas, no nos dejan verlas bien y ayudarlas de verdad. Una vez más el mundo nos da un vuelco y nos pone panza arriba. ¿Cómo podemos ayudarles? La respuesta nos la dan unas personas que nos han enseñado mucho, las Misioneras de la Caridad: No necesitan tanto nuestro dinero como nuestro cariño. No cosas grandes, sino cosas pequeñas con mucho amor.

Una vez te das cuenta de esto la vida cambia radicalmente. Te das al 100% a los demás, te vacías… y acabas lleno. Y ellos lo saben, cuanto no te guardas nada y les ayudas responden. Sonríen con esas sonrisas que se graban en la retina. Sus ojos nos miran alegres. Desde lo más profundo de sus corazones están agradecidos. ¡Es increíble lo poco que se necesita para hacer felices a los demás! Con jugar con ellos, enseñarles a leer, escucharles e interesarte. Se suceden los días y las anécdotas. Historias que nos unen como grupo hasta ser una familia. Te apoyas en los demás y ellos cuentan contigo para seguir adelante. Una familia que está en España, Burundi, Nicaragua, en todas partes. Sabes que estás viviendo algo grande y no quieres que acabe.

Pero se acaba y llega el momento de volver. Nunca pensé que nos llegaríamos a encariñar tanto de gente que no conocíamos hace nada. ¿Quién sabe si algún día volveremos a vernos? Si algo sé es que les llevaremos en el corazón para siempre, fuimos queriendo cambiar su vida y nos han tocado en lo más profundo. Y lo que hemos vivido no se quedará con nosotros sino que pasará a nuestros conocidos para que ellos también lo vivan. La verdadera aventura no ha hecho más que comenzar.

Gracias ASU de todo corazón.